Dos hermanos locos y el café cargado
29 de Mayo, 2012 3
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Una comedia sin y con ciencia

 

PENUMBRA. Se encienden las luces y vemos en el centro a un científico loco, bata blanca, anteojos y cabello alborotado para arriba. Es MIGUEL y está mezclando pociones de diversos colores, provocando que algunas exploten y otras humeen. Está entusiasmado, al borde de alcanzar su mayor éxito. Sostiene dos botellas, una con un líquido transparente y la otra una sustancia azul.

 

MIGUEL (Animado):

¡Finalmente! He logrado mantener los reactivos del cloruro en niveles de radiación tolerables. ¡He encontrado una cura para la escasez de agua en el mundo! He tardado seis años en aislar los agentes patógenos del genoma hidrogeno, pero valdrá la pena si, al mezclarlos, se reproducen sus componentes.

 

MIGUEL va a depositar unas gotas del líquido transparente en el azul, lentamente y con sumo cuidado como si pudiera explotar, cuando detrás de él aparece su hermano RAFAEL corriendo y se
lanza sobre él para abrazarlo en busca de protección. Las botellas se escapan de las manos de MIGUEL y se estrellan en el suelo. RAFAEL es más joven y apuesto, también usa bata blanca pero su cabello es más normal

 

RAFAEL (Asustado):

¡Sálvame Hermano! ¡Sálvame! ¡Ups! ¿Eran importantes esas botellas?

 

MIGUEL (Cabizbajo y suspirando):

Para nada hermanito, para nada. Dime Rafael, ¿qué experimento te salió mal en esta ocasión?

 

RAFAEL (Nervioso):

Ninguno hermano, al contrario, tuve tanto éxito que ha sido malo.

 

MIGUEL (Escéptico):

Aja. ¿Por qué no me lo cuentas todo?

 

RAFAEL suelta a su hermano y lo encara como gallo de pelea

 

RAFAEL (Ofendido):

No me juzgues Miguel. Ni todos los premios nobel del mundo te dan el derecho a juzgar mis experimentos.

 

MIGUEL (Cansado):

Bueno, bueno, ocho nobeles no son para presumir, ya lo entendí. Por favor Rafael, dime de una maldita vez por qué razón entraste corriendo a mi laboratorio.

 

RAFAEL (Dándose una palmada en la frente):

¡Me persiguen! Hermano, ¿no tendrás por casualidad un lanzallamas o agua bendita?

 

MIGUEL (Distraído contemplando las botellas destruidas por Rafael):

Tenía, pero se los presté al profesor Van Helsing… ¿Para qué necesitas agua bendita y un lanzallamas?

 

RAFAEL (Paseando y gesticulando como para no darle importancia al asunto):

Para nada en especial…

 

MIGUEL (Molesto):

Rafael, ¿qué hiciste esta vez?

 

RAFAEL (Suspirando):

¿Recuerdas que me pediste inventar un café con carga extra potente?

 

MIGUEL (Enfadado):

¡Por supuesto que no! Te mandé a comprar café cargado a la tienda, no dije nada de
inventar.

 

RAFAEL:

¿A no?

 

MIGUEL (Convencido):

Claro que no.

 

RAFAEL sacude la mano de arriba abajo y mira al público asustado en señal de que ha cometido un terrible error.

 

MIGUEL (Desconcertado):

¿Qué pasó? ¿Compraste descafeinado?

 

RAFAEL:

No.

 

MIGUEL se lo queda mirando ceñudo

 

RAFAEL (Hablando súper rápido):

¡Es que sin querer desarrollé una combinación de café y plutonio que con una gota provee al ser humano con la energía de mil tazas de café regular!

 

MIGUEL (Excitado):

¡Eso es fantástico! ¡Mucho mejor que mi fuente de agua ilimitada! ¿Y cuál es el
problema?

 

RAFAEL (Hablando aún más rápido):

¡Es que se lo di a un conejillo de indias y le dio la vuelta al mundo en siete
segundos!

 

MIGUEL (Propinándole un puñetazo amistoso en el hombro a su hermano):

¡Maravilloso!
Te vas a ganar un nobel o dos hermanito, es cuestión de aprender a dosificarlo.

 

RAFAEL (A la velocidad del rayo):

¡Se lo di a mi perro y mordió a todos los carteros de la ciudad!

 

MIGUEL (Despreocupado):

Gajes del oficio. ¿Tan nervioso estas por unos cuantos incidentes?

 

RAFAEL (Relatando el final como un globo que se desinfla):

¡Y lo ensayé con los muertos del cementerio, se reanimaron y ahora vienen para acá!

 

MIGUEL (Cambiando a un tono de sorpresa a mitad de la frase):

Eres un alarmista Rafael… ¿QUÉ? ¿Qué vienen qué con qué?

