El campesino avaricioso
21 de Enero, 2013 43
19
     
Imprimir
Agrandar Tipografía

Érase una vez un humilde campesino que vivía en un hermoso pueblo rodeado de montañas. Cada mañana se levantaba muy temprano, e iba a ganarse el sustento en las agotadoras tareas del campo. Trabajaba de sol a sol. Tenía que subsistir y ahorrar alguna moneda que otra para cuando fuera viejo y ya no pudiese ganarse la vida.

Cada día, cuando terminaba la jornada laboral, se reunía con sus amigos para charlar un rato. A continuación, volvía a su casa y contaba las monedas que había obtenido, guardándolas en una vieja lata vacía.

El tiempo pasaba y cada vez tenía más caudales. Cuando ya no le cabían en la lata, pensó:

“Esta lata es demasiado pequeña para guardar mis ahorros. A partir de ahora, los guardaré en este saco de pienso”.

Y así lo hizo.

Al regresar del trabajo, se deleitaba comprobando cómo aumentaba su pequeño tesoro. Cuando el saco se hubo llenado, pensó:

“Este saco es demasiado pequeño para guardar mis ahorros. A partir de ahora, lo guardaré en el pozo”.

Entusiasmado por las ganancias acumuladas, después de cobrar el jornal, se dirigía corriendo hasta el pozo para llevar a cabo tan satisfactorio ritual. Pronto llenó el pozo, y pensó:

“Este pozo es demasiado pequeño para guardar mis ahorros. A partir de ahora, lo guardaré en esta espaciosa cueva.”

Tras finalizar su ardua jornada laboral, se dirigía hasta la profunda cueva, ayudado de un candil para, así, poder contar el capital acumulado.

El tiempo pasaba, y cada vez necesitaba más tiempo para contar su fortuna.

Apenas terminaba la faena, se despedía de sus amigos y se dirigía a la cueva para contar su dinero antes de irse a dormir.

Llegó el momento en que era tanto el tiempo que le llevaba contar el capital que había atesorado, que no disponía de tiempo para dormir. Cuando terminaba de contar, el sol anunciaba la llegada del alba y debía regresar a sus quehaceres para poder ganar más dinero. Así día tras día.

El campesino, poco a poco, se fue distanciando de sus amigos. Todo su afán consistía en verificar el tesoro acumulado. Siempre quería un poco más. Nada era suficiente para él. Su ansiedad era tan grande que ya no se lavaba, ni comía, ni dormía.

Era tal la magnitud de su fortuna, que contaba y contaba hasta que perdía la cuenta y tenía que volver a comenzar de nuevo.

Y así una y otra vez, hasta que se volvió loco y pasó el resto de su vida cuenta que te cuenta, sin llegar a saber jamás el total de su fortuna; y, lo que es peor, sin disfrutar jamás ni de un solo céntimo.

FIN

 

 

 

 

 

43 Comentarios
  1. Al fin llegó mi tratamiento de rejuvenecimiento gratis, ya con éste llego a los 18 años y descontando, mi voto…

  2. Y la avaricia rompió el saco. Muy bueno Cenincienta. Voto
    Un abrazo

  3. Muy buen relato, amiga Cenicienta, que, no sé porqué, me recordó a un ilustre connacional. Un abrazo y mi voto.

  4. Siempre la moraleja Cenicienta me encantan tus cuentos.

  5. Ya echaba de menos un cuento de los tuyos antes de ir a dormir. Quizás, para mi gusto personal, es el mejor de los que te he leido. Es curioso que me ha recordado a cuando era niño y me preguntaba para qué querían los piratas sus tesoros inmensos si siempre tenían que dejarlos escondidos en islas, necesitando innumerables mapas para saber dónde. ¡Nunca lo disfrutaban!. Gracias por tus relatos.

    • Querido amigo, David; me hace muy feliz saber que esperas con alegría mis humildes cuentos. En efecto,¿ de que nos sirve la riqueza si no somos capaces de disfrutarla.? Besines.

