Había una vez un príncipe, una damisela en peligro, una bruja malvada y un bosque encantado. Todos asumieron su papel en la historia, sin rechistar ni prolongar sus líneas ni una silaba más. Hasta que un buen día en el bosque encantado se reunieron todos los pájaros y decidieron marcharse, hartos de ser elementos de tercera categoría, decoración para los paseos inocentes de la princesa. ¡Como si ellos no tuvieran más que hacer! Y que hablar de cuando les toca ser víctimas de cacerías o ingredientes de una poción malvada. ¿Acaso no tienen los pájaros una difícil vida propia?; fabricar nidos y amueblarlos, clases de vuelos, esquivar serpientes y mantener la temperatura de sus huevos.
Un buen día el ruiseñor más hermoso del bosque cantó a sus colegas alados y luego de reunirlos, les dijo: Abandonamos el bosque, nos marchamos a las montañas nevadas y las playas lejanas. A ver que ocurre en un cuento de hadas cuando los pájaros se van. La solemne decisión del Ruiseñor, fue largamente discutida y excepto por el cabeza dura del Carpintero, todos llegaron a un acuerdo apabullante de marcharse antes de la caída la noche. Bajo el sol rosado de la tarde se fueron, el Carpintero mirándose sólo y expuesto a ser la única presa disponible, partió también. Cuando la noche se hizo profunda y oscura el Búho gordo y despistado alzó su silencioso vuelo hacia la mullida selva que estaría llena de ratas.
La mañana cuando todo el cuento debería empezar a rodas fue desastrosa, La damisela salió a su paseo por el bosque y empezó a cantar una dulcísima canción y cuando llegaba la parte del estribillo que debía ir decorado con los cantos y aleteos de pajaritos varios, nada ocurrió miró a su alrededor varias veces, extrañada y desafinando por un momento. La princesa detuvo su cantar y reinició el estribillo, dando chance a los pájaros de unírsele, nada ocurría –que raro- pensó. Continuó la caminata y llego obviamente al castillo de la Malvada Bruja, donde fue raptada y encerrada en la torre más alta.
El príncipe por su parte hacía su intrépida entrada en escena con un arco y una flecha, dispuesto a cazar un gran pájaro gordo y hermoso que preparar. Caminó durante horas sin poder encontrar una sola criatura a quien dispararle –que raro, y ahora ¿que se supone que debo hacer? ¿Qué plato se preparará para la cena después de salvar a la princesa?-. Impregnado en la duda el príncipe regresó a su castillo, donde encerrado en sus habitaciones pasó unos dos días hasta que salió y anunció al Rey y la Reina que no había formula para este lío, -algo ocurrió y alteró gravemente el orden de las cosas, la muchacha tendrá que hallar una forma de escapar sin ayuda- dijo esta con un tono solemne y el pecho lleno de aire, sus tristes y ancianos padres se quedaron con palabras en la boca mientras él cerraba con varios cerrojos su grandísima puerta.
El Rey y la Reina, postergaron otra vez, todos sus planes de retiro y jubilación. La acogedora casita en la playa quedaba sólo para verano y no como su residencia de vejes. A menos que le entregarán al su hijo el trono aunque siendo soltero, ¡no, eso es… no! Se quedarían.
Aquel mismo día cuando la Damisela fue raptada, la Malvada Bruja en sus aposentos secretos removía la gran paila de sopa verde -Un ingrediente es difícil de encontrar mi señora- dijo el criado -¿Qué ingrediente es ese?- La bruja preguntó despistada –No hay cuervos para extraerles el esqueleto-. Este ingrediente le resultaba imprescindible para completar su pócima de belleza. Permaneció pensativa junto a su ventana y mirando hacia la torre donde estaba la Damisela. Todo el día transcurrió y el Príncipe no se presentaba, pasaron dos días y nada.
En silencio y cansada de llamar a los dulces pajaritos por la ventana de la torre, la Damisela llegó a la misma conclusión a la cual llegó el Príncipe; -algo ocurrió en este cuento- nació en ella la determinación de no ser una victima, de completarse a si misma, convenció al encargado de su celda para que llamase a la Bruja. Cuando por fin vino, vieron una en la otra una oportunidad de escabullirse de ese destino monótono. La Bruja planteó un plan mediante el cual durante un año, la Damisela ejercería de consejera de belleza y salud, en ese tiempo la Damisela se propuso aprender a defenderse, a cabalgar durante largas horas. Se sentó sobre sus hombros la idea de partir a tierras lejanas y averiguar si alguna vez había ocurrido algo parecido en algún rincón del horizonte.
Llegó el momento de la despedida, un año después ahí estaban diciéndose adiós dos enemigas convertidas en compañeras, la Damisela ahora asumiendo el nombre de Úrsula, subió sobre Niger, su Corcel Negro. La Bruja después de un cambió de apariencia notable hasta por la propias plantas de su jardín la despedía con falsa indiferencia y un nerviosismo muy mal disimulado; las verrugas de su rostro fueron eliminadas con sales minerales y plantas silvestres, los cayos de las manos limados con piedras porosas y su larga cabellera de ébano, brillaba en el sol de primavera gracias a innumerable infusiones y cataplasmas de aloe. Con una de sus manos elevada hacia Úrsula dijo: –No ha si un año fácil para nadie Úrsula, incluso “tu” Príncipe ha subido al trono a su pesar. - Él no es mío, así como yo no soy de él. Ocurrió la formalidad de un apretón de manos, Úrsula tironeó de Niger y salieron por el gran portón, con un relinche del caballo volvió su rostro y miró como la Bruja le regresaba el saludo. Entraron en la oscuridad del bosque.



Parece como si pudiéramos introducirnos en la columna vertebral de un cuento, y ver cómo, quitando sólo un huesecito en apariencia insignificante, todo se desmorona dando lugar a otra cosa inesperada.
Una idea muy buena, Salandy.
Un abrazo!
luna de lobos, esa es exactamente la idea.
Amerika, gracias por leer.
Se que es largo, y se agradece cualquier comentario constructivo.
Muy buena versión de “colorí colorado este cuento se ha acabado”…encantador.
Hasta los pájaros montan su 15- M.
Me encantó, gracias amigo.
Amerika, no se si he dicho esto en otro comentario, pero yo viví en Tenerife desde agosto de 2007 hasta octubre 2011.
Recuerdo como viví estos meses del año pasado, en la Plaza La Candelaria de Santa Cruz.
Mucho de lo que escribo está inspirado y refleja como me sentí durante aquellos días.
El poema de esta mañana se llama Días de sangre y tremor, precisamente inspirado por mis últimos meses en España-
Gracias por leerme.
jajajajjajaja! está muy muy bueno! me encanta! es muy creativo! cómo se te ocurrió esta idea? es muy visual además. Te felicito. Mi voto.
Hola. gracias por ese corazoncito…
No recuerdo el nacimiento de la idea; pero tenía que ver con los hijos en los nidos, la pre concepción del típico esquema de vida: nacer, crecer, reproducirse y morir.
Ese concepto me persiguió desde noviembre del año pasado y todavía le doy vuelta. Creo que voy a contar las aventuras de la Ex-princesa después de su entrada al bosque sobre el caballo negro.
saludos