El artesano
12 de Febrero, 2012 16
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Joaquín, era de baja estatura, con facciones tan comunes y ordinarias que le impedían presumir ante sus dos o tres amigos, que se peleaban por él las muchachas del barrio; su aspecto físico no le alcanzaba ni para tener una amiga a quien contarle lo que generalmente los hombres les cuentan a las mujeres, y por eso, desde su juventud había ocupado su tiempo libre en aplicar en pedazos de tela o de madera las más variadas y atrevidas tonalidades de pintura al óleo, consiguiendo que reflejaran el concepto de los paisajes rústicos. Los urbanos le causaban aversión porque las bardas de los edificios y los postes de la luz y del teléfono, que caen a plomo sobre las banquetas, le sujetaban los pinceles; en cambio, los árboles, los matojos, los riachuelos, los pájaros y las iguanas, lo dejaban que hiciera lo que le diera la gana; por ejemplo, a los árboles no les importaba que sus ramas tuvieran formas rectas o curveadas; las aves hacían la vista gorda cuando les ponía, tanto a los zopilotes como a las garzas, los picos en forma de ganchos para tumbar pinzanes, y a las iguanas tampoco les interesaba si las subía o no sobre una piedra para que los rayos del sol les calentaran el arrugado cuero.

Con el paso de los años, además de haber encontrado, al fin, a una mujercita con quien casarse, dado que, como dice el pueblo: “Nunca falta un roto para un descosido”, después de mucha dedicación y estudio de las técnicas de la pintura clásica y moderna, a Joaquín le fueron brotando de las manos (es decir, de los pinceles manejados por sus hábiles manos) muy artísticos y umbrosos bosques, así como soleados y fértiles llanos a donde los pastores llevaban sus ovejas y sus chivos con la intención de que se hartaran con la abundante y fresca hierba, mientras ellos, los felices pastorcitos, bocarriba y bajo las tupidas ramas de un pino o de un cascalote, se tiraban a dormir. En las obras de Joaquín eso era lo que se veía, que dormían, pero el que esto escribe sabe bien y está dispuesto a jurar ante notario público que no era así, considerando que es imposible pegar las pestañas cuando los moscos, en tiempo de lluvias, quieren arrancarnos a pedazos el pellejo; y si es temporada de secas, no falta un alacrán que intente acercársenos con la saña jamás imaginada de clavarnos su ponzoñoso aguijón en una nalga -con perdón-.

Y sin saberse bien a bien por qué, para Joaquín era obligatorio que todas sus pinturas tuvieran al menos una casita, con la idea, tal vez, de que allí se refugiaran los personajes de sus cuadros, sin olvidarse ni de los que cuidaban los animales arriba mencionados, esos que, después de pasar por diversos procesos a cual más de crueles, llegan a nuestras mesas convertidos en picosa pero sabrosa birria.

Sin embargo, a pesar de que sus pinturas cada vez tenían más arte, ni él ni su mujer lograban vender una, una sola, de suerte que de tal actividad no salía ni el dinero necesario para las tortillas, por lo que la esposa vivía en una continua exasperación; no había día de Dios que no le refregara en la cara a su marido que ni regaladas quisieran sus “porquerías” (así les decía ella).

-¡Está maldito lo que haces… eres un fracasado! –le espetaba con frecuencia inusitada, espantosamente enojada.

-Querida, es muy bonito lo que hago.

-¿Bonito? ¿Para quién?

Mas, haciendo a un lado los reproches y regaños de su energúmena mujer, el hombre aquel seguía en lo suyo, siempre en busca de estilos novedosos.

En una ocasión, le iluminó el rostro la idea de realzar el primer plano de un paisaje que iba a pintar en un delgado pedazo de tliplay que medía 30 por 40 centímetros, y las chozas, las cercas de palos o de piedras, los arbustos, los realizó en tercera dimensión, logrando una obra sumamente llamativa, pasando de pintor artístico a artesano, lo que no le disminuía mérito alguno a su trabajo, porque adquiría una belleza nunca antes vista ni admirada.

