Don Luis Bam, hombre fofo y barrigón, anhelaba la soledad con ansia inusitada; los ruidos de la ciudad le entorpecían su trabajo, por lo que un buen día tomó el camino que lo llevó a la sierra de la meseta purépecha michoacana en donde rentó una agradable cabaña cercana a la romántica ranchería conocida con el nombre de Pichátaro, habitada por gentes alegres y efusivas, que vivían como si fueran una sola familia.
El día entero se esmeraba el hombre en elaborar artísticos bolos de madera de cedro, no mayores a una canica, que pintaba ora de negro, ora de blanco, y los colocaba en grandes cestos de mimbre que arrejolaba en un rincón de la cocina.
Pero, lector, si don Luis se dedicaba con esmero a tallar, a pintar y a lustrar su obra, también continuamente se paseaba bajo las sombras de los pinos, en donde se tiraba panzarriba con la intención de dormir, sin lograrlo, ya que el ruiseñor, la codorniz y el cuclillo, entre las ramas se turnaban para mostrarle sus habilidades de pájaros cantores.
¡Qué tardes tan amenas disfrutaba el hombre brincando de piedra en piedra para no mojarse en algún escurrimiento de agua con ínfulas de arroyo!
Pero, a pesar de la felicidad que le llenaba el alma al caminar por las veredas, al escuchar el metálico y siniestro ruido del aire achiflonado entre las hojas de los cedros y de los abedules, tenía que regresar de improviso a su cabaña, pues de pronto se encapotaba el cielo y negros nubarrones amenazaban con propinarle una mojada a la que le seguiría un catarro de una semana en cama.
Una vez, habiendo salido con la aurora a caminar sin rumbo fijo, se enteró de que en un frondoso paraje celebraban los rancheros la fiesta de una boda. Habían elegido el campo y no un salón de fiestas del poblado, dado que se dedicaban a cuidar chivos y borregos y no querían dejarlos a merced de las hambrientas tarascadas del coyote que merodeaba la región.
Mientras se divertían sus amigos, una pastorcita se había ido por ahí, y persiguiendo una mariposa se topó con la cabaña de don Luis.
Tocó a la puerta, y como nadie abrió, sigilosamente se metió y husmeando aquí y allá, encontró las canastas en donde el hombre guardaba su artístico trabajo.
Se colgó una en el brazo, y salió al llano a juguetear; tomó tres bolas negras; la primera se la tiró a un cuclillo, a un zanate la segunda, y con la tercera atarantó a un gavilán, que a pesar de todo remontó el vuelo con gran algarabía.
Una cuarta bolita con vehemencia se la arrojó al arroyo, que de inmediato protestó, diciendo sabrá Dios qué, charpeando los matojos que lucían risueños a su vera.
Mientras, la fiesta en el sombreado y fresco paraje iba in crescendo; los pastores habían comido, sin dejar una corunda, ni una tostada con guacamole, menos algún taco de frijoles, nada, nada. Y la pastorcita, que ya había regresado, molesta por no encontrar con qué calmar el hambre que se le había pegado en el estómago, con fuerza lanzó al cielo otra de sus bolitas, que se elevó hasta chocar contra una gran nube que en ese instante pasaba rosando la punta de los pinos y que en respuesta, muy enojada, entre aterradores truenos y espantosos chicoteos luminosos, dejó caer el contenido acuoso de su abultada y negra panza.
-¡Ah, escritorcillo, tan perrero! ¿Una débil mujercita tenía la fuerza suficiente como para lanzar bolas tan alto? –seguramente eso me protestarías, lector amigo, y con humildad te pediría que me disculparas por no haberte comunicado a su debido tiempo que la que aparentaba ser una humilde pastorcita, era hada, en realidad, una hada muy hermosa y dotada, como las de los famosos cuentos clásicos, con un cúmulo de mágicos poderes.
-¡Un hada! ¡Un hada increíblemente bella! Eh ahí la causa por la que los pájaros, al verla, lanzaban al aire cantos nunca antes escuchados. Ah, y por lo que las aguas cristalinas del arroyo, extasiados también con su belleza, les enviaban suspiros amorosos a las silvestres flores.
Y como también era poseedora de un alma noble, al darse cuenta de lo que había ocasionado, y que no le quedaban más bolitas para arrojárselas a los pavorosos nubarrones, ahuyentándolos para que no aguaran la fiesta pastoril, muy arrepentida por su acción, corrió a la cabaña de don Luis.
Al verla, el hombre se quedó pasmado, observando cómo se llevaba otra canasta, y la siguió, muy preocupado por haber perdido una enorme porción su artístico trabajo.
