MarÃa Pilar Jiménez nació en un triste pueblo de la provincia de Toledo y creció inadvertida por todos sus conciudadanos. A pesar de todos sus esfuerzos por destacar y ser admirada, sólo la indiferencia, casi siempre, y el odio, a veces, recibió de sus congéneres. Dotada de cierta inteligencia natural, le resultaba fácil absorber nuevas ideas y conocimientos y dominar la situación en los debates y discusiones. Inútil destreza cuando nadie parece interesado en conversar contigo. Educada en el más amable lado del catolicismo, pretendÃa ganarse el aprecio de Dios y los hombres con sus buenas obras, pero ni dios parecÃa conmovido por su bondad, seguramente, pensaba ella, porque esa bondad sólo ocultaba vanidad. Encerrada, finalmente, en sà misma, construyó un inmenso castillo interior que la protegÃa a la vez que la aislaba del resto de los humanos. Entonces ignoraba que nunca lograrÃa salir de él.
Sorprendente, o al menos inesperadamente, ya entrando en los 30, el poco agraciado y desvencijado cuerpo de Pilar se convirtió en un bello objeto. El cambio de ciudad, y su incursión en el mundo del trabajo desencadenaron dicha transformación. Contrariamente a lo que pudiéramos pensar, nuestra imagen no nos pertenece solo a nosotros. En realidad se encuentra prisionera en la mente de los amigos y enemigos de siempre. Ellos saben bien cómo somos, lo que se puede esperar de nosotros y lo que nunca nos atreverÃamos a hacer. Ellos nos dictan nuestra conducta, y nosotros, obedientes, no nos atrevemos a contrariarles. Ni siquiera podemos. Sólo cuando nos alejamos de nuestro pasado, y encontramos mentes vacÃas, nos permitimos cambiar.
El cambio de Pilar se produjo lenta pero inexorablemente como se decÃa mucho en las novelas que tanto le gustaba leer. Unas cuentas dietas, sesiones de belleza y peluquerÃa ayudaron, su carácter luchador hizo el resto. Asustada, ignorante de cualquier habilidad social, y confundida por la transformación, Pilar se sorprendÃa a sà misma metamorfoseándose en una bella desconocida sin verdadero control del ritmo ni del resultado final del proceso que la empujó a convertirse en simplemente MarÃa.
MarÃa construyó una nueva vida, en su nueva ciudad, y tras unos años de novedad y felicidad, se convirtió de nuevo en una conocida entre conocidos. Otra vez su imagen se habÃa quedado congelada en los cerebros de los demás mientras el suyo, desgraciadamente, empezaba a dudar de su verdadera identidad y la mantenÃa prisionera en su castillo. Ahora MarÃa, antes Pilar, en su inmensa soledad, dÃa a dÃa fue perdiendo la esperanza de llegar a ser la verdadera MarÃa Pilar, si es que realmente existÃa tal persona. No era fácil convivir con su dualidad. Pero lo peor era que no lograba sentirse amada por nadie, ni siquiera por ella misma, pues una de las dos, MarÃa o Pilar, siempre se sentÃa traicionada.
Elegante, orgullosa, segura del impacto que su imagen tiene en sus semejantes, MarÃa pasea sola por la ciudad. Los coches se detienen cuando ella camina cruzando la calzada, los caballeros le ceden el paso al abrirse las puertas, cualquier transeúnte le explica gustoso cómo llegar a su destino y los funcionarios no dudan en ayudarla a rellenar las vagas preguntas de los impresos oficiales. No consigue arrastrar sola su pesada maleta hasta el hospital, pues siempre aparece un alma generosa que se presta a transportarla. Hace tiempo que teme hablar con los hombres. Su natural osadÃa es siempre interpretada como flirteo y nunca se sintió cómoda en esas situaciones.
Al final de la mañana, MarÃa llega al hospital. Entra y dicta sus datos a la enfermera, con firmeza, embriagada por su decisión. Esta vez es ella la que va a elegir su destino. Es arriesgado, pero no importa. Acabará para siempre con MarÃa y Pilar y será un hombre, como su padre al que tanto admiró, como José, su gran amor, como tantos guerreros, exploradores, cientÃficos, que llenaron sus ilusiones infantiles, varones fuertes, sabios, honestos, valientes. Hay pocas mujeres en los libros de texto. Le fue fácil engañar a los psicólogos del hospital y convencerles de una errónea orientación sexual. Sabe que su interior no va a cambiar, que sólo se trata de un cambio de envoltorio, pero confÃa en el efecto que la nueva imagen que verá reflejada en el espejo tendrá en su mente y en la mente de los demás. Después de todo, ¿qué es lo que nos queda de esos grandes hombres sino lo que los demás vieron en ellos? Ella no podrá resistirse a la transformación.




Genial! Me ha encantado el texto y también tu manera de escribir! Me ha gustado mucho!:)
MuchÃsimas gracias, Xylvia. No sabes cuánto me animan tus palabras.
Aurorafrancia: sencillamente, un hermoso cuento, que se lee de un tirón,
Atentamente
Volivar MartÃnez Sahuayo; Michoacán, México
Muchas gracias Volivar. Agradezco enormemente tu comentario.