Amor ardiente
3 de Mayo, 2012 28
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pareja 2

¿Serán buenos los amores intensos?

Entrañablemente Bertha amaba a su novio, un universitario que cursaba el cuarto y último año de medicina.

A ella no la atormentaban las carencias económicas, pues tenía dinero suficiente hasta para pagar los estudios de su amado, ya que siendo funcionaria de un banco por más de diez años, era dueña de una abultada cuenta de ahorros, a la que los fines de semana le aplicaba un considerable pellizco para irse a pasear con su joven estudiante.

Los sábados, temprano, se subían a su auto (de Bertha, por supuesto) y se iban, ora rumbo a un pueblo turístico y lógicamente romántico, ora por una carretera solitaria, y se estacionaban en un frondoso paisaje cercano a un estanque de aguas cristalinas y apacibles.

Una vez, en el pasto ella extendió una cobija en donde Juan –tal era el nombre del fulano - se tendió cuan largo era, esperando a que la joven terminara de preparar la comida, dado que pretendían disfrutar del día completo en tan apacible lugar.

-Ya deja eso, querida, y vente a acostar.

Los pajaritos brincaban de rama en rama estrenando trinos y algarabías seguramente para que los jóvenes les aplaudieran.

-Ten paciencia, mi amor. Ya casi termino. Sólo me falta calentar los frijoles, que tendremos que comer sin tortillas, dado que por las prisas se me olvidó comprarlas. Pero no te preocupes, que traje pozole y tacos dorados de requesón, de papa y de chicharrón, que tanto te gustan.

-¡Tú y tus cosas, gordita mía! Si tengo tu amor, ¿para qué quiero comida?

-Querido, recuerda lo que dice Don Quijote de la Mancha, que cuando entra el hambre por la puerta sale el amor por la ventana.

Y aquellos jóvenes comieron; Bertha, lentamente; Juan, con precipitación, pues le urgía acostar a su novia en la cobija tendida debajo de un fresco abedul.

La estrechó entre sus brazos con pasión, le acarició la cara, mientras mutuamente se revolvían los cabellos.

Juan le quitó el estorboso trapito con el que se cubría los duros y picudos promontorios delanteros. Le desabrochó la falda. Él se desprendió del pantalón, del calzón, y se subió sobre ella.

-¿Verdad que estoy más buenota que la tal Kate Winslet?

-Permíteme probarte, querida… después te contesto.

Mientras, en lo alto de una rama, una golondrina le comentaba a un pajarito de oficio carpintero:

-Se acostaron, pero no a dormir; el joven le acaricia las blancas y torneadas piernas… ¿Ya los viste, amigo?

-Sí, pero voltea tus castos ojitos para otro lado, golondrinita, para que no veas esa cosota que él quiere meter en un estrecho agujero que tiene ella entre las piernas.

-Amigo querido –prosiguió la golondrina-, los jóvenes ya cambiaron de escena; la mujer se enderezó y se puso la ropa, por lo que se enojó el hombre, quien, después de soltarle una sarta de palabrotas ofensivas, se volteó bocabajo, disgustado.

-Ese cuate es un bueno para nada, amiga mía; ya había atrapado a su presa y dejó que se le escapara, por lo que no es digno de tales delicias que ofrece la vida; a cabalidad merece mi desprecio; voy a arrojarle en la cabeza un zope de excremento.

Y aquellos fisgones pajaritos decepcionados extendieron las alas para alejarse del lugar, por lo que no se enteraron de lo que Bertha le dijo a su novio para contentarlo:

-Ten paciencia, amor mío, que pronto llegará el día en que hagas de mí lo que quieras. Ya tengo todo preparado para nuestra boda.

Cuando Juan escuchó lo anterior, con rapidez se vistió, se puso una cara mustia, se apresuró a recoger la cobija, los trastes de la comida; metió todo en la cajuela del auto y a jalones trepó a Bertha en el asiento del copiloto para encender el auto (aunque, la verdad, lector, el joven no llegó a tanto, pues sólo le dio vuelta a la llave para activar el motor) y meterle toda la chancla al acelerador para llegar lo antes posible a la ciudad.

Desde entonces no volvió a salir de paseo con su novia ni la visitó en su casa.

Pasó el tiempo y de manos de las autoridades respectivas Juan recibió el cartel oficial para legalmente ejercer la medicina. Pasó la ceremonia, llegó el momento de las felicitaciones y de los regalos, y Bertha se acercó al nuevo Médico; le ofreció una caja de chocolates diciéndole al oído:

¿Por qué ya no has ido por mí para irnos de paseo?