  6. Ainsss…. Que poderoso es el señor Don Dinero, hace rico de bolsillo al que toca, perturba sus sentidos y lo convierte en pobre de corazón.
    Bonito cuento y excelente mensaje.

    Un abrazo, María del Mar. Ahí va mi voto.

  7. Me ha encantado tu cuento.
    Me has hecho reír, cuenta que cuenta, cuenta que cuenta y volver a empezar…
    Aunque hay que abonarle algo bueno al campesino. ¡Trabajaba y no robaba!. Otros roban y no trabajan, o hacen las dos cosas con tal de acumular.
    Otros dirían que tenia un gran espíritu ahorrador, ja ja ja.
    Pero si no es capaz de invertirlo y gastarlo en sí mismo y los demás es un gran desperdicio.
    Me hizo rememorar los cuentos de mi tierra, donde la gente guardaba la plata (dinero) en el colchón, o abría un hueco a la pared con tal fin.
    Lo disfruté muchísimo

  8. Buena lección Cenicienta y bello cuento. Felicidades y mi voto.

  9. Mi querida Cenicienta.
    Otra de tus maravillosas fabulas.
    Era un humilde campesino hasta que fue corrompido por el dinero.
    Y perdió todo.
    Gracias por estar y recordarnos.
    Un beso grande y el voto.

  10. Relato clásico muy bien narrado que merece Portada. Te mando hacia allí! Buen viaje, Cenicienta :)

  11. Se ve que no le dejaron llevar equipaje en su viaje al ORO mundo. Mi voto.

  12. Qué gratos momentos nos hace pasar querida cenicienta. Es regresar a la infancia sin dejar de ser lo somos.
    Un abrazo y un beso con mi voto hecho corazón.

  13. Un buen relato, Cenicienta, con sabia moraleja. Mi felicitación y voto. T.H.Merino

  14. Cenicienta literaria: amiga, para mí, el hombre ese era un desgraciado; hacía bien en trabajar, pero, querida, ¿para guardar el dinero, teniendo nuestro prójimo tantas necesidades, a cual más urgentes?
    Y pensar que hay tantos y tantos que les vale gorro el hambre, los sufrimientos, las miserias de los niños, de los ancianos inválidos o abandonados. Aquí (no sé en otras naciones) se acostumbra, malamente, por supuesto, que cuando los padres ya no pueden trabajar, se dejan a su triste suerte; como si no tuvieran hijos. Y esa pobre gente no tiene qué comer, no digamos otras cosas a cual más de urgentes, como medicinas.
    Al Señor Dios le gusta mucho la caridad…. si se da, al menos algo, al pobre, él, Nuestro Padre, nos llena los bolsillos, pero no para nosotros (claro que podemos meter mano), sin para sus hijos más desprotegidos, que sufren, pobrecitos.
    Te agradezco que hayas publicado esto que nos hace meditar en lo méndigo que somos cuando, pudiendo, no ayudamos al necesitado.
    Felicidades, linda Mari. Eres un angel.
    Mi voto
    Volivar

  15. Que perspicaz eres Ceni…y como vas llevando todo a buen puerto ¿Qué decirte? ¡Me encantan tus cuentos! Sabes plasmar conceptos perfectamente. La avaricia…cuanto daño hace. Y hay tantos que basan su felicidad en el dinero…muy triste. Besotes y mi voto

    • Querido amigo J. Stark, muchas gracias por tus bellas palabras. Demuestras una gran sabiduría con tu comentario. El dinero puede ayudarnos a ser más felices, sobre todo si lo compartimos con los demás. Todo depende del uso que hagamos de él.
      Besines, querido amigo.

  16. Como alguien dijo; “Era tan pobre que sólo tenía dinero”
    Hermoso amiga.
    Un abrazo

  17. Una vez más, maravillosa historia. Gracias por compartir estos bellos textos con nosotros.
    Saludos y mi voto.

  18. Bonita fábula, por desgracia abundan los pretendientes a rico del cementerio, y coincidencia, pierden a sus amigos, a sus seres queridos y hasta el valor de su propia vida. ¿Quien inventó el dinero? ¿Maquiavelo?
    Felicidades Cenicienta

    • Querido amigo, