Me quedé mirando la nada a través de la ventanilla del auto, apoyando la mejilla en el vidrio, dibujando en la parte empañada.
Hubiese deseado que no lloviese ese día, pero todo pasa por algo.
No me atreví a entrar al aeropuerto, odio las despedidas… Por lo que solamente le di un abrazo antes de que bajase del auto y vi cómo caminaba arrastrando su valija.
¿Quién me mandó a enamorarme de esa persona? Alguien debió haberme dicho que iba a marcharse lejos un día. Alguien debió haberme advertido que posiblemente nunca regrese y solamente alimente mis recuerdos basándome en las fotos que guardé en un cajón de mi closet.
Levanté mi vista al cielo cuando un avión despegaba y levantaba vuelo. No era un aeropuerto muy concurrido o que tuviese muchos viajes a la misma hora, por lo que era demasiado probable que sea el que tomó mi amor.
Lloré, porque no pude contener mi angustia, y comprendí que mi deber era esperar. Esperar a su regreso, esperar su llamado, esperar un largo tiempo para saber finalmente que jamás volvería… No sabía bien qué, pero debía esperar.
Y así lo hice. Esperé.
Durante 6 meses recibí 4 llamados, casi todos entrecortados. En ese tiempo me escribió dos cartas y un email. Yo le envié una carta y un obsequio, pero eso fue todo.
Por un largo tiempo, casi 3 años, no supe nada de mi amor. Nada.
Al cabo de 8 semanas más, me llega un email de parte de un/a desconocido/a, en el que decía que mi amor no podía seguir en contacto conmigo porque ya se había establecido definitivamente en Ohio, y había conocido a otra persona (el/la desconocido/a) con el/la que iba a contraer matrimonio, con lo cual se perdería cualquier comunicación con mi amor.
No contesté. Apagué mi ordenador, me cambié la ropa de estar por el pijama y me acosté.
Finalmente, se cumplió mi tercera opción. Mi amor no volvería. Mi amor ya no era mi amor, era el amor de otro/a.
Cerré los ojos y en un instante se me vinieron a la mente los momentos que compartimos juntos, cuando nos conocimos siendo casi adolescentes y estuvimos de novios desde el 97. Recordé aquella tarde en el aeropuerto, cuando no hacía más que pensar en el día que esa persona regresara.
Pero no. Y es ahora que me pregunto: ¿De verdad valió la pena esperar?




Hola Noelia, bienvenida a este grupo de escritura. Te presentas con un relato triste de amor. Tu estilo es sencillo, sincero y directo. Te envío mi enhorabuena y mi voto. En cuanto a tu pregunta final, yo no sé la respuesta y por eso soy de los que esperan.
Hola
Agradezco tu apreciación y tu voto. Yo tampoco sé la respuesta, por eso lo dejo así, para que cada lector plantee una perspectiva diferente. De nuevo te agradezco. ¡Saludos!
Buen relato y buena pregunta, para la que solo el directamente involucrado puede tener respuesta. Saludos y mi voto.
Muy buen relato, señorita Noelia. Le dejo mi voto, bien merecido
Gracias a los dos!
Yo no esperaría. Irse es una opción, no una obligación.
Suscribo la bienvenida, y te dejo un voto y un saludo.
Noelia623: amiga, en relación a tu narración, cabe recordar el dicho muy popular en mi país, México: “Es imposible un amor de lejos” Asi lo traduzco para tí, pero el original dice una grosería, que habrás de disculparme: “Amor de lejos, es de pendejos”.
Mi voto
volivar (Jorge Martínez.Sahuayo, Michoacán, México
Jajaja, es tan cierta esa frase! Un saludoo
Y Gracias!