I- Alineados en el cielo y en el subterráneo.
JERRY M. ESTACIÓN BELLAS ARTES.
Miraba el cielo con gran curiosidad, una gran alineación de planetas se formaba arriba, en el espacio, sin poder predecir exactamente su significado. Y ahora también esperaba un eclipse solar, quizás el más largo de las últimas décadas.
El cielo comenzaba a perder el brillo del día y una sombra parecía ir devorando al sol y su poder. La corona solar parecía emitir un grito de pánico silenciado.
¿Qué extraño mensaje podrían traer estos hechos celestes?
No podía responderme, avancé de prisa al Metro, los eclipses me han parecido siempre nefastos, no me gusta como el sol se adelgaza y pierde, momentáneamente, su brillo y se convierte en un halo rojizo y nada más. Me parece que agoniza y ensaya la muerte de nuestra galaxia y esos pensamientos me acompañan aún después de una semana.
Rápidamente bajé por las escaleras, no sin dejar de notar, que la sombra de la luna también lo hacía, semejante a una mano que me seguía para agarrarme. Me voltee y la sombra pareció detenerse al verse observada. Mi piel se puso de gallina y corrí dentro del Metro hasta llegar al andén. Allí las luces de las lámparas parpadearon como agonizando también y el lugar quedó iluminado sólo por algunas lámparas, a media luz y con sombras que se movían rápidamente entre las personas que aguardábamos el transporte.
Seguramente los demás se dieron cuenta, todo se había silenciado completamente, todo era oscuridad y esas extrañas sombras como larvas, arrastrándose entre más sombras. En mi interior estaba realmente estremecido, casi paralizado. Al final veía la luz del Metro acercarse y me pareció que cientos de esas larvas se abalanzaban contra la luz tratando de hacer lo mismo que la luna, tragarse cada rayo y dejar sólo oscuridad.
De pronto escuche un sonido, no era metálico como las ruedas del tren, era un zumbido monótono, sentí un enorme pánico electrizar mi cuerpo, paralizándolo del todo. El ruido era diferente a todo ruido mecánico o instrumental, indescriptible y atemorizante. Serían las esferas celestes, suspiré. No, creo era algo mucho peor.
Me di cuenta que los demás parecían no oír ni sentir nada extraño, cosa que me asustó aún más. Me esforcé y concentré todas mis fuerzas, el ruido era como de mil voces murmurando algo terrible pero indescifrable, tal vez algo muy antiguo y lo que realmente me hizo saltar de angustia y soltar un grito de pánico fue darme cuenta que venía desde mis adentro, exactamente desde mi cabeza.
Las puertas del vagón se abrieron y corrí al asiento más próximo, que extrañamente se encontraba vacío. Prácticamente me desvanecí sobre él. Había pocos pasajeros, algunos con miradas como perdidas y otros parecían intuir algo macabro. El ambiente era pesado, como un funeral, al arrancar el tren su movimiento se hizo forzado, como detenido por un gran peso que lo obligaba a andar lento y con sonidos semejantes a quejidos.
En medio del túnel, se apagó la luz y el movimiento cesó. No es que se haya detenido, más bien se asemejó a una muerte, cesó toda actividad dentro y fuera del tren. Un silencio, prolongado, como si todos analizáramos qué estaba pasando, dio paso luego a una especie de murmullo para convertirse en gritos y golpes contra ventanas y puertas. Un grupo de unos cuatro individuos, tres hombres y una mujer, nos aupaban para abrir las puertas y caminar por el túnel sin luz. Otros, tres hombres y tres mujeres, gritaban que esperáramos un tiempo prudencial, yo me uní a este grupo. No sabíamos qué pasaba, sólo podíamos entrever que los demás vagones sucedía algo parecido con los pasajeros. De pronto un sacudón que venía al parecer del último vagón, nos hizo callar. Tratar de oír qué sería eso, un choque o un equipo de rescate abriendo a la fuerza las puertas.
Lo que oímos nos heló la sangre, eran los gritos de las personas del último vagón una mar de voces pidiendo ayuda y en segundos un silencio sepulcral. Tratamos de ver aguzando la vista entre tanta oscuridad y vimos cientos de sombras, semejantes a pequeñas criaturas en cuatro patas, de una negrura tal que destacaban en la ya espesa oscuridad. Arrancaban las puertas de los vagones, entraban y se oían sólo por algunos segundos los gritos para luego hacerse un silencio sepulcral.
El miedo se desbocó entre nosotros, era inexplicable lo que veíamos aún en nuestra ciudad acostumbrada al caos, la violencia y a lo absurdo. Dos de los pasajeros sacaron unas armas. Ordenaron hacerse un lado y con fuerza abrieron la puerta por donde salimos en silencio los siete pasajeros. Caminamos agarrados de las manos, sin siquiera respirar hacia donde podíamos ver algo de luz y en sentido contrario a esas criaturas.
Al cabo de unos minutos, el señor mayor que iba a mi lado, comenzó a respirar con dificultad, se agarró el pecho y se soltó de mi mano. Se sentó en los rieles, tosió, se desabrochó la camisa y emitió un grito ahogado. Enseguida una de esas sombras se abalanzó con una velocidad increíble sobre el señor, el resto corrimos despavoridos.
