“¡Qué indignante! ¡El día en que las instituciones públicas funcionen, el planeta va a girar al revés!”. Nadie podía sacar de su enojo a Ignacio, quien velozmente se dirigía a bordo de un lujoso convertible azul a la oficina gubernamental a protestar por tercera vez: “¡Nadie puede contra esto! ¡Y los derechos del consumidor por el suelo!”.
Bastante maduro para su edad, el muchacho no concebía en su filosofía personal las injusticias contra las personas. Influenciado por la imagen instruida y reverente que proyectaba su padre, estaba decidido a conseguir lo que con tanto esfuerzo había adquirido. Su padre lo instaba a que se tomara las cosas con calma, pero nada: El derecho es el derecho.
Con una habilidad especial en el volante, Ignacio rodaba con seguridad por las calles limpias, nítidas, de una ciudad hermosa que era muy similar a las de su hogar, pero con una diferencia fundamental: acá tenía libertad, la cultura del “dejar hacer y la felicidad por añadidura”. Y lo mejor de todo, estaba lo bastante cerca como para visitarla todas las noches o a la hora que se le antojara. Pero insistía en su obsesiva idea y lo repitió en voz alta una y otra vez.
Detuvo el motor. Fijó su mirada en un edificio blanco que levitaba encima del pavimento y daba un aspecto gelatinoso si se miraba con atención, identificado con un letrero sugerente: “OFICINA NACIONAL DE UTOPÍA ONÍRICA”. Bastante confuso el nombre. Se prometió consultar en la Internet el significado de tan rebuscadas palabras apenas solucionara su problema y estuviera en su hogar. Al entrar, no reparó en muchos detalles de las instalaciones: Un hall de acceso amplio, música ambiental, baldosas con figuras asimétricas completaban la escena. Pero en Ignacio la decoración no estaba dentro de sus intereses. Al fondo de la sala una secretaria de aspecto madura y atenta atendía las solicitudes y las derivaba a la sección correspondiente. Sin duda, la existencia de dos androides ubicados en lugares estratégicos, le alivianaban enormemente el trabajo repetitivo. Pero ajeno a cualquiera de estos detalles, Ignacio recurriendo a estrategias de comportamiento indeseable para la comunicación y el buen trato, se presenta intempestivamente frente al escritorio de la secretaria mientras ésta atendía una llamada holográfica. Se proponía a pronunciar el primer y merecido monosílabo de protesta, cuando un androide metódicamente empieza con su rutina:
-Buenos días, le saluda F3D0R, bienvenido a…
-OFICINA NACIONAL DE UTOPÍA ONÍRICA -le espetó el muchacho.
-Al parecer Ud. no sobrepasa los diez años de edad. Permítame autocargar contenidos a su etapa de desarrollo.
-Es que no entiende nada. Oiga…
-Estoy a su servicio. Para enfrentar sueños de pesadillas y escenas de terror, dirigirse al pasillo principal puerta A1. Lecciones de vuelo sin alas por los cielos, dirigirse a la escalera principal rumbo a la azotea, tomar el ascensor. Para cazar avalanchas de ratones con técnicas especializadas en armamento láser, solicitar su turno en nuestro modernísimo simulador. Comprar botón de pánico con comunicación directa con mamá, dirigirse a…
-Oye, para…
-¿Pañales efectivos de absorción rápida para evitar despertar mojado? No te sonrojes, este es el lugar indicado…
-¡Basta! ¡Escúchame! Dime: ¿Adónde me dirijo para transferencias de bienes desde el mundo de los sueños al mundo real?
-¿Qué cosa?-Repentinamente la voz de la secretaria apareció en acción.
Haciendo a un lado al androide, el niño continúa:
-Me presento. Soy Ignacio Moena, tengo diez años y esta es la tercera vez que vengo a presentar mi solicitud de transferencia de bienes de esta ciudad a mi hogar y, tengo un vehículo convertible de color azul que me gustaría llevar conmigo. Vea, se encuentra a la entrada del edificio…
-Hijo, eres un simple crío. Las reglas son claras. Nunca ha sido posible transferir ninguna cosa, salvo dentro de nuestra propia ciudad. Desde un punto de vista lógico y físico, jamás ha sido posible la transferencia a otro lugar desconocido -La secretaria ya demostraba cierta incomodidad.
Lo que decía la secretaria era medianamente cierto. El Gobierno bajo un régimen omnipresente, se encargaba a través del Ministerio del Orden Sin Rechistar de hacer “desaparecer” a quienes intentaban franquear las rigurosas leyes del mundo de los sueños. Su mayor logro a través de su tecnología, era desarrollar la facultad de herir con insomnio crónico a los rebeldes que conspiraran contra el orden establecido, asegurándose de que el individuo jamás volviese a pisar la confortadora “realidad” del soñar.
-Sra. soy una persona con derechos. Soy tan ciudadano como Ud. para hacer valer mis aspiraciones personales. Le aseguro que a lo largo de mi vida, desde los cinco años para ser exacto, he trabajado en este lugar, el mundo que Ud. y yo estamos compartiendo, para comprarme este auto de lujo. Necesito que Ud. me solucione lo que yo considero que…
-Calla. No hables.
El holográfono ingresaba una llamada. La secretaria instintivamente se arregló el cabello y su traje, intentó relajarse y atender con parsimonia al importante interlocutor.
-Sra. Barraza, ruego activar el codificador de voz antes de proseguir.
