Un sábado a tempranas horas de la mañana, el hilo de la vida se cortó para mi desdicha, mi alma abandonó su casa de carne y hueso, sin sentir más el dolor del cáncer que por meses me latigó sin clemencia alguna. Por escasos días floté entre lágrimas y lamentos de parientes y amigos, entre velas, rezos y coronas fúnebres. Lloré con ellos sin que alguno se percatara de mi presencia. De aquellos que se jactan siempre de decir que perciben a los muertos…, ni sintieron cosquillas.
No faltó el que comenta: “Quedó igualito”, y el que se emborracha en honor al difunto; las comadronas del pueblo despellejando a la que estuviera ligera de ropas, y el que se toca la panza bostezando de hambre.
Me senté encima del ataúd observando toda la tristeza que me rodeaba, me llevaban hasta mi última morada, a paso lento y con música de lamento. El exceso de peso les hacía errar en sus pensamientos. “Don Contreras como que no quiere que lo carguemos en los hombros, tal vez lo que quiere es que le demos un paseíto más por la villa…” En algo tenían razón: no estaba preparado para partir, pero no podía hacer nada al respecto. Me resigné; ¿para qué protestar? ¿Algún muerto ha regresado de tanto quejarse? De ser así, la muerte no sería tan terrible.
Al traspasar las puertas del Campo Santo, un anciano trajeado de saco y corbata exclamó en voz alta: “¡Bienvenido!”. Me giré sobre los hombros para ver a quién le decía, pero sus ojos marchitos y sinceros estaban clavados sobre mí. Sonreía jubiloso, dejando ver lo que había detrás de su transparencia, yo era uno más que se unía al club de los desencarnados, tomándolo a la ligera como si fuera a ir un jolgorio.
Lo saludé con la mano; aunque no estaba seguro de haberle devuelto la sonrisa, me había quedado pasmado, boquiabierto y con ojos exorbitados, era la primera vez que veía un fantasma.
Mientras mis dolientes avanzaban, eché una ojeada a vuelo de pájaro a lo que sería mi nuevo hogar: rayos que es demasiado tétrico el lugar; de estar en mi cuerpo, se me erizaría la piel; tumbas antiguas y polvorientas, estatuas de ángeles y cruces deterioradas, caminos empedrados y flores secas… encontraba a nuestro paso. La pobreza reflejada en cada esquina del viejo cementerio, los recursos de la Alcaldía no estaban destinadas para mejorar su aspecto, sólo para engordar los bolsillos de los mandatarios.
Llegó el momento y tuve que bajarme de mi ataúd, que por cierto era muy bonito: de cedro, tallado y con una virgen pintada en la tapa. Mi esposa se retorció de dolor y mis hijos se abrazaron unos a otros con llantos espasmódicos. No me verán más, no me hablarán más, la muerte se interpuso entre nosotros. El cura que nos acompañó dio una nueva bendición y al hueco fui a parar, mi cama de tierra y madera quedó bajo la sombra de un gran árbol.
Escuché aplausos y risas como si hubiera ganado una dura batalla, tal vez la meta conseguida ante los rigores de la vida misma; los que me aplaudían, no era mi familia ni mis queridos amigos, eran ellos, mis nuevos vecinos, que siendo amables, me felicitaban. Estaban agolpados detrás de cada doliente, unos encima de algunas tumbas para dejarse ver y otros censurando las ropas modernas de los que estaban presentes con sus corazones entristecidos.
Se acercó uno. Por su indumentaria, podría juzgar que se trataba de alguien que en otrora fue de suma importancia, se acicaló el cabello lleno de gomina, me extendió la mano y me mostró toda la caja de dientes. Parecía que me iba a dar un gran discurso de bienvenida, o probablemente, me explicaría cómo serían las cosas de ahora en adelante: cuál sería la hora más apropiada para salir a deambular por entre las tumbas, o que no debía curiosear más allá de las puertas del cementerio. En todo caso, estaba a la expectativa.
Vacilante le estreché la mano sin dejar de ver para todos lados, el elegante fantasma con solemnidad me iba a expresar sus primeras palabras. Sabias y experimentadas que me ayudarán a adaptarme con mayor facilidad.
Abrió la boca y dijo:
“Está de suerte, amigo, por ésta zona no hay tantos delincuentes”.



Muy bueno el relato. Y un poco pesimista sobre la otra vida, sobre todo porque también hay delincuencia. Felicitaciones y voto.
Esperemos que no sea así. Jajajajaja.
Gracias por tu voto.
Muy divertido relato, Martha, especialmente el final. Hace algunos meses (mayo, creo) subi un cuento parecido que se llama “La Broma”; leelo, te vas a divertir. Un abrazo y mi voto.
Gracias por tu comentario y por el voto. En cuanto a tu relato, lo leeré a la brevedad.
Un abrazo.
Interesante relato, crudo, metafísico, bien redactado y manteniendo el suspenso hasta el final con desenlace que conmueve.
Esta bueno que lleves la mente y la imaginación hasta límites mas allá de lo terrenal y de lo consciente.
Me gustó… dá para continuarlo?
No; por lo general mis relatos son cortos sin segundas partes. Éste en particular está basado en el reciente fallecimiento de un primo querido. Ya mayor él… Estuve en su funeral y posterior entierro; así que lo escribí imaginando en lo que él hubiera pensado de estar presente allí en espíritu.
Gracias por tomarte tu tiempo en leerme y por tus comentarios.
Un abrazo.
Muy bueno el estilo, imposible dejar de leerlo hasta el final. Me gustan las historias que te llevan de paseo y en donde quedas en comunión con el personaje, esas historias en donde no puedes quedar neutral, debes tomar partido sí o sí.
Te voy a seguir leyendo…
Muchas gracias, Llios, me agrada saber que te gustó mi relato y que decidas pasearte más por aquí. También estaré pendiente de ti.
Saludos.
Original perspectiva y escenario. Mi felicitación y voto. T.H.Merino
Gracias, muy amable de tu parte.
Martha, amiga, me ha sorprendido tu escrito. Lleno de detalles y con una visión tan particular de la muerte que llega a ser escalofriante e intrigante. Te felicito!!! Me encantó. Mi voto seguro y un fuerte abrazo!
Cada relato está basado en una experiencia propia o ajena. Ésta en particular, me tocó de cerca. Muy lamentable por cierto…
Gracias por siempre estar presente en los comentarios, es grato contar con tu presencia.
Un fuerte abrazo.
Amiga, que buen relato, casi diría que me gustó la muerte, bien detallado como acostumbras y hasta con un dejo de humor.
¡Me encantó!, Un abrazo y mi voto
Gracias; como siempre, tus palabras me alientan.
Un abrazo.
Hola Martha.
Como siempre tus relatos son fantásticos.
Un tema complicado, original, bien narrado con humor e ironía. Otra visión del más allá.
Un beso y un voto.
Gracias por tus comentarios, Richard, me alegra saber que es de tu agrado.
Un abrazo.
Martha Molina: he llegado a tiempo de un viaje que hice a una ciudad michoacana; digo que he llegado a tiempo para ser yo, precisamente, el del honor de pasarte a portada, porque tu narración lo merece; es muy bonito lo que has publicado, y lo bonito es arte, el bello arte de la literatura, que tan bien sabes hacer.
Mi voto
Volivar
¡Gracias, Volivar por tus palabras tan halagadoras! Vaya… me ruborizas y me llenas de satisfacción saber que mis relatos tengan tan buen recibimiento.