Ángeles, amor inmortal
19 de Mayo, 2012 4
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Elegí Pop Inn Hostel, un pequeño hotel, situado en pleno centro de ciudad muy bien comunicado y con buen servicio, lo ideal para mi que no conocía la ciudad más allá de fotografías y reportajes turísticos.

La estación de trenes de Termini, paraba muy cerca del hotel, así que fue ese mismo el que cogí para llegar hasta allí.

El viaje en tren fue maravilloso, y nada que decir de las vistas, casi me daba pena tener que bajarme, pero el fin de trayecto estaba próximo .

No me lo podía creer estaba en medio de la ciudad, a lo lejos podía divisar el Coliseo Romano y hacia el otro lado se divisaba la cúpula de la Plaza de San Pedro, increíble.

La entrada del hotel era sencilla sin mucha ornamentación, la recepción se encontraba vacía, cosa extraña a esa hora del mediodía.

- Buenos días

- Buenos días Srta, ¿Tiene usted reserva?.

- Sí

- ¿ A que nombre?

- Juliette Vinot

- Efectivamente señorita, aquí esta su reserva, habitación 510.

Estaba firmando mi hoja de entrada, cuando oí unos pasos a mi espalda, parecían bastante corpulentos, por el ruido que hacían al andar, al levantar la vista, ví la cara de angustia del recepcionista, me gire rápidamente y los vi, eran tres hombres armados con ballesta de aspecto robusto y muy altos, sus ojos me apuntaban con fiereza, iban a por mí.

En ese momento, ocurrió algo inesperado un hombre se interpuso entre ellos y yo, era igual de corpulento y alto, pero a diferencia de ellos, intentaba protegerme, era la criatura más perfecta que había visto antes comparable a David de Miguel Ángel.

Empezaron a hablar entre ellos en una lengua desconocida, que no era italiano, ni ningún otro idioma conocido, era como una especie de dialecto que solo ellos conocían.

Ellos me señalaban y le gritaban para que se apartara de su camino, pero el no accedía, los ojos de los otros eran color rojo, y su furia aumentaba por momentos, el me empujo hacía atrás mi espalda chocaba con el mostrador de la recepción, sus brazos eran cadenas que mantenían oculta y me impedían cualquier movimiento.

Su voz calida y a la vez contundente, logro apaciguarlos y terminaron por marcharse.

Se dio la vuelta hacia mi, su rostro era tan perfecto y sus ojos oscuros y almendrados, no me hablo tan solo me miro fríamente y se fue.

- Se encuentra bien señorita, - me dijo el recepcionista aún temblando.

- Creo que sí - creía porque en realidad estaba a punto de desmayarme.

-Voy a llamar a la policía - dijo el recepcionista….

La policía nos hizo algunas preguntas y tomaron las oportunas anotaciones para la denuncia, aunque según nos explicaron podría tratarse de unos atracadores buscando un botín.

La verdad su teoría no me convencía demasiado, esos hombres no querían robarme si no matarme, y seguro lo hubiesen conseguido de no ser por ese desconocido o ángel misterioso que se interpuso en su camino.

Después de tanto hablar para nada me dirigí a mi cuarto, a descansar estaba agotada, llevaba tres horas en Roma y ya parecía una eternidad.

Tome un baño caliente, un poco de sopa y me tumbe en la cama. Y el sueño hizo el resto.

4 Comentarios
  1. Te doy mi voto para animarte a que continúes el relato :-)

  2. Gracias lo continuaré …

  3. Rosario María: muy bien escrito, muy atrayente narrativa. Sigue, pues tienes talento.
    Buena ortografía, todo, amiga, para escribir. Felicidades.
    Volivar

  4. Un relato interesante. Felicitaciones y mi voto.

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