Obedientemente la secretaria ingresó una serie de comandos a un monitor táctil conectado al holográfono para activar el modo de comunicación codificado y a la vez, transferir la comunicación a una habitación contigua.
-Srta. Barraza. Estamos recibiendo reportes preliminares sobre la conversación que está sosteniendo con ese niño insignificante. A nombre del Ministerio del Orden Sin Rechistar, le comunico que el muchacho es un distractor del orden y le exijo que interrumpa la conversación inmediatamente y autorice al androide de servicio a aplicar el correctivo correspondiente.
-Entendido Señor…-El corazón le latía con fuerzas.
Cortó la comunicación. Las instrucciones no toleraban distinciones: El orden dictatorial por sobre todas las cosas.
La secretaria regresó nerviosa y empezó a escribir en un formulario algunos datos a toda prisa y manteniendo un tono de voz profesional dijo:
-Sr. Ignacio Moena, le comunico que su solicitud ha sido aceptada con éxito. Rellene este formulario y vuelva a visitarme mañana a esta hora. Muchas gracias por su visita.
-Pero…
-Gracias por visitar OFICINA NACIONAL DE UTOPÍA ONÍRICA. Buenos días.
Ignacio se subió al auto indignado. Abrió el arrugado formulario y se encontró con un improvisado mensaje. “IGNACIO ESTÁS EN PELIGRO. VETE EN TU AUTO INMEDIATAMENTE AL “PAYASADAS ANDROIDS”. PREGUNTA POR FR34K. EL GOBIERNO TE PERSIGUE. TU TÍA.”
Puro instinto. Arrancó el automóvil y calculó someramente que se encontraba a 15 minutos del Centro de Entretenimiento “Payasadas Androids”. Los videojuegos de conducción y persecución son entretenidísimos, pero… la realidad onírica no perdona por nada.
Tras 10 minutos de loca carrera, la impulsividad y la tensión se coludieron con los 190 km/h del automóvil de Ignacio para realizar la trayectoria más peligrosa de su vida. Llegaba a la recta final, pero al fondo de la calle apareció la infaltable sorpresa: la Ley se encontraba representada por una barricada de vehículos policiales esperando reprimir el espíritu opositor del indefenso niño.
Al interior del vehículo, Ignacio se encontraba entregado. Frenar era imposible y gritar era más cuerdo. Desde el panel de su convertible, apareció un mensaje: “Solicitud de transferencia física al vehículo. ¿Aceptar?”. Oprimió el botón. Apareció a su lado la figura de un androide similar al que había visto en la oficina, pero este tenía una función mucho más jocosa: “Me llamo FR34K, y soy el autómata preferido de los niño”. Menuda sorpresa. La tensión era insoportable y un niño como Ignacio a pesar de su madurez intelectual, no podía evitar el horror de una colisión inminente y ya era momento de cerrar los ojos… y esperar. Pero FR34K fiel a su programada vocación empieza a trabajar:
-Ud. ha solicitado nuestro famoso servicio de cosquillas a domicilio. ¿Listo?
-¡No! ¡No! ¡Espera! ¡Espera!
-1% de cosquillas completado…
- ¡Déjame! ¡Déjame! ¡Me orino…!
La mañana estaba soleada. Ignacio despertó sobresaltado y agradecido a Dios por la maravillosa acción de despertar. No pudo ocultar su indignación al sentir que su cama nuevamente estaba… mojada. Pero se salvó de una escena realmente espantosa. Comenzaba a reflexionar sobre lo que pasaría en el sueño de esta noche. ¿Otra persecución? ¿Cosquillas a domicilio? Y lo peor:
-¡Mi bólido destruido! –Exclamó.
Aparece mamá en el dormitorio.
-¿Con quién hablas?
-Nada, mamá.
-¿Dulces sueños?
-Creo que sí.
-Tu tía Eulalia está de visita en casa, y te ha traído esto…
Ignacio abrió el paquete. ¿Quién era la tía Eulalia? Ni la menor idea. La familia de mamá era numerosa y distante de su casa. Pero los regalos igual se agradecen. Sacando el envoltorio descubrió su contenido: Una hermosa réplica a escala de un vehículo convertible color azul. Su convertible azul.
Vaya, un dulce despertar…



¡Bienvenido a Falsaria!
Gracias por publicar en la red social literaria.
Un saludo,
El equipo de Falsaria.
Una Joya !!! Excelente
Gracias Luciana. Agradezco tu tiempo para leer mi cuento. Saludos!!
Muy bien logrado, un oasis en el desconcierto, una esperanza en el pasado. Me gustó mucho.
Geek: está fuerte la lluvia en este momento; hace unos minutos cuando iba yo exactamente en el renglón que dice “PAYASADAS ANDROIDS.. cuando un rayo que logró que se fuera la luz en esta tu casa; pero regresó, y abrí nuevamente la computadora para saber que pasaría con Ignacio, y allí tienes, amigo, que me pasé unos minutos muy agradables con tu lindo cuento, en partes muy jocoso, en partes de ciencia ficcción, todo muy bien elaborado…
Y así, ¿no seguir escribiendo desde hace tantos meses?
Caramba, qué desperdicio de pluma literaria tan prolífica… tan culta, de la que todos podríamos aprender tanto. Pero, bueno, a veces el tiempo no nos permite desarrollarnos en lo que sabemos hacer bien, y tenems que trabajar en otras cosas.
Volivar, que te felicita y te pide, por favor, que sigas escribiendo.
(En realidad me llamo Jorge Martínez, soy de una ciudad michoacana, llamada Sahuayo, en la república mexicana)