Estaba deseando que el árbitro marcara el final de la primera parte del encuentro. No estaba jugando bien, tenía su cabeza en otro sitio y no podía concentrarse, necesitaba descansar unos instantes para pensar y alcanzar un poco de paz. La discusión que había tenido en casa aquella mañana había sido fuerte y temía que hubiera sido la última. Aquellas palabras le habían dejado sumido en una profunda tristeza, le habían abierto un vacío delante de sí del que no veía escapatoria. En cuanto oyó el silbato del árbitro corrió al banquillo a sentarse; estaba cansado, pero no le preocupaba el sudor en su camiseta, ni el agua de la insoportable lluvia que empapaba su pelo, ni la bronca del entrenador que apenas estaba siendo capaz de escuchar. Lo que le preocupaba era lo de aquella mañana. Cuánto pueden llegar a herir unas palabras. Durante las últimas semanas habían tenido discusiones leves, diferencias de opinión, algún enfado; en algún momento se habían planteado la posibilidad de darse un tiempo de reflexión. Él siempre estaba dispuesto a intentarlo de nuevo, siempre quería seguir adelante; pero en aquella ocasión no sabía si iba a tener más oportunidades, la discusión de aquella mañana había sido tan violenta que parecía definitiva. Algo ocurrió en ese momento: mientras pensaba en todas estas cosas un compañero se acercó y le susurró algo al oído: “María me ha dado un mensaje para ti; dice que lo siente; te espera a la salida del vestuario después del partido”. Todo su proceso de reflexión quedó paralizado en un silencio interior y tardó varios segundos en reanudarlo. En ese momento dejó de sentir la lluvia, el sudor y el cansancio; el futuro estaba de nuevo esperándole, las cosas eran más claras, podría continuar. Las palabras del entrenador le parecieron una arenga y el silbato del árbitro sonó a segunda oportunidad; se encontraba en muy buena forma, haría una estupenda segunda parte. También sabía que después del partido, tras la puerta del vestuario, sus piernas de acero temblarían como hojas de árbol cuando viera a María, pero también sabía que eso ya había ocurrido otras veces y que era una suerte que volviera a ocurrir. Salió corriendo al campo.
Descanso en el partido
3 Comentarios




!Y seguramente metio tres goles! Excelente relato, Antonio, que nos recuerda como influye nuestro estado de animo en nuestra capacidad fisica. Un saludo y un voto.
Antoniosib: es un buen escritor; por lo que te envío una cordial felicitación, y te anoto un “me gusta”, que te lo mereces.
Atentamente
Volivar (Jorge Martínez. Sahuayo, Michoacán, México)
Gracias Volivar, es un placer inesperado leer tus amables palabras. Sigo leyendo y admirando tus escritos. Un saludo y gracias de nuevo