Cantor de la noche
24 de Noviembre, 2011 3
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DEDICO ESTE CUENTO A: T. RICARDO FRAGO

Casi siempre los pobres viven al otro lado de la vía, donde el humo de la basura que se quema no alcanza nunca una altura digna.

Humo perpetuo, humo frío de la helada, humo caliente también. ¡Y la escarcha!

La condición desgraciada del amanecer en ese ámbito.

El hombre: su figura sube la loma de la vía, a su espalda el pueblo.

Una comba gris lo ilumina, una contrahaz dolorosa lo delata.

Enjuto el hombre, traje viejo desgastado, saco corto, melena larga, sombrero pequeño, una manta arrollada en el cuello. El tranco largo, decidido.

El hombre aprieta bajo el brazo izquierdo la guitarra envuelta en
una funda de paño.

Canta un gallo, llora un niño, relincha un caballo.

Un cochero ha dejado a un grupo de mujeres de la noche.

Ríen…

La mujer del hombre: mujer delgada, cabello negro enredado. Una
lana hirsuta sobre los hombros.

Sopla ramitas secas y carbón para encender el fuego. Prepara el
mate…

El camastro: Unos niños, todos juntos. Un sueño inocente.

¡La tos!

El hombre ha llegado a lo que llaman casa. Aparta la puerta de bolsas.

Mira de soslayo a los niños. Cuelga la guitarra.

Ensaya un hola a la mujer.

De sus bolsillos saca monedas y pesitos arrugados.

El tarrito suena, el tarrito dice todo.

¡Todo!

—¡Noche mala! —musita.

—El chiquito tosió mucho. Recién se duerme —agrega la mujer.

¡Grita el silencio!

Otra vez la mujer: las piernas muy delgadas, el pecho aplastado.

¡La madrugada!

¡El olor del hombre!

Las monedas, los pesos arrugados…

Los perros que ladran.

¡La tos!

El fueguito de ramas, el agua que hierve.

El rosario colgado de un clavo, San Roque con el niño, estampitas grasientas.

La guitarra colgada…

Una lágrima en la mejilla. La mano que la seca.

El hombre en el camastro: vestido, boca abajo, el sollozo contenido.

Un silencio eterno…

¡La mañana!

La luz se cuela por las hendijas, el aire, el frío, la helada…

La mañana. La mañana…

Los días iguales…

¡El medio día!

Huesitos con carne, verduritas marchitas, fideos sueltos.

La mesa renga, la sopa con ruido, el pan duro.

¡Que pase el día!

El pensamiento de la mujer: “Que no venga la noche”.

El pensamiento del hombre: Mañana… Mañana… Tal vez mañana…

El hombre deja la casa. A su espalda el rancherío.

La guitarra bajo el brazo…

El primer boliche, la niebla lo tapa.

—Tome algo Don… Y la primer ginebra…

Desenfunda la guitarra, cuelga el sombrero, la manta.

El tarrito.

La tos.

La mujer en la casa.

Los niños.

La puerta de bolsas.

El tango necesario.

¡Que pase la noche!

¡El día!… Que venga el día.

El humo.

Las estampitas grasientas.

Las espigas sucias.

San Roque impasible.

¿Y la esperanza?

Estalla entonces el grito del cantor:

“SI SE CALLA EL CANTOR CALLA LA VIDA”… (Horacio Guarani)

CxF

3 Comentarios
  1. Me ha parecido un relato maravilloso, bello y genuino.

  2. Me ha recordado al Piyayo (Rafael Flores Nieto), famoso cantaor y guitarrista flamenco que vivió en Málaga. El Piyayo fue objeto de una creación poética con tonos humorísticos que por si no la conces te dejo el enlace: http://personal.telefonica.terra.es/web/diaspar/ElPiyayo.htm
    :-)

    • Hola Erg: Cuando yo era muy jovencito, un adolescente, en un viaje que hice con mis padres a España, visitando Málaga, el guía que teníamos nos hizo detener frente al Piyayo. Este hombre, esa figura, me siguió toda la vida, su canto quedó en el fondo de mi corazón. GraciaS. Jorge Duran

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