Volteé y vi a la criatura, era como un niño y no muy oscuro como al principio creí, olfatear la nariz y la boca del hombre, quien trataba de apartarlo. La criatura emitió un chirrido en el oído del hombre que pareció convulsionar y la cosa, semejante a un niño, abrió la boca como para engullir su rostro, justo en el momento que la sombra oscura los cubría a ambos. Todos oímos el grito ahogado del señor.
Corrimos con más fuerza, el hombre del arma que iba delante se detuvo de pronto. Había otras tres criaturas en el andén, justo por donde podríamos salir. Jugaban con la luz de una lámpara, al caerle la luz parecía hacerle algún daño menor, pero se empujaban contra ella, jugando como niños. Una de ellas olfateó el aire y emitió ese chirrido, que al parecer sólo oía yo, me aturdió por unos segundos, pero de inmediato corrí junto a otros dos hacia el andén contrario. El hombre del arma vació la pistola sobre las criaturas que cayeron inertes al suelo. El hombre gritó de alegría y se volteó para señalarnos su proeza, sin percatarse que las criaturas se levantaron rápidamente, se sacudieron las balas que cayeron al piso y saltaron sobre el pobre hombre. No nos quedamos a observar.
Corrimos por las escaleras y una de esas cosas nos siguió rápidamente, casi nos daba alcance cuando quedamos en medio de un área iluminada. La criatura paró enseguida en el límite. No podía adentrarse en aquella luz mortecina. Era un niño, de unos ocho años de edad, pero sus ojos eran totalmente blancos, con algo oscuro sobrenadando en ellos. La piel parecía haber sido pintada con brea, que se secaba lentamente en capas y su boca tenía un puñado de dientes que parecían de una piraña.
Emitió ese sonido y entendí que pedía refuerzo, tal vez eran gritos telepáticos y de alguna manera yo los captaba. Sentí miedo al ver otra criatura caminar por el techo como si no hubiera gravedad y aproximarse a la lámpara. Le señalé a los otros dos la criatura que se aproximaba a derribar la lámpara. La mujer sacó una linterna de su bolso y trató de cerrarle el paso, cosa que por un instante pareció funcionar, pero las baterías comenzaron a fallar. El hombre de mi derecha, un joven atlético me hizo señas y comprendí que correría hacia la otra esquina tratando de alcanzar otra lámpara con luz, mientras yo y la muchacha corríamos hacia la salida. Le pedí que no lo hiciera, se acercó a mi oído y me dijo:
- Estamos acabado, sólo intentemos sobrevivir algo más.
Y corrió gritando como loco hacia la otra esquina, enseguida ambas criaturas se lanzaron a perseguirlo. En ese instante la joven y yo corrimos hacia la salida, lo último que vi de nuestro compañero fue que alcanzó la luz de la esquina y se burlaba de las criaturas como quien se burla de unos amigos más lentos.
En la calle no había nadie y sólo había una cafetería con la luz encendida, atestada de gente y una especie de tienda de ropa, las demás edificaciones estaban en penumbra, mientras las criaturas corrían de un lugar a otro. Mi compañera de infortunio y yo decidimos correr hacia la tienda. Al llegar a la puerta las personas casi por instinto nos halaron hacia el interior. Nadie sabía qué pasaba o qué eran aquellas criaturas.
La televisión y la radio emitían enlatados, ninguna información. En las redes sociales sólo había preguntas y denuncias de cientos personas desaparecidas y rumores del fin de la humanidad, de vampiros y cualquier monstruo producto del pánico. Pero yo estaba en medio de todo esto y sabía que era real lo que sucedía en nuestra ciudad tan acostumbrada al caos y ahora tan apagada y silenciosa.




Excelente relato terrorífico. Creo que es un acierto el que el origen de la amenaza permanezca en el misterio. El texto tiene un ritmo trepidante y sí consigue atrapar al lector. Ciertas escenas gore son estupendas e impresionan.
Siento que el final se quedó un poquito corto, comparado con la intensidad tremebunda de la acción relatada previamente.
Probablemente tan buena idea se preste para desarrollar una serie de relatos, por ejemplo, abordando el destino de los sobrevivientes y explicando la procedencia del mal.
No desmerece ante textos igual de macabros, de grandes como Stephen King, Clive Barker o Richard Matheson. Te felicito, amigo.
Gracias!!
Gracias por esas palabras..Son tres cuentos en una historia, que iré colocando, dos del mismo suceso narrado por dos personas diferentes y la tercera estación la resolución.
Entonces esperaré con gusto e interés lo que sigue en esta excelente historia. Para los aficionados al terror gore, es un verdadero festín
Saludos!!
Muy bien logrado. Gracias por compartir.
Que miedo!!!!! Me gusta mucho como escribes, has conseguido que no aparte los ojos de la pantalla. Me ha encantado! Te felicito sinceramente y te doy mi apoyo (mi voto). Yo también tengo un cuento (infantil), se llama “Las aventuras de Chopi el charco”. Te dejo en enlace y te invito a leerlo:
http://www.falsaria.com/temas/publicar-cuentos/las-aventuras-de-chopi-el-charco/