Me gustaría que las chicas de los barrios bien de la ciudad se tocaran mientras leen lo que escribo. Adolescentes con uniforme de colegio privado y madres amargadas pero con clase y con estilo y ropa cara y coche caro en la entrada del garaje. Que las “nenitas” de los empresarios y economistas, banqueros y políticos, tan decentes todos ellos, llevaran su mano hasta su bajo vientre y trataran de llegar al milagro de la vida en el mismo momento en el que yo terminara mi frase en un punto y aparte.
Tendría algo de mágico y de morboso el saber que esa futura generación de la clase burguesa humedecía sus braguitas de seda al imaginarse a mis personajes- casi todos ellos reales- y al pensar en malentendidos y en un sexo carente por completo de delicadeza y de buen gusto. Sin necesidad de recatarse, de asfixiar el grito, que lo escuches todos los vecinos, de madrugada, y que después me aplaudan.
Quiero que todas esas niñas- y ya no tan niñas- bien de los barrios ricos trataran de imaginar la dulzura que podría alcanzar su voz durante un orgasmo, de esos gemiditos y escalofrías, el contraerse de las extremidades, el pánico y la virginidad que se esfuman, y luego sólo un continuo apetecer que no parece saciarse por más de un par de horas.
Pero lo entretenido de que eso pudiera llegar a suceder algún día no sería el descubrimiento del onanismo por parte de todas esas chicas, sino el disgusto y la rabia de sus padres. Una instantánea de ese momento. Saber que un pobre chaval, que un don nadie, que un fracasado, que un maldito crío libertino y rojo había echado a perder la pureza de todas esas chavalas. Que yo había despertado el apetito de las niñas. Pobres, con sus diecisiete añitos y la falda por encima de las rodillas. Pero yo tan sólo tengo veinte años, señor agente, esto no tiene nada de ilegal, sencillamente es arte.
Eso sí que sería una patada para toda esa gente. Hacer que sus preciados tesoros descubriesen lo más vulgar y profundo de la vida, adiós a las virginales costumbres y a la finura y educación y buen gusto. De pleno a lo más hondo de lo humano. Y a través de algo que las clases altas de la sociedad se empeñan en autoproclamar como de su propiedad: la literatura. Eso sí que les iba a joder pero bien.




Amigo, creo que llegaste tarde, ¿vírgenes? ¿las niñas bien? uhmmmm.
Pero si tu lo crees adelante.
Amigo: no hablo exactamente de que sean o no vírgenes, sino más bien de que se masturben. Lo hago un poco desde la perspectiva de los apdres de estas, que, como niñas bien que son, sobre el papel son vírgenes algunas hasta los 19.
Un saluditooouh
Eloy, sencillamente eres sensacional. Qué narración, amigo, extraordinaria, como para aprenderla de memoria para, asimismo, saber hacer literatura, buena literatura, imitándote.
Mi voto
Un saludo afectuoso
Volivar
Volivar, desde luego echaba de menso tus comentarios, empecé a pensar que s eme había olvidado como escribir potablemente.
Un abrazo y cuidate.