Despaisaje
9 de Agosto, 2012 19
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DESPAISAJE

Vino a Mar del Plata enamorada de la constante sensación de cambio: nunca se veían dos cielos ni dos olas ni dos nubes iguales.

Eran los primeros días de julio. El agua del mar comenzó a calentarse como jovencita de veinte. De arriba para abajo, de afuera para adentro, lenta y persistentemente. Los que viven frente a la costa, como ella, se sorprendieron al ver gente nadando y buceando. Pero no tan locos como para caminar por la playa (exhibiendo como en verano, sus cuerpos trabajados y envidiables): fuera del agua el frío era polar.

A fines de mes, desde el balcón de su cuarto piso podía ver nítidamente el vapor que se elevaba pesado, a centímetros sobre el mar. Tratando de restarle importancia al hecho, el canal del clima anunciaba que el agua había alcanzado una temperatura aceptable para quien quisiera gustar de un mate salado. Las mallas enterizas se hundían y aparecían, rodeadas de pieles coloradas. Pero no era el sol el que les atomataba el cuerpo. Nadie podía mantenerse más de cinco minutos bajo la superficie por el calor. Desaparecieron los pescadores de los botes-mar-adentro y de las escolleras.

El seis de agosto, el movimiento de las olas se confundía con el hervidero: más de 100º C. “El mar está ideal para hacer huevos duros” seguía incomprensiblemente jocosa la voz en off del canal 79. Poco a poco, días tras día, el agua se evaporaba. El cielo permanecía siempre gris pero no llovía, y la playa se fue extendiendo tanto, que en noviembre ya se podía caminar sin obstáculos desde el Faro hasta Mar Chiquita. La arena ardía.

Finalmente el mar se le fue, fundido con el horizonte.

Ahora, ve el celeste solamente en la bandera y en una que otra camisa; el cielo siempre amenazante, sin gaviotas; la playa sin bañistas; el sol ausente; las caras de los marplatenses dibujan melancolía, y los turistas visitan la nueva Ciudad Infeliz. Los árboles y arbustos de la costa al igual que las plantas de las macetas se secaron, y el paisaje por el que ella había comprado su departamento en Las Toscas desapareció, irremediable. Escéptica, colocó el cartel de SE VENDE. Decidió irse a Córdoba. Las montañas no cambian, piensa.

A menos que yo decida empezar con terremotos. Los dados ya me aburrieron.

 

19 Comentarios
  1. Que tragedia hermosamente narrada. Me gusto lo de ciudad infeliz, Genial. . Saludos

    • Gracias José. Es que de verdad se está transformando en la ciudad infeliz por el alto índice de desempleo (el mayor de la República Argentina) las aguas contaminadas, las playas sucias, etc.

  2. Lidyfeliz: amiga, te felicito porque has narrado esto que hace algunos años creíamos imposible que ocurriera; pero, ya sabes, a pasos agigantados corremos a esas playas desiertas de todo, bueno, hasta de agua salada, según dices, y te creo, te creo, pero espero que recapacitemos y que no sigamos destruyéndolo todo, como hasta ahora.
    Mi voto.
    Volivar

  3. Muy bueno!! jaja Me gustó el final! ¿No jugará al ajedrez?
    Siempre me pregunté cómo se abrieron las aguas del mar rojo.
    Por las duda,no jugar al truco con él!!
    Bueno el argentino no es muy cuidadoso de nada!!
    Felicitaciones y mi voto!! cariños manuc

  4. me gusta Tu relato :) ojalá las personas se conciencien de que estamos contaminando el mundo mi voto

  5. Lidy que bien relatas aunque triste quizas esta “premonicion” de mi ciudad natal…. hace unos meses que no la visito, ojala siempre el mar este… ojala vuelva a ser de plata , vuelva a ser la feliz…. saludos!!! y mi voto!

  6. Gracias volivar, manuc, Rurh y Ana. Es cierto, debemos contribuir y hacer algo para que esto no suceda. Gracias a vos Manuc, que entendiste perfectamente el final del cuento. Por algo somos lo que somos, no?

  7. Lidyfeliz, tu relato está espectacular, muy rico en descripciones y con excelente narrativa. Te soy honesto, no entendí el final (y eso que lo lei varias veces). Saludos!

    • Rafae,: yo sé que muchos no entendieron el final, pero ahí va: hay un dicho que contrapone lo que dijo Einstein (Dios no juega a los dados, refiriendose a que todo se mueve dentro de causa-efecto) “Dios juega a los dados”. Esto significaría en el texto que las cosas que pasan pasan por capricho de un ser superior. En el cuento, éste se cansó: ahora provocará terremotos a voluntad.
      Espero que ahora se haya aclarado.

  8. Hermoso relato; narras sabiamente, con tristeza, no exenta de realidad, la destrucción provocada por la ceguera del ser humano.
    Un beso, amiga y mi voto.

  9. Lidyfeliz, tienes una buena manera de narrar, de eso no cabe duda. Tu texto me ha traido a la mente un libro de Ballard que leí hace pocos meses, La Sequía. Y el final que le has dado me encanta, me parece un broche de oro. Te dejo mi voto.

    Saludos.

  10. Muy buen relato, Lidy, un abrazo y mi voto.

  11. Primera ves que te leo y me pareció genial, seguiré haciéndolo.
    Un abrazo y mi voto.

  12. Gracias Moli. Te seguiré también.

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