 

Decimos que Joaquín se convirtió en artesano, ya que, insistimos, no pintaba más que paisajes rústicos con casitas tridimensionales, con sus respectivas puertas, ventanas, techos de teja o de madera, macetas de barro colgadas de las bardas de pasillos y de corredores, así como escaleras y morillos recargados contra los muros, sin faltar los tendederos de ropa al aire libre.

Pero, a pesar del nuevo estilo, a la hora de intentar vender un cuadro, nadie lo quería, aunque el dinero que pedía por él no cubriera ni el costo del material utilizado, consiguiendo con esto que su esposa se enfureciera a tal extremo que casi tocaba la locura.

Así las cosas, en una ocasión (luego de haber almorzado unos chilaquiles que él mismo se había preparado en la cocina, pues su mujer, dueña de un humor de los mil demonios, como queda dicho, no quería ni verlo) nuestro decepcionado artista, como perrito que acabara de recibir una paliza, cabizbajo y triste se encaminó a su taller.

Negros pensamientos le nublaban la mirada, y no conseguía ni distinguir siquiera las tonalidades de los envases en los que los fabricantes embuten el material para los que se dedican al artístico trabajo plástico.

Y casi a punto de ser vencido por la tétrica idea de abandonar, por su propia cuenta, este mundo feroz que sólo le ofrecía decepciones y fracasos, de pronto escuchó unas vocecitas tan tenues que parecían el eco de sus propios pensamientos, pero a diferencia de éstos, pesimistas, eran tan alegres y entusiastas que lograron que volteara la cabeza en todas direcciones pues le parecía que salían de sus propias obras, que tenía, en diversas dimensiones, ahora colgadas en las paredes, ahora tiradas en el piso.

 

Pero, lo que vio, fue lo que más agradablemente sorprendido lo dejó, pues de las puertas de las pequeñas y multicolores casitas, salía, ahora una igualmente diminuta y graciosa infanta retocándose los hilos de oro que eran sus cabellos, ahora un jovencito vestido con elegancia, o una encantadora princesita -que parecía la copia de un angelito -. Unos se quedaban parados, recargados en los morillos que apuntalaban algún techo o una barda remojada por las lluvias, otros se sentaban en las cercas de piedra, sin faltar quien se recostara sobre la suave alfombra de los verdes matorrales.

En cada uno de sus cuadros vio Joaquín que en toda su plenitud se exhibía la vida, en especial la humana, pues, quien, trepado en la rama de una ceiba lanzaba un anzuelo a un estanque de aguas cristalinas que había en medio de una umbrosa arboleda, quien, a zancada larga correteaba un chivo, el que ordeñaba una paciente vaca, o el que cortaba leña con un hacha.

Había preciosas hadas paseándose entre las aromáticas y silvestres flores, o torteando al aire libre -pues al aire libre estaban los comales de barro con pedazos de leña ardiendo en el fogón.

Pero, lo que por poco le saca a Joaquín la razón de la cabeza, fue el saludo que escuchó:

-¡Buenos días, señor artista!

-Este… este… sí… sí… bue… e… nos… dí… as… -Y al ver los simpáticos rostros de aquellos hombrecitos y mujeres, se tranquilizó y logró articular una pregunta:

-¿Quiénes son ustedes?

-¡Tus amigos, Joaquín!

-¿Mis… amigos?

-Así es -respondió una agraciada joven cuya frente ceñía una corona con incrustaciones de brillantes y de otras piedras preciosas, recargando su níveo brazo en la puerta entreabierta de la casita de donde había salido-. Desde que en este cuadro realzaste la choza con piedritas y con pequeños y delgados pedazos de madera, con su techo de tejamanil, en ella me he refugiado de las lluvias, y asimismo aquí me he protegido de los intensos rayos del sol –le dio a saber, con su tierna voz enmarcada en una sonrisa.

-Lo que yo no te perdono, Joaquín, es que a la mía no le hayas puesto al menos un pequeño quicio para sentarme a descansar después de mi labor tan fatigosa – ceñudo, dijo el hombrecillo que cortaba leña. Pero de cualquier forma –prosiguió- te agradezco que también para mí hayas construido una casita en uno de tus cuadros.

Y aquellos extraordinarios personajes, uno a uno, expresaron su agradecimiento al artesano, no sin antes cuestionarle la razón de su tristeza.

-Lo que me ocurre, amigos, muy queridos, es que por más artísticos que haga mis trabajos, no he podido vender uno, y ya no soporto los reproches de mi esposa que me exige dinero para la comida de nuestros hijos, sin podérselo yo dar.

-¿Con que eso es lo que te hace sufrir tanto, al grado de querer apartarte de este mundo? –Haciendo a un lado una rama seca que iba a partir en dos, dijo el hombrecillo del hacha-. Permíteme informarte que no se te venden por faltarles arte, sino porque la gente está ocupada con la televisión, con la computadora o con el celular; pero ahora, con nosotros en tus cuadros, hasta te las arrebatarán en cuanto salgan de tus manos, pues los empleados de las oficinas y negocios, los Licenciados, Doctores y demás profesionistas, para combatir el estrés que de sus lugares de trabajo se llevan a sus hogares, necesitan con urgencia lo que pones en tus obras: la vida campirana, las sombras de los bosques, el estrepitoso vuelo de los pájaros, así como el rezongo de las límpidas aguas de los arroyos cuando en su eterno camino se topan con las piedras.

-Joaquín, las mujeres las comprarán–ingenuamente dijo una de las hadas, volteando una tortilla en el comal- para aprender de nosotras a hacer tortillas a mano.

-Querido artesano –la interrumpió un pastorcito-, los padres de familia van a adquirirlas para enseñarles a sus hijos que también es divertido corretear o cuidar chivos y borregos en el campo; que esto es más sano que estar el día completo delante de los videojuegos, perjudicándose la salud, como le pasó al joven inglés de 20 años de edad, que hace unos meses perdió la vida.

El hombrecito que pescaba trepado en la rama de una ceiba le quitó la palabra al pastor, metiendo su cuchara en la conversación, haciendo lo mismo con él el que ordeñaba la vaca.

En resumen, lector muy estimado, cada uno de aquellos extraordinarios personajes querían extirpar la tristeza de Joaquín, en agradecimiento por haberles construido una casita, mientras el taller, armado en un rincón del patio trasero de la vivienda, lentamente empezó a despedir luces de múltiples colores que se desbordaron por las tejas del techo, por la amplia ventana y por la puerta.

La esposa de nuestro artesano se enteró de que algo raro ocurría donde trabajaba su marido, pues desde el ventanal de su recámara vio cómo el taller se transformaba en algo fantástico y nunca visto, y a todo correr fue por sus hijos, quienes, al enterarse de lo que pasaba, también se maravillaron en extremo.

-Y cuando en los relojes las manecillas chicas no habían pasado ni sobre tres números consecutivos, los vecinos de toda la ciudad se arremolinaban frente a la puerta de la casa de Joaquín, intentando entrar para conocer personalmente el sensacional prodigio.

-Señora, señora –preguntaban a voz en cuello-, ¿están los cuadros a la venta?

-¡Sí, sí, todos… todos… a precios módicos!

Y en lo que ponemos punto final, lector, te damos a conocer que las pinturas tridimensionales fueron saliendo, una a una, o en montón, adquiridas por los visitantes a precios jamás imaginados, que hicieron un milagro tan impresionante como los que realizó el Señor Jesús cuando vivió físicamente en Israel, que fue el de cambiarle a la mujer del artesano el atufado rostro de siempre, por otro muy diferente, uno risueño, alegre y feliz.

