Querida Mariloli:
Espero que cuando te lleguen estas letras te encuentres mejor y te estés recuperando de ese inesperado accidente que nos separó (afortunadamente). Yo bien, gracias, también me voy recuperando poco a poco. Gracias a Dios, las enfermeras son unas (torturadoras) estupendas profesionales y los médicos siempre andan ( locos por bajarles las bragas a las enfermeras) preocupados por mi estado e intentando (matarme) satisfacer mis deseos.
AquÃ, tirado en la cama, tengo mucho tiempo para pensar, y recordar el (infausto y negro) hermoso dÃa en que (me atrapaste en tus redes) nos encontramos. Era una preciosa tarde de verano; yo estaba sentado en la terraza de aquel bar, tomándome un (whisky doble) capuchino, y tú te sentaste en la mesa de al lado. No pude evitar que mi mirada se clavara en tus (muslos) ojos. Recuerdo que pasé un buen rato acariciando (tus pechos) tu pelo con mis ojos. Decidido a todo, me levanté de mi silla y me acerqué a ti para invitarte a tomar algo. Tú (te negaste en redondo) aceptaste, dedicándome (un corte de mangas) la más dulce de las sonrisas. Mientras permanecimos allà sentados, no paraste de (insultarme) hablar de tu vida, de (pegarme patadas en la espinilla) preguntarme sobre mis cosas… Yo te observaba ensimismado, intentando adivinar que se ocultaba tras aquella (blusa) mirada cautivadora. Intentaste llamar la atención del (policÃa de la esquina) camarero, pero un (depravado) caballero como yo no podÃa permitir que pagaras.
Nos levantamos de la mesa y me pediste que te (dejara en paz de una puñetera vez) acompañara a casa. Eso me (excitó) halagó, puesto que no soy muy agraciado fÃsicamente, y en muy pocas ocasiones puedo (atosigar) acompañar a una hermosa mujer como tú. Me agarraste del brazo (te agarré del brazo), y asà (te arrastré) paseamos hasta tu casa; estabas nerviosa, y lo notaba en (tus constantes tirones) tu mirada, en la rapidez de tus pasos, en lo acelerado de tu pulso. Y yo también lo estaba; lo notaste en el (bulto de mi pantalón) sudor que comenzaba a aparecer en mi frente. Ya ante tu portal, pensé que sólo querÃas que te acompañara hasta allÃ, y por eso (te empujé contra la pared del portal) me despedà de ti, pero me dijiste que (por favor, déjame, por favor) si no querÃa tomarme una copa. Gratamente sorprendido, accedÃ, y seguà tus pasos hasta la puerta de la casa, donde te volviste y (me arañaste la cara como una puñetera gata rabiosa) me dedicaste una preciosa sonrisa.
Pasamos (te empujé) al pasillo, encendiste la luz (encendà la luz) y (puse mi navaja en tu cuello) me dijiste que me sentara en el sofá, que querÃas ponerte cómoda. Allà sentado (te arranqué la ropa y la hice jirones) esperé a que volvieras (te tiré sobre el sofá), con una ropa más cómoda y con dos vasos de whysky en las manos (atando tus manos a la espalda).
La velada fue fantástica; hablamos (te violé) durante horas (durante horas), cruzándonos (hostias, insultos, arañazos) miles de sonrisas, hasta que (soltaste tus manos de la espalda) me dijiste que si me apetecÃa bailar. Yo accedà encantado, y me levanté para (esquivar el candelabro del aparador) agarrarme a tu cintura, y asà (empujarte contra la mesa del salón) bailar, mejilla con mejilla. Pero claro, no todo iba a ser perfecto; según parece, alguno de tus vecinos no es muy (inteligente y discreto) amante de la música, y avisó (a la policÃa, a la guardia civil y al ejército) al portero, quejándose de (los golpes, los alaridos y los gritos de socorro) nuestra pequeña sesión de baile. Asà que, en cuestión de unos minutos, (la policÃa) el portero empezó a (aporrear) llamar a la puerta, interrumpiéndonos. La verdad, su educación deja mucho que desear, porque nada más abrir la puerta (sacaron las porras) empezó a gritarnos, y no pude más que (ponerte la navaja en el cuello) decirle que se calmara, y añadà que (te rajaba) la pondrÃamos más baja, si era eso lo que deseaba (si no me dejaban salir).
Tú estabas (amoratada y desnuda) un poco violenta, porque no te esperabas esa reacción del portero, asà que decidà que lo mejor era (salir de allà pitando) dejarlo todo tal y como estaba, e irme de allÃ. Pero él (ellos) no cejaba en su empeño, y uno que es muy hombre (intenté zafarme de todos) no pude resistir más sus (sus golpes y patadas) provocaciones, lo que nos llevó a una tremenda (paliza) pelea, que me ha dejado en este estado en el que me encuentro. Todo pasó tan rápido que a veces creo que es un sueño (pesadilla); no pude (rematar la faena contigo) despedirme de ti, pero espero que esta carta sirva para eso.
Bueno, eso es todo (vete preparando); espero que nos volvamos a ver (no dudes que te buscaré) en un lugar en el que no nos molesten (en un descampado solitario junto al vertedero), como un pequeño bar, para terminar nuestras conversación (y dejarte tirada en medio del campo) y nuestro baile.
Tuyo afectÃsimo, Manolo.
P.D : Si quieres escribirme (escribirnos), te adjunto la dirección a la que puedes hacerlo
Manuel Pérez (Juan López) (Paco Gámez) (Antonio Gutiérrez)
Hospital Psiquiátrico de Tordesillas
Pabellón de Personalidades Múltiples



Ay Dios que mezclas de sentimientos, por monentos me rei, por momentos me horrorizaba, pero excelente relato, Gracias por compartir.
Estupendo relato, de propuesta original y asombrosa.
Aterroriza y fascina en lo que deja entrever, utilizando de manera magistral, el recurso del paréntesis y el juego de sentidos.
Entusiasma hallar ejercicios literarios tan arriesgados como bien logrados.
Excelente y despiadado trabajo, el final es un toque magistral de humor negro terrorÃfico.
Muchas gracias!!
Muchisimas gracias por los cumplidos. Espero que el resto de relatos tb te gusten. Por si te interesa, estoy publicando mi novela en juancachoouncachodejuan.wordpress.com, donde podrás descargarte los capÃtulos en pdf. Tienes total libertad para compartirlo con quien gustes. Un saludo
Sarcástico, depravado, terrible… Jajajajajajaj. ¿Qué más puedo decir al divertido, pero inquietante relato? ¡Estupendo!!!
Una pregunta: ¿Qué pasó con la segunda parte de Juan Cacho? ¿Vas a escribirla?
Un abrazo.