Cuando llegó al llano donde estaban los pastores, el hada se apesadumbró en extremo al ver a sus amigos arremolinados bajo los improvisados techos de gabanes y de mantas, y arrojó sus bolos a las nubes, que huyeron, dejando sólo un fresco chipi chipi, que no impidió que los pastores reanudaran sus danzas, y que en torno a los recién casados zapatearan sones veracruzanos y huapangos de la Guazteca Potosina.
Después, muy asombrado el hombre por lo que había visto, regresó a su cabaña acompañado por el hada, que, por cierto, era como un rayo de luz cristalizado; sacó los bolos que aún le quedaban, y auxiliado por su hermosa compañera, los acomodó de tal forma que formaron un rompecabezas, y don Luis (que, por un involuntario descuido de este torpe escritorcillo, no anotó correctamente su nombre de pila, pues en realidad no se llamaba Luis, sino Ludwig Van, Ludwig Van Beethoven), corrió alocadamente para mostrárselos a los más famosos músicos de Viena, que con sus flautas, oboes, clarinetes, fagots y violines, lo descifraron, lanzando al viento los sonidos que el hada les había arrancado a los pájaros, al arroyo y a la tormenta.
Ah, y a tal rompecabezas el señor Beethoven le puso el nombre de Pastoral.
¡Caramba! (para torpezas no alcanza uno) Y ahora debo también aclarar que la cabaña que rentó don Ludwig no estaba precisamente en la sierra de la meseta purépecha michoacana, sino muy cerca de los frondosos bosques de Viena, ciudad que tuvo la enorme dicha de ser la cuna de hombres tan ilustres como el personaje mencionado, que con sus bellas melodías han sido la delicia de la humanidad.
-Lector amigo, ¿tendrás la gentileza de perdonarme la infinidad de errores? Porque, asimismo, debo dejar muy claro que lo que bailaron los pastores no fue, precisamente, sones veracruzanos ni huapangos de la Guazteca Potosina mexicana, no, no, por Dios, ellos bailaron la muy hermosa y tradicional música popular austriaca.



Bonito y poético relato escrito con un rico lenguaje. Original traslado literario de Mexico a Austria.
Alca: gracias por tu comentario; siempre es bueno saber que alguien nos lee.
Volivar
Excelente relato, amigo Volivar, con un galope desenfrenado de imaginacion que me recordo al escritor argentinio Cesar Aira. Un detallito ortografico, si no te molesta, la palabra Huasteca se escribe con H y S. Saludos y voto.
Vimon: gracias por tu comentario, y no me molesta la indicación sobre cómno se escibe Hasteca: la dichosa palabrita no la encontré en ningún diccionario.
Gracias, eres muy gentil.
Volivar
damaryz: uf, qupe feliz me siento con tu comentario. Gracias.
Atentamente
Volivar
Me estoy empezando a convertir en fan de su trabajo. Muy bueno.
A mi particularmente me gusta este genero (o sub-genero) fantástico/cómico/sarcástico.
Hace poco escribí dos relatos que no cualifican exactamente en el genero infantil, tampoco en fantástico; a mi me hace gracia ese tipo de situaciones.
Perdón si me equivoco.
Muy bonito este cuento Volivar. Un abrazo!!
Como siempre, excelente y entretenido relato. Una aperta.
Mariav: te saludo y aprovecho para preguntarte: ¿qué es aperta? Se amable conmigo; yo también te podría dar el significado de munchas, munchísimas palabras, jondas en contenido… ¿pues qué creibas, amiga? Si estoy para servirte.
Atentamente
Volivar
Aperta = abrazo
Estimado Volivar, estamos para aprender los unos de los otros.
Soraya: al escribir o pensar en ese nombre tuyo, mis pensamientos se van a las tierras de los grandes escritores españoles, en donde debes de estar tú en primerísimo lugar.
Volivar, que te agradece todo, todo.
Salandy: Mi me proporcionar tu blog, estoy seguro de pasar ratos muy amenos leyendo tu narrativa. Por otra parte, te agradezco que te ocupes de lo que escribo.
Volivar
Hola volivar, me ha gustado mucho tu relato. Ha conectado mucho conmigo y en mi opinión es muy creativo.
Un saludo.
Nalleba: habían pasado unos días y no sabía de tí, amiga. Que gusto volver a saludarte.
Te agradezco tu opinión a mi narrativa. (¿Cuando leeremos más de tu inagotable inspiración?
Volivar
Como dicen aquí en mi país¡Que “harte tienes chiquillo”! para enredar la madeja de un lado a otro, pegando saltos en el tiempo y el espacio.Un relato de las aventuras de nuestro amigo Beethoven,muy divertido.
Un abrazo en la distancia.