 

Entran en escena los MUERTOS VIVIENTES, piel verde y amarilla, ojos perdidos y brazos hacia adelante como queriendo atrapar lo que tienen enfrente, se dirigen hacia MIGUEL y RAFAEL.

 

MUERTOS VIVIENTES (Como diciendo “cerebros” pero en su lugar…):

¡Café! ¡Café! ¡Café!

 

Los hermanos corren de un lado a otro perseguidos por los lentos MUERTOS VIVIENTES que repiten su sonsonete una y otra vez mientras intentan atraparlos. Tumban diversos artículos de la mesa de laboratorio.

 

RAFAEL (Histérico y abrazando a su hermano nuevamente):

¡Ya les dije que se acabó! ¡Se lo tomaron todo! ¡No tengo más!

 

MIGUEL (Aterrado):

¡Fabrica más! Esas cosas nos van atacar a nosotros si no les das lo que piden. ¿No es ese el tío Ernesto? Todavía tiene los súper patines que le regalamos poco antes de morir.

 

RAFAEL (En pánico):

¡No recuerdo como lo hice! ¿Eran dos o tres cubos de plutonio? ¿No es esa la vecina a la que le disparamos con el láser por error? Creo que mi mano cabe por ese boquete.

 

MIGUEL (Procurando calmarse):

¡Vamos Rafael! Tenemos que detenerlos, o de lo contrario consumirán las reservas de café; hoy del país, mañana del mundo.

 

RAFAEL (Estupefacto):

¡Por Dios! Un mundo sin café. ¿Puedes imaginarlo? Las personas curadas de su insomnio.

 

MIGUEL (Apesadumbrado):

La gente durmiendo hasta tarde.

 

RAFAEL (Asqueado):

Mejorando su salud.

 

MIGUEL:

Con un mejor estado de ánimo

 

MIGUEL y RAFAEL (A la vez):

¡Terrible destino!

 

MIGUEL:

Tenemos que encontrar un agente que neutralice los efectos del café cargado.

 

MUERTOS VIVIENTES (Persiguiendo aún a los hermanos):

¡Café! ¡Café! ¡Café!

 

RAFAEL (Arrogante):

¡Lo tengo!

 

MIGUEL:

¿Cómo los detenemos?

 

RAFAEL:

Con el tiempo

 

MIGUEL:

Por supuesto que con el… ¿Tiempo?

 

RAFAEL:

Elemental mi querido hermano. Sólo tenemos que esperar a qué se les pase el efecto.

 

MIGUEL (Furioso, ahorcando a su hermano):

¿Esa es tu brillante idea? ¿Y mientras tanto qué genio?

 

Los MUERTOS VIVIENTES los van rodeando.

 

RAFAEL (Asfixiado):

Miguel…

 

MIGUEL (Cediendo un poco la presión en el cuello):

¿Qué?

 

RAFAEL (Resignado):

Nos atraparon.

 

Los MUERTOS VIVIENTES se abalanzan sobre los hermanos. Se apagan las luces y se escuchan ruidos de carne desgarrada y gritos de dolor. El sonido estridente de alguien mascando carne se
va convirtiendo en un martilleo sobre una plancha de metal como el que produce un herrero.

Las luces se encienden y vemos a MIGUEL transformado en un muerto viviente, la piel amarillenta, la bata blanca despedazada y con sangre, sus anteojos fracturados. Está martilleando sobre la mesa de su laboratorio. De repente se detiene y mira al público con hambre voraz, acercándose a ellos arrastrando los pies, en una mano tiene un celular y en la otra el martillo. Gruñe amenazadoramente hacia la multitud y alza sus manos como para atacarlos y entonces…

 

MIGUEL (Como un muerto viviente indignado):

¿Qué? Los muertos vivientes también necesitamos celulares.

 

Se apagan las luces. El celular suena.

 

MIGUEL (En la oscuridad su voz resuena lo más fuerte posible):

¿Café? Digo, ¿hola? ¿Qué sí ya está lista la trampa? Denme tres segundos. Uno… Dos… ¡TRES!

 

Las luces se encienden. Sobre el escenario MIGUEL y RAFAEL zombis se ríen como científicos dementes, y entre el público, los MUERTOS VIVIENTES asustan a la mayor cantidad de personas
sujetando sus brazos y demandando ¡café!

 

(Nota del autor: Los MUERTOS VIVIENTES deberían ser unas cinco o seis personas con el mejor maquillaje mortuorio posible)

3 Comentarios
  1. Excelente mini-obra de teatro, Cristo, ojala y alguien se animara a ponerla, seria muy divertido. Felicitaciones y, por supuesto, mi voto.

    • Gracias Vimon, se agradece.

      Si alguien se anima a representarla por favor grabarlo y mandarme el video, sería excelente unos Zombis bien maquillados :D

  2. Divertido teatro el que relatas,coincido con el amigo Vimon en que alguien se animara a ponerla.
    Felicidades, amigo me gustó.

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