La basura me rodeaba en el piso de mala muerte que alquilé para unos pocos meses. Un trabajo de mierda martirizaba todos mis días. Trabajaba de camarero en un bar de mala muerte. Ese bar no lo frecuentaba nunca. Lo odiaba. No me gustaba mezclar trabajo con ocio. No tengo chica, más bien, todas me solían rehuir. No hacía nada. Simplemente era como soy.
Miré hacia mis manos. Tenía una botella de cerveza, fría y húmeda de un litro, ya casi acabada. A mi alrededor 2 llenas. Y 5 vacías. La contaminación lumínica de las calles entraba por la ventana y alumbraba con luz trémula la gran mayoría de mi destartalado piso. Me levanté de la montaña de basura borracho y miré a las calles. Divisé un par de putas con sus chulos, siendo abusadas por algún cerdo capullo sin escrúpulos, o haciendo negocios sexuales con un perdedor como yo, con mucho esfuerzo para divisar algo. Era deprimente y a la vez bello. Dejé de mirar, y empecé a pensar en ella. Más bien reté a mi cerebro borracho a pensar en ella. Lo jodido es que lo conseguía. También pensé en aquellos pocos amigos de la adolescencia que me abandonaron por un acto de locura mío. Y me hundía. Tuve una mala racha en estos días.
Pensé en suicidarme y en aquella vez que casi lo consigo. La ventana me pareció una buena idea. En una ocasión la salté. “Me tiro”, pensé. Pero cuando me lancé no me percarté de que apenas vivía en un segundo piso con unos toldos debajo que evitarían una gran caída. Malditos toldos. Si no fuera por ellos todo habría acabado.
Nadé entre la mierda y me metí en la cama. Saqué mi polla dentro de la cama y empecé a acariciármela. Pensé en una mujer que vi en el curro. Era joven, unos veinte años, bajita, morena, maquillada, pero con estilo, bonitos labios pintados de un rojo llameante, bonita sonrisa, pechos pequeños pero compactos y firmes, cadera exhuberante, culo descomunal aderezado con una cortísima minifalda, y unas piernas de vicio. La miré de arriba a abajo. No me lo creía. Ella en un bar de mala muerte. Le serví unas copas y me quedé a hablar con ella. No me importó una mierda el curro. “Bonitos labios”, comenté. “¡AJAJAJAJA! Gracias.”, dijo ella. “¿Le gustaría verme esta noche fuera, sin tener que aguantar platos de por medio?”. Ella rió, parecía tomarselo a broma. “Tenga, mi número, llámeme” dijo. Me dió el número y me dió un beso de despedida en la mejilla, pero más en broma que en serio. Me aparté y seguí con mi curro. El nerviosismo hizo que tirara sin querer un pedido por el suelo. Ese día, pese a que en cuanto al curro fue una puta mierda, se me hizo alegre con esa mujer.
Comencé a masturbarme en la cama. De una forma salvaje. Fui rápido haciendo arder la polla. Me corrí rápido pensando en trinchar el culo a aquella mujer. Los culos femeninos son mi perdición. El placer recorrió mi cuerpo. Me extremecí y caí dormido.
Al día siguiente me encontré con aquella mujer. Hablé con ella y no parecía interesada en un perdedor como yo. Hasta la sonrisa y la simpatía se esfumaron de su cara. Estaba con un maromo de su estatura, guapo, fuerte, … Total, me fui de ahí y seguí con mi poco emocionante vida de alcohol y trabajos de mierda.



Buen relato, aunque un poco deprimente. Tal vez podrias agregar algun giro inesperado y alegre como: “Saque la pistola y los mate a los dos”. !No!, ya en serio, bienvenido a esta red, un saludo y mi voto.
¡Gracias por el voto! La verdad, deprimente es bastante, y tu idea, pese a ser radical, me mola.
Aunque el relato es deprimente creo que está bien escrito y que también saldrías airoso escribiendo un relato positivo. Te doy mi voto para animarte en este sentido.
Veré que puedo hacer!