Decisiones
12 de Enero, 2013 12
5
     
Imprimir
Agrandar Tipografía

MIRADAS

Joan conoció a Judith un día oscuro, ambos empapados bajo la fina lluvia de un día de verano. Poca ropa y sofocados, se miran de soslayo y ya no pueden apartar la mirada. Judith, con esa mirada penetrante bajo el rímel corrido como lágrimas furtivas, interroga a Joan, recién afeitado y con cara de niño, aunque sea un par de años más mayor que ella. Sus gestos le imponen un aspecto cariñoso y sensible, pero no se fía, ha conocido a muchos “Joanes” en su vida y no quiere volver a caer en los mismos errores. Aparta la mirada, victoriosa, como si hubiera ganado el combate. Se hace querer y siente como la mirada de Joan le taladra la sien.

Joan, aprovecha este momento para desnudar a Judith con su mente, la ropa húmeda cubre y rodea las curvas de Judith, penetrando en cada orificio, en cada poro de su piel. Y acierta a descubrir sus más íntimos secretos. Joan es muy inteligente, Judith más. Joan es muy sensible, Judith ha crecido a base de palos y golpes que le han fortalecido como persona. Joan no sabe lo que es vivir sin padre y con una madre drogadicta. Judith no sabe lo que es vivir con todo el dinero que se quiera gastar y los caprichos más absurdos e incomprensibles existentes. Ambos son antagónicos, ambos se complementan a la perfección ambos se atraen como polos opuestos. Mimetizan sus gestos y sus pensamientos, cada uno a su manera, pero siempre queriendo más del otro.

No quiero perderla, piensa Joan. Mientras Judith se centra en permanecer inmóvil, a la defensiva. Ni se inmuta cuando se acerca hacia su hombro y le susurra las primeras palabras que le vienen a la cabeza:

- He de conocerte.

La sonrisa sensual, desapareció del rostro de la chica, y con un gesto de caderas, echó a andar calle abajo. Triste, sabiendo que había perdido otra oportunidad. Que Joan era demasiado, que ese mundo no había nacido para ella.

Pero lo que Judith no se podía ni imaginar, es que Joan no se despegó nunca de su hombro derecho. La acompañó hasta el final de la calle. Donde haciéndole girar pivotando sobre su pie izquierdo con cierta brusquedad le miró fijamente a los ojos y le dijo:

- No me importa nada más que tu sonrisa.

Judith golpeó a Joan bajo la mandíbula con su muñeca izquierda y acto seguido besó su rostro, al lado del labio, en ese pequeño resquicio que une lo mundano con lo divino, que te hace sentir atmósferas distintas, galopar en campos infinitos, perderte en utopías ligeramente tangibles, al menos por un momento. Un chasquido recorrió la columna de Joan y le hizo temblar bajo esa armadura de tipo fuerte y sereno. Y cuando quiso responder a ese movimiento, Judith ya se había perdido por la oscuridad de esas angostas calles.

…Y nunca más se volvieron a ver…

12 Comentarios
  1. Buen micro. Mi voto.

  2. Qyé historia, Bensajunior!! Hermosa, melancólica… y de una prosa poética de gran calidad. Mi voto

  3. Bensajunior: otra narración formidable que nos compartes para nuestro deleite. Te felicito por tu estilo tan bien logrado. La poesía muy bien expresada en prosa.
    Mi voto
    Volivar

    • Poesía en prosa… Me gusta ese concepto. Muchísimas gracias volivar, ayudas mucho a los nuevos con tus votos y tus comentarios. Saludos

  4. Que desperdicio.
    Tanto amor, tanta pasión y al final, cada uno por su lado.
    Escribes maravillosamente bien.
    Mucho romanticismo, sensualidad y prosa poética.
    Me ha encantado, aunque deseaba un final feliz, pero la vida es así, no siempre tenemos lo que deseamos, sino lo que necesitamos.
    Un corazón rojo y un afectuoso y cálido abrazo

    • Me cojo el cálido abrazo, que estamos a -15º. Muchísimas gracias Lucia, me alegro que te haya gustado. Un beso

      • Pues sabes que aquí estamos a 2 grados.
        Necesitamos un abrazo re calentado ja ja ja.
        Bueno, que sigas escribiendo cosas tan lindas.

  5. El miedo nos juega malas pasadas. Un buen relato. Mi voto. Besos. Bea

  6. Buen relato.Saludos y voto.

Deja un comentario