Doña Felicitas
22 de Mayo, 2012 12
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Conocí a doña Felicitas en uno de mis tantos viajes a México. Fue más o menos en agosto del noventa y tres. Yo viajaba con mis padres rumbo a Oaxaca; paramos a comer en un pueblito llamado Tres Marías, en las afueras de la capital azteca.

El trayecto de Calgary a Tlaxiaco abarca medio continente. Uno necesita detenerse al menos en las ciudades importantes a comer, dormir, visitar los atractivos.

Recuerdo bien a esa señora. Ella era rechoncha como un tanque de agua. Tenía cabello de mofeta recogido en una trenza, manos de árbol marchito, arrugas encima de las arrugas. Usaba ropa grasosa y un delantal deshilachado. Ese día, nos contó cómo se desvivió por sus hijos durante veinte años con su puesto de quesadillas: “son unos ingratos con I mayúscula de ingratos”.

Suspendimos el viaje para desayunar. Eran como las nueve de la mañana. El mercado abría a esa hora, no hallábamos donde comprar algo para comer, hasta que unos viejitos nos recomendaron ir con ella. La señora tenía su negocito en medio de otros dos puestos: uno era de un carnicero y el otro, de dos verduleras que anunciaban sus productos a gritos.

Mi familia y yo nos comimos cuarenta y ocho quesadillas, parecíamos niños africanos. La verdad, estaban riquísimas. Mi padre le dio a doña Felicitas un billete de cien mil pesos, ella se persignó sosteniendo el dinero. Después, Platicamos con la señora casi por dos horas, hasta que un viejo apestoso a cantina se metió al puesto y le arrebató el dinero de un morral. Me dio coraje, pero cuando vi la pistola en el cinturón de ese güey, mejor me quedé quieto.

12 Comentarios
  1. Lindo relato con final amargo y realista. Yo hice el viaje Mexico-Cuernavaca-Mexico diario durante dos anos y te aseguro que casi siempre paraba en Tres Marias para comerme unas deliciosas quesadillas…Un abrazo y mi voto

  2. Gracias.

    Me alegra que la breve historia te trajera recuerdos de un ser tan querido para ti.

  3. Tu relato retrata una situación muy común de la condición de las mujeres en México. No propia únicamente de la clase marginada. Seguramente ese hombre mal oliente era su marido, que como muchos en mi país, viven del trabajo de sus mujeres.

  4. !Riquisimas! Me acuerdo y se me hace agua la boca…

  5. Lot Alkef: persignarse llevando entre los dedos la primera moneda o billete que se gana un comerciante, es algo de lo más natural en mi estado de Michoacán, y según tu interesante y amena narrativa, es costumbre de otros estados mexicanos.
    Mi voto. Un saludo. Tres Marías… conozco el lugar, entre finos y un frío endiablado.
    Volivar

    • De hecho, parece que también es común en otros países. Damarys comentó que en Venezuela también hacen lo mismo.

      En fin, gracias.

      No me toco sentir el frio, pero si saborear las quesadillas. ¡Ya tengo hambre!

  6. Chalecos!
    todo era bonito, hasta el final, fue inesperado, pero me gusto. Que cruel, no dudo que haya sucedido, y que problema de Mexico. Como sea, tu manera de contar las cosas es contundente y amena.

    saludos

  7. Serena crónica. Bien escrita.

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