El Bicho
11 de Septiembre, 2012 6
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Me llaman Bicho y hoy he soñado que voy a morir.

 

Siento placer, tío.
¿Has sentido placer alguna vez?
El poli aletea como una gaviota azotada por la corriente. Tan solo es carroña para un ave de mayor tamaño. Abro los ojos doloridos y la sangre colma mi boca. Me ahogo. ¿Quieres ver cómo muere la vileza? ¿Te gustaría oír el estertor de un mal padre? ¿Qué me dices de aquel chico que se enamoró del polvo de coca en una fiesta de cumpleaños?
Escúchame bien.
Hermano.
Ese soy yo.

Me despierto de manera brusca, respirando con inquietud, con el gusto del acero bien adentro en el paladar. Una suave claridad se filtra a través de la persiana mal cerrada. Sara descansa a mi lado. Le sudan los pies en la noche. Junto a la ventana duerme nuestro hijo. Abro el cajón de la mesilla y saco el revólver. Compruebo que está debidamente cargado: quedan dos balas en el tambor. Beso el hierro y tiro del percutor y digo “amén” y me levanto de la cama y me acerco al lado de Sara, y oculto su rostro bajo la almohada antes de presionar la tela con una mano, antes siquiera de apretar el gatillo.
La bala perfora con limpieza sábanas, carne, cartílagos, huesos y más sábanas. La mano de Sara queda boca arriba con los dedos afilados. No hay rastro de sangre en la tibieza de las sábanas. Tras la detonación mi hijo se ha despertado y yo me acerco a la cuna. Ahí está él con su pijama de lana gruesa agitando piernas y brazos. Le presiono la barriga con la punta del cañón y él ríe divertido, sin percatarse de mi angustia . Asoma mi reflejo duplicado en la ventana. El brazo extendido. Polvo minúsculo y briznas bailotean en la penumbra. Mañana mi hijo amanecerá en el suelo, arrancado de raíz por el azote de un vendaval.

Alguien enciende una luz en el edificio de enfrente, uno o dos perros, o más, ladran en la distancia; tal vez son lobos recortados sobre la luna blanca; tal vez son hombres y no alimañas. Guardo el revólver en el cajón de la cómoda y enciendo el televisor. En la MTV están dado un videoclip de los Bee Gees. Visten ropas psicodélicas. Entro al baño. Palpita el tubo de luz que cuelga del espejo. Me duelen las bolsas que circundan mis ojos, temblando busco apoyo en la porcelana del lavabo y descargo en él mi rabia pesada. Acompaso mi respiración, hasta adormecerla, antes de apretar los ojos.
Escupo.
Vomito.
Feel the city breakin’
And everybody shakin’
Peolpe
Stayin’ alive, stayin’ alive

6 Comentarios
  1. Una instantanea de un momento espeluznante. Un relato cuidadosamente detallado y rematado con la cancion de Bee Gees. Tan solo me hubiera gustado saber el “por que”, si es que existe. Un abrazo, Josefa, y mi voto.

  2. Gracias Vimon por el comentario. Conocer el por qué…, esa es una buena pregunta. Tal vez el relato forma parte de algo más grande. El día que la bombilla se encienda sobre mi loca cabecita, te lo haré saber. Hasta entonces es una tan solo una pequeña escena.

  3. Estoy de acuerdo con Vimon; sin una razón, el relato queda incompleto. No obstante está tan bien relatado que te doy mi voto.

  4. Josefa Mendoza: he seguido todas tus narraciones; y las he comentado; a veces las publican y en ocasiones no; los señores de Falsaria me explican que cuando el sistema detecta muchos comentarios surgidos en breve tiempo y con el mismo contenido, pasan a spam.
    Los señores organizadores de la red me perdonarán, pero les hago saber que dedico mucho tiempo a leer, y lo hago con rapidez, como he acostumbrado; así es que por esta causa no encuentro la razón para eliminar comentarios de este servidor y amigo; en cuanto a que tienen el mismo contenido, creo que así es, en verdad, pues sólo comento las publicaciones que me agradan y por supuesto que en mi interior surge el mismo comentario, de aceptación, de impulsar al escritor. Si no tiene estética el escrito, según mi opinión, simplemente cierro la bocota, es decir, me declaro de dedos caídos.
    -0-
    Amiga, en cuanto a tu narrativa, me gusta tu estilo, tu maestría para desarrollar el tema, la pulcritud de tus letras llenas de arte. Es cruel el contenido, pero se justifica porque los actos violentos están allí, en un rincón de la sesera humana, y salen a relucir a la hora menos esperada.
    Mi voto
    Volivar

    • Hola Volivar. Estaba comiendo en la oficina cuando he leído este mensaje tuyo que por un momento ha conseguido sonrojarme. Te lo agradezco. Seguiré subiendo textos a esta plataforma, y espero que sigas apreciándolos.
      Lo que dices respecto a los comentarios que publicas y que pasan a spam, no me parece justo. Al fin y al cabo falsaria es una “red social literaria”. Tan importante es un escrito como el posterior comentario de un lector sobre el mismo.
      Un abrazo.

  5. A mí me parece que el texto es impresionante. Sin más-

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