-Es que con motivo de los exámenes finales no he tenido tiempo para nada.

-Pero ahora que ya terminaste tus estudios te dedicarás a mí, ¿verdad?

-Mira, Bertha, me han nombrado director de un Centro de Salud en uno de los municipios más lejanos del Estado.

-¿Entonces cuándo será la boda? Ya renuncié a mi trabajo…

-Está bien; mañana me voy a la clínica que destinaron para mí; busco una casa y vengo para casarnos.

-¡Gracias, amorcito. Ya sabes que te adoro!

Pero, como pasaban los días, las semanas, los meses, y el Doctor no regresaba, Bertha compró un boleto de autobús y se fue al pueblo en donde Juan trabajaba. Rentó un cuarto de hotel y se fue al centro de salud, en donde, diciendo que estaba enferma solicitó una consulta con el señor director.

Mas, al entrar a su privado, y al ver que en sus brazos tenía a una enfermera a la que ya le había quitado la bata, sigilosamente se salió y llorando regresó a su cuarto en donde, después de tranquilizarse, por teléfono le informó al Doctor que ella estaba en el pueblo, y le pidió que fuera a visitarla al hotel.

El hombre llegó a toda prisa.

-¡Mi vida, mi inolvidable amor, qué alegría que hayas venido!

Y se besaron con pasión, como en los viejos tiempos.

Bertha, desnuda, se había acostado sobre el cuerpo, también desnudo, del Doctor. Lo besó con ardor; estiró la mano y del buró tomó una botella que contenía gasolina; la destapó con sumo cuidado, y al que había sido el gran amor de su vida le vació el combustible, y encendiendo nerviosamente un cerillo se lo arrojó, para luego hacerse ella lo mismo, es decir, rociarse todo el cuerpo con el resto del líquido y prenderse fuego.

A los gritos de Juan, precipitadamente llegaron los empleados del hotel; lo envolvieron en la cortina de la ventana apagando las llamas que lo abrasaban, y a toda prisa salieron por otra para cubrir a Bertha, pero no lograron salvarla, ya que el fuego le había consumido los órganos vitales.

(Nota: el autor jura ante notario público que lo arriba narrado está basado en un hecho de la vida real; aunque, lo de la plática que sostuvo la golondrina con el pajarito de oficio carpintero, lo pone al margen, en lo que investiga si estas avecillas son capaces de hablar también en la vida real, o solamente en los cuentos).

 

28 Comentarios
  1. Tremendo relato, mi estimado amigo volivar, un poco subido de tono en algunas partes (pudendas), pero todo sea por el arte literario, que usted despliega en ostentosa armonia. Por otro lado no se duda que haya sido un caso real, de los que en nuestros paises abundan. En cuanto al dialogo pajaril, no hay que olvidar que el relato es en esencia ficcion, o sea que todo se vale. Felicitaciones, mi voto y un regiomontano abrazo.

  2. Buen trági-cómico relato, me hizo reir mucho la escena de los pajaritos hablando. A pesar del trágico final me quedo con la escena antes mencionada. Saludos amigo.

  3. Gracias, pajarillos por el toque naïf que le dais a la cruda realidad de los amores extremos… Muy ardiente, sí, señor volivar ¡Tremenda calentura!
    Saludos.

  4. A mí también me ha gustado lo de los pajarillos. Convierte un trágico hecho real en un bonito cuento.
    Saludos

  5. Me ha gustado todo!! Los pajarillos, don Quijote de la Mancha ;) , la calentura, el amor y finalmente el desamor. Este relato tiene de todo!! Muy bueno amigo Volivar, he decirte que lo que mas me ha sorprendido es que sea real! Nadie debería perder tanto la razón como para desearse un final semejante!! Abrazos!!

  6. Soraya, mi querida amiga, un saludo, y te agradezco tu lindo comentario;
    Que estés bien… que sigas con tu hermosa inspiración, para deleite de nosotros, tus lectores.
    Volivar

  7. Aurora: Qué alegría saber que te haya gustado mi narrativa; es que un comentario de la inspirada pluma tuya, logra que uno se ponga feliz.

  8. Shu: Querida… así es la vida… y es hermosa…
    Te agradezco inmensamente tus palabras que tanto me alegran.
    Volivar

  9. Hegoz: amigo mío muy estimado; qué bien que te haya gustado mi narrativa. Es un honor recibir un comentario tan halagador. Te leo.
    Volivar

  10. Vimon, amigo: gran gusto en saludarte; he leído lo que has publicado, y veo que tienes madera de buen escritor. En cuanto a tu comentario, resulta que un compañero de red, me parece que español, me fustiga a que escriba sobre temas no relacionados con aparecidos… Figúrate que dice que le parece que al leerme, lee a Juan Rulfo en Pedro Páramo. lo que es, por supuesto, un error, y al mismo tiempo un honor inmerecido.
    En esto de Amor Ardiente, me salí de mi temática preferida, pero sólo fue para diversificarla.

  11. volivar, admiro la forma de narrar tu historia, has convertido un suceso en una obrita de arte. Te envío un saludo y un voto.

  12. Antoniosib: te agradezco tan entusiasta comentario a mi narrativa; un saludo y espero seguir leyendo lo que tu escribes, Antonio, amigo.
    Atentamente
    Volivar (Jorge Martínez, Sahuayo, Michoacán)

  13. Me gustó mucho el texto, como así también los distintos recursos que utilizaste para aggiornar la historia, un voto positivo y un gran saludo desde Buenos Aires.

  14. que suerte de los cuentistas a sus lectores les gusta todo lo que hacen
    lamento decirte que eres muy obio esa historia tiene muchos protagonistas

  15. Zahur: en realidad traté de poner sólamente dos protagonistas; los pajaritos son adornos literarios.
    ¿Cuál sería tu opinión sobre los grandes cuentos de Antón Chéjov, o los de Guy de Maupasssant? Creo que siendo los grandes maestros literarios en este género, el del cuento, ponen infinidad de personales.
    Un saludo y muchas gracias por todo.
    Volivar

  16. nanky: muchas gracias, amigo; eres una persona que ve las cosas por el lado hermoso.
    Felicidades.
    Volivar

  17. Fantástico relato, amigo volivar. Me ha gustado mucho el cambio de perspectiva de los pajarillos. Parecía una irreal fantasía Disney. Está claro que en ese instante, el lector, no tiene ni la más remota idea de lo que va a ocurrir. Me quito el sombrero, maestro.

  18. Fanathur: ya tenía tiempo que no te saludaba y aquí aprovecho para hacerlo, amigo.
    No he tenido el tiempo suficiente para leer lo que se publica en la red, por asuntos de enfermedad famiiar… afortunadamente ya estoy saliendo de eso, y en breve seguiré en contacto con los amigos escritores, tan estimados.
    Te agradezco tus comentarios, siempre entusiastas.
    Volivar

  19. Volivar, Volivar, los periodistas y sus cosas y sus proyecciones literarias en el papel que el día anterior vertieron en otras aguas. Me ha gustado… Mucha suerte ahí en México ejerciendo el periodismo que la cosa anda jodida y turbulenta.

  20. bilisbet
    : amigo, esto del periodismo, en méxico está tan caliente, que yo he sufrido graves problemas tanto, que hace unas semanas me mataron a un vendedor
    volivar Gracias por leerme

  21. Muy buen cuento y contado de forma entretenida. Combinas bien la narración erótica con la fantasía de las aves que hablan y que suena como a fabula y finalmente hay una buena narración de la tragedia final. Felicitaciones literarias.

  22. Alca, te agradezco tu comentario, tan alagador. Un saludo.
    Volivar

  23. ¡Amor ardiente, pero del bueno! No me lo esperaba. Siempre me sorprendes :)

    Besos, NoëlleC

  24. NoëlleC: Tú, como siempre, con pocas palabras sabes expresarte bellamente.
    Eso hacen los grandes (o las grandes escritoras).
    Aentamente.
    Volivar

  25. Mi estimado Volivar sin duda cambio un poco la temática acostumbrada, pero como siempre muy bien elaborado, feliciadades.

  26. José Mancera: gracias por tu comentario; me entusiasma.
    Saludos
    Volivar

  27. Hermoso el cuento….Ya me doy cuenta de por que lo votaron tanto…Y claro tremenda calentura tambien…! No falta mas ! saludos =)

  28. Jeanette: qué agradable encontrar tu comentario, que te agradezco inmensamente.
    El hecho ocurrió en un pueblito cercano a mi tierra, Sahuayo, michoacán; fue real. Yo lo tomé para esta narración, aunque tratando de hacerlo más atractivo me vi forzado a ponerle ese pasaje de erotismo que espero no se haya tomado como una perversión, sino como un licencia literaria; y si tú lo leíste, y otras grandes amigas de España, Argentina, Perú, y de otras naciones, estoy seguro que así lo juzgaste también tú, como un intento de quitarle un poco el tono trágico a la narración.
    Un gusto saludarte, estimada Jeanette.

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