16 Comentarios
  1. Hermoso tu cuento estimado Volivar, muy bien descrito, lleno de detalles y ese mundo en miniatura que me encantó. Como siempre aprendo mucho con el vocabulario que usas. Saludos desde Brasília.

  2. Mi muy querida amiga Rosemarie s.torres… agradezco inmensamente esa dedicación que manifiestas para leer lo que publicamos tus compañeros de letras…
    eres linda, y muy culta.
    En cuanto al vocabulario que utilizo, amiga, es el que se acostumbra en este país, y más exactamente en mi ciudad.
    Por fortuna la lengua española es muy rica; en todas partes se utilizan los términos locales… sobre esto, te diré, Rosemarie, muy estimada, que lo mismo me ocurre a mí, cuando vos decís que os haceis guajes con las tareas de vuestros hogares… y asimismo, me ocurre con los localismos españoles…
    Por fortuna, amablemente Falsaria ha puesto a nuestra disposición esta oportunidad para conocernos con las letras que tratamos que sean bellas, y ahí tienes que todos aprendemos y hacemos grandes progresos, como es tu caso, querida… (esto de querida: aquí en México es tan sólo una expresión cariñosa, que expresa estimación, admiración, y no otra cosa).
    Atentamente
    Volivar (Jorge Martínez. Sahuayo, Michoacán, México).

  3. Realismo mágico, inteligente y fluido. Gran construcción del personaje de Joaquín. ¿Cuantos no hemos sentido alguna vez que el materialismo utilitario de la vida cotidiana no deja sin sentido (sin chiste) la fantasía y la creatividad?

    Por eso la defensa que subyace en el cuento, de la imaginación y el arte, me parece doblemente valiosa.

    El final es amable y feliz

    Me ha gustado mucho, amigo Volivar

    Mil gracias!

  4. !!!!!!!!FELICIDADES!!!!!!! eres un Cuentacuentos nato. Me ha encantado tu cuento,tan lleno de vida y optimismo.
    Un abrazo en la distancia.

    Gudea

  5. Reafirmo ese abrazo a la distancia, Gudea, mi amiga muy querida.
    Volivar.

  6. Jesusadmir: un saludo, nos leemos, para progresar juntos todos los amigos de la red.
    Atentamente.
    Volivar

  7. Anteriormente un lector suyo lo ha dicho mejor que nadie hasta ahora: “el final es amable y feliz”. Se acerca a los cuentos que aprendimos a escuchar, aquellos que se amarraban a una moraleja para convalidarse. Con respecto al lenguaje (y es lo que me interesa) tengo algunos reparos. Un buen amigo mío me aconsejó que si quería llegar al final con el lector, el escrito debía ser lo más depurado posible sin importar la extensión del mismo. Y para depurarlo, yo acostumbro recortar muchos adjetivos. Tal vez sea el estilo que usted maneja (y en cuestión de estilos, los hay variados) pero veo que sus escritos tienen buen record de visitas; de lo cual deduzco que sus lectores gustan de cómo escribe. Por lo demás el escrito es tiene buena intención, y como escribe Shakespeare: “No puede estar mal aquello que se escribe con las mejores intenciones” Un saludo.

  8. Estimado Gabriel Rodriguez-Paez, tienes razón en eso de que no es muy literario poner adjetivos al por mayor… el lector se enfada.
    Te agradezco infinitamente esta observación, y espero, siguiendo tu consejo, lograr que el lector llegue al final de alguna próxima narración de tu servidor, es decir, que no la abandone por el exceso de adjetivos generalmente similares.
    Qué bueno que, además de alagarnos mutuamente, nos tomemos el tiempo para señalarnos errores, de todos: ortográficos, de sintasis, y, como en mi caso, como muy bien lo dices, de exceso de adjetivos similares.
    Muchas gracias.
    Atentamente
    Volivr (Sahuayo Michoacán, México)

  9. Creo que es un cuento magnífico, aunque los pobres videojuegos salen muy mal parados :D (creo recordar que también hubo un joven filipino que murió por estudiar demasiado). Pienso que la adjetivación aporta un encanto y una musicalidad especial al texto, pero supongo que este tipo de cosas dependen del gusto del lector; en cualquier caso muchas gracias por esta historia tan bella.
    ¡Saludos!