Gudea
Volivar, yo también quiero irme a ese hermoso lugar,pero con una condición:que pueda seguir leyendote con ese despliegue de imaginación ,riqueza de vocabulario!,derroche de técnica ,serenidad y ternura,simplemente,me encanta tu estilo, es bello! A donde nos llevas en el próximo viaje?. Un abrazo
Precioso tu relato, Volívar, y riquísimo el vocabulario, me encanta. Un beso
Gudea, te agradezco lo que piensas de mi narrativa. Y vaya que el agradable comentario viene de alguien que sabe de esto.
Volivar
Angeles: unas palabras lindas las tuyas, que me entusiasman, y más, sabiendo quién es la autora del comentario: una mujer que sabe escribir literatura, y de la buena.
Volivar
Volivar, ésto es un cáos terrible, y aquí va ha suceder algo gordo.
Mafalda: no entiendo el comentario.
Atentamente
Volivar
El traslado de Michoacan a Viena, el hada que tenia una familia pachanguera, el arroyo como ser vivo, etc,.. Vaya sopa de letras! Un vocabulario muy rico y una escritura muy suelta. El relato fue como un cuento para niños, de fantasia e inexistencias, pero luego fue como la fusion de dos historias, pero no lo calificaria como malo, no estoy para calificar, sino para leer y ver que puedo aportar. Siento que este cuento lo hiciste en diez minutos, como si no hubieras parado desde el inicio al fin, y tambien se siente como que te perdiste entre el final, y no encontraste algo climax que debia suceder, y decidiste terminar con disculpas al lector. Para mi, todo iba bien hasta la aparicion de Beethoven, a menos que su rol de artista tuviese alguna influencia en la narracion.
Saludos sinceros
Jorepa: gracias por tenerme en tan buen concepto. No ocurre así entre algunos de mis conacionales.
Resulta que los mexicanos estamos demostrando de lo que estamos hechos: como en un palo ensebado: si alguien va por el premio, lo jalamos de los zapatos (o haraches) para que no logre su objetivo.
Resulta que me estoy viendo las caras con alguien que al parecer es maestro en la literatura, pero al leerlo y notarle algunas incoherencias de sintasis, al no parecerlo, se va con todo contra esta pequeñez de escritor
Así es la vida, la vida mexicana. Y, al parecer, nos estamos evidenciando ante el mundo, “quemándonos”, como acostumbramos.
Atentamente
Volivar (Jorge Martínez. Sahuayo, Michoacán, México)
Estimado Jorge, te recuerdo que eso no solo sucede en tu país: “Nadie es profeta en su tierra”.
A mi me gusta leer tus cuentos, de verdad que disfruto haciéndolo. Tienes una prosa rica y sabes manejar bien el lenguaje, de ahí que no me sorprenda que estén entre los mejor valorados. Sin embargo, aquí he leído relatos que deberían estar en portada, pero que han pasado sin pena ni gloria y eso me apena. Aunque quizás haya autores que estén mas interesados en solo escribir y compartirlo, que en ganar votos para pasar a portada.
Hoy en día para “sobresalir y destacar entre la marabunta” es necesario “saber promocionarse”. Tu lo sabes hacer muy bien y tu connacional no. De ahí parte del resentimiento y frustración.
Pero se supone que es escritor, incipiente o no. Y escribir es lo único que le debería importar ¿O no?
Así es la vida en todos los lados… “camina o revienta”
Bicos. Desde Galicia con amor.
PD: Bicos = Besos (Gallego de España) ;D
PD: Mi voto.
Mariav: te agradezco tus alentadores comentarios; después de leeerlos “al diablo las habladurías y las penurias que nos proporcionan”. Gracias, querida amiga, Un caluroso saludlo.
Volivar
Muchas veces el miedo a comentar diciendo lo que uno sinceramente piensa u opina nos detiene por miedo a…. Eso es terrible. Callar amilana el espíritu hasta hacerlo desaparecer; además, nos carcome por dentro y nos llena de resentimientos y frustración.
Cuando uno que se expone, en el campo que sea, está sujeto a criticas, y yo soy de los que opinan que estas (buenas o malas) nos ayudan a madurar. Quizás la grandeza del ser radique en mostrar una tibia sonrisa ante los halagos y tener buen humor ante las críticas adversas.
Sí, amigo mio. Al diablo con las habladurías que intentan socavar nuestra creaciones. A los que nos gusta escribir nada nos detiene, pese a quien le pese. Todo lo demás es discurso propagandista.
Mariav: es muy cierto lo que dices y lo reafirmo: ¡Al diablo con las habladurías” y a seguir con lo nuestro, tratar de escribir y de cada vez hacerlo mejor.
Un saludo muy afectuso; eres linda, en verdad.
Volivar
Estupendo relato, compeñero. Me ha encantado el último giro músico-germáno. Me recuerda a la última carta de Mozart. Saludos.
Fanathur: gracias, amigo. Recibe un caluroso saludo desde México.
Volivar