Diacronía del delirio I

REMEDIO CONTRA LA INDECISIÓN

Con el tornasol de una libélula de cola verde, tres pétalos de una violeta del Teide recogidos en el valle de Ucanca, tres gotas de savia de una retama amarilla, un poco de rocío sobre una tabaiba morada y el polen de la misma se preparará una mezcla que debe protegerse en una pequeña botella al abrigo de la luz. Así permanecerán los ingredientes durante cincuenta días cuidando de que el cajón no sufra vibraciones. Una vez que se haya conseguido la fusión perfecta de la mezcla hay que exponerla al sereno durante doce horas en un bol pequeño cubierto de una maya fabricada con la seda de gusanos alimentados con hojas tiernas de morera. Se recomienda acudir a uno de los roques de Anaga y depositar el bol cubierto cerca de un nido de gaviota para que recoja el plumón que los pollos liberan en su primer vuelo. Con cien gramos de flores de brezo, cincuenta de semillas de beleño blanco y polvo de nácar se preparará una masa machacando en un motero de palo santo con mano de basalto de playa rodado durante al menos cien años. Esta pasta servirá para cubrir el preparado anterior y envolverlo luego con un pequeño trozo de algodón rizado. Un poco de almagre del roque Bermejo deberá utilizarse para teñir el algodón. El pequeño lío resultante debe conservarse bajo el ala derecha de una paloma blanca de pico romo y cola en abanico recluida en una jaula cilíndrica y alimentada con semillas de drago durante veinticinco días. El paso siguiente es simple: se trata de introducir el paquetito en polvos de talco para que se deseque lentamente hasta que pierda completamente el agua de constitución de todos sus ingredientes. Más tarde se liberará el preparado de su envuelta algodonosa y se macerará durante media hora en esencia de manzanilla.

Tuve el tiempo suficiente para untar las plantas de tus pies con este preparado mientras tú dormías. Fue muy sencillo. Bastarían tres días para que me comunicaras tu decisión de volver a encontrarte conmigo, que, a pesar de tu desconfianza no te arrepentirías nunca de haber tomado esa determinación. Claro, yo lo comprendería a sabiendas de que estabas bajo el efecto del ungüento. Pero tendría el tiempo necesario, antes que el hechizo se extinguiera, para realizar todo lo que provocara que tu corazón se decidiera a compartir su ritmo con el de mi corazón orgulloso. Ha pasado el tiempo y el efecto esperado no se ha producido. Debe ser que algo hice mal. Me cuesta asimilar el fracaso, no lo comprendo. Es posible que no haya utilizado bastante tornasol o que las hojas de morera no estuvieran bien tiernas. No sé. No tiene explicación porque en las plantas de mis pies unté el mismo preparado y sin embargo en mi se produjo el efecto deseado. Porque yo ya he decidido. He determinado que quiero estar contigo y quiero cuidarte. Alimentarte, ilusionarte. Quiero vivirte. Debe haber algún factor que no contemplé en mi estrategia. He repasado continuamente todo el proceso intentado averiguar dónde estuvo el fallo, dónde se instaló el fracaso. Y no lo encuentro. Ya van quince días desde que espero que el hechizo haga su efecto y creo que ya no va a producirse porque tú debes tener el antídoto perfecto para este tipo de maniobras. Como todo en ti. Perfecto: tu sonrisa, tu voz, tu pelo, tu entrega. Urdir una estrategia más para encontrarme de nuevo contigo va a resultar una tarea penosa. Si al menos conociera la naturaleza de tus antídotos podría entonces tropezar con la receta perfecta en mi búsqueda continua como náufrago de la felicidad esperada. Pero cómo voy a descubrirlos si no me permites frecuentarte. No conozco a nadie que pueda darme una pequeña pista. Consulto con mis amigos en busca de las instrucciones mágicas. Por el contrario todos me invitan a abandonar la tarea y seguidamente se encogen de hombros con una sonrisa esbozada de lástima por mi persona. Ellos saben que esa invitación es infructuosa pero la amistad se permite esas fórmulas atrevidas y sin sentido cuando no se encuentran los términos que vivifican al amigo. Tampoco cree ninguno de ellos que haya podido realizar ese preparado tan laborioso. Incluso el más sabio me recomendó que desistiera porque encontraba descabello en mis intenciones. Temo que tus reticencias y resistencias se eleven en un muro alto y poderoso, bien enclavado en la tierra. Pero toda construcción se desmorona a la acción del viento, la sal y la lluvia. Sólo espero que cuando ese muro caiga yo conserve la capacidad de amamantar tu placer con los fluidos acumulados de mi delirio. Mientras escribo, los cangrejos de mi angustia siguen pasando por debajo de la mesa con ese andar monótono, de lado, sin destino, agrupados y ciegos.

3 Comentarios
3 Comentarios
  1. Leí tu receta al principio y me acordé, de lejos, de la canción de Serrat: Receta para un filtro de amor infalible. Me encantó tu lenguaje poético y tu forma narrativa. Felicitaciones.

  2. Gracias por tu lectura y por tu capacidad para reconocer la poesía. gracias.

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