  10. EliaGDuran: amiga qué gusto saludarte agradeciéndote tu amabilidad al leer el Artesano.
    Estoy pendiente de tu narrativa, tan hermosa.
    Y aprovechando que mañana se celebra el día del amor y de la amistad, te envío un caluroso abrazo (a la distancia, dice la linda Gudea de Lagash).
    Espero que en tu país los ciudadanos no pierdan tanto el tiempo en celebraciones y en vivir de las tradiciones, como sucede en este lindo pero perezoso país llamado México.
    ¿En donde tú vives ocurre lo mismo? espero que no, que la gente se dedique a las actividades productivas, aún cuando sean días de fiestas.

    Éstoy en otra cosa, muy diferente a nuestro tema, la literatura, pero, aprovecho para eniarte mi amistad y en especial mi admiración por tus bellas letras que compartes con tus amigos.
    Atentamente
    Volivar (Jorge Martínez. Sahuayo, Michoacán, México)

  11. En este cuento demuestras porqué eres uno de mis escritores favoritos, es una maravilla de principio a fin. Muchas gracias por compartirlo, por suerte me tomé unos minutos en mi trabajo, para explorar aquellos cuentos que no había podido leer en mis vacaciones, y me encontré con este personaje, Joaquín, Jorge o Volivar, no se bien como llamarlo, regalándome aires nuevos. Saludos.

  12. Gracias por tan buen cuento. Tienes un buen uso de todos los recurso y haces gran uso de ellos. Aunque a veces sentí lo que ya te expuso un amable lector, al principio se frena la lectura por tantos adjetivos, pero lo que a primera vista me parece un defecto, se me convierte al fina en una virtud, en una firma propia del relato que lo hace un muy buen cuento.

  13. Nanky, mi muy querido amjigo… gracias por todo, por leerme, por tus palabras que me alientan para seguir el arduo camino de la vida. Amigo, la desgracia no ha salido por la ventana de mi casa… mi esposa está, ahora mismo, en terapia intensiva. La vida, Nanky, es cruel, pero, afortunamente nos quedan los amigos, los verdaderos amigos, esos que no vemos físicamente, pero que nos alientan, nos animan, lo que es valioso en extremo.
    Y, termiando esto, tan deprimente, de repito lo que dice nuestra querida compañera Gudea de Lagash: Un abrazo en la distancia.
    Volivar.

  14. Revelacionvital: te agradezco inmensamente tus observaciones, que me hayas leído.
    ¿Cuándo tendremos en la red un nuevo cuento tuyo? Con ansias lo espero, para alegrarme la vida, pues es muy grata tu narrativa.
    Atentamente
    Volivar (Jorge Martínez. Sahuayo, Miichoacán, México)

  15. Un gran manejo del lenguaje cotidiano que conduce de la realidad a la fantasía sin que se sienta el tránsito de la una a la otra: se desliza suavemente dese sus excelentes descripciones y diálogos.

    Saludos,

  16. Lobolejano: por motivos de salud familiar, me había retirado un poco de la red, que nos une, que logra buenos literatos. y Un buen literaro eres tú, amigo. Yo me quedo admirado de tus amplios conocimientos, y especialmente de tu humildad; ESA que expresas cuandoimpulsas a ts compañeros, eres excelente persona, estimado Lobolejo.
    Muchas gracias por tus conceptos-
    Volivar

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