Creí que lo olvidé porque mi mente no lo reclamaba, mis sueños ya no lo necesitaban y hacía mucho tiempo que mis labios no probaban el sabor de su nombre estaba segura de que ya no lo quería, estaba tan segura que cuando lo vi mi seguridad voló.
El calor de la tarde hacía que la gente eligiese sentarse en las terrazas para disfrutar del calor. Nosotros tuvimos la suerte de llevar allí casi una hora ocupando una mesa pues en breves comenzaría el desfile de San Cristóbal y la gente llegaría en manada para ocupar las pocas mesas libres y ver los camiones y coches decorados.
-Es raro estar en el lado del espectador este año y no participar- dijo Quique.
Yo estaba de acuerdo era raro verlos a mi lado y no estar viéndolos disfrazados encima de un camión todo decorado paseando por las calles haciendo el idiota.
-Me alegra de que este año me hagáis compañía- les dije y ellos estuvieron de acuerdo.
La gente comenzaba a aglomerarse en la terraza, nosotros que ya habíamos pagado nos levantamos y nos fuimos para un lugar más alejado. Nos sentamos en el suelo de la carretera cerca de un muro, dispuestos a disfrutar del desfile. Los pitidos de los camiones y de los coches llegaban de lo lejos anunciando su llegada.
Era emocionante ver llegar a distintos camiones, coches y motos todos decorados, unos de la selección, otros metiéndose con los políticos, algunos hasta se atrevían a imaginar el futuro. La gente saludaba, ellos pitaban, su música sonaba alta dando más alegría al desfile y algunos en vez de la música usaban pistolas de agua. Los vehículos se movían unos tras otros, hasta que ya no aparecieron más.
-¿Nos quedamos o nos vamos?- preguntó Lidia
-Quedémonos- dije- venga, si van a venir de vuelta además es el primer desfile que vemos juntos- al final vi sus rostros y supe que los había convencido.
Entre nosotros comenzamos a hablar de tonterías sin importancia pero el ruido de una moto conocida irrumpió en mi mente. Al principio, creí que era un sueño, imaginaciones de mi mente trastornada pero giré mi cabeza y allí estaba, bajando de la moto, lleno de confianza y al mismo tiempo de nerviosismo, nos miramos aunque ninguno se atrevió ha hacerlo a los ojos. Las risas, las palabras murieron en la boca de los demás.
Miles de sentimientos pasaron y recorrieron mi cuerpo, unos conocidos, otros ya no tanto, unos muy intensos y otros tan breves que quizás ni pasaron. Él se acercó a mis amigos, suyos también, se sentó junto a ellos y comenzó ha hablarles. El ambiente se volvió demasiado tenso, nadie sabía que decir, como actuar. . .
No era capaz de apartar mi mirada de él, quien intentaba no mirarme aunque le costaba.
Parecía mentira después de un año, allí estaba. Sentado cerca de mí, no me lo creía y por un momento deseé que todo fuese como antes, como cuando estábamos juntos, de repente añoré lo que llevé meses sin añorar, sus besos, sus palabras, sus abrazos, Si cerraba los juraría que podía sentir sus manos por mi cuerpo, si los cerraba todo parecía más real.
Notaba como mis ojos comenzaban a ahogarse en un mar, notaba como mi interior se revolvía, mis sentidos reclamaban su imagen y yo me revelaba contra mi mente y cuerpo. ¿Aún seguía enamorada? Todo lo que sufrí para olvidarlo, de verdad, ¿No sirvió para nada? Y él, ¿Qué hacía aquí?
Miraba al aire y mi cuerpo cosquilleaba, él me miraba, lo sabía. ¡Uff! Quería gritar, quería zarandearlo hasta que dijese que quería ahora pero tampoco quería que hablase, a veces prefiero la realidad de mi mente.
Me negaba a hablar, a volver a mirarlo, me negaba a sonreír tontamente recordando el pasado mientras imaginaba que él se acercaba a mí y me declaraba su amor. Los pitidos de la caravana me sacaron de mis divagaciones, la miré y sonreí pero ellos entretenían a mi mente, eso sí, pero no hacían olvidar a mi cuerpo su presencia.
Todo acabó demasiado rápido, de reojo lo veía levantarse, despedirse de todos, me miró de reojo como si fuese casual pero a mi ni se dirigió y mi corazón se rompió a una velocidad demasiado rápida. Apreté muy fuerte mis ojos cerrados también apreté mis labios, estaba aguantando el dolor extraño, el dolor desconocido, aquel dolor que creí dejar en el pasado. Y mientras se montaba en su moto, sus ojos se fijaron de nuevo en mi, arrancó y se perdió entre el viento, se perdió en las curvas de la carretera. Entonces pude decir lo que tenía tantas ganas de decir.
-¿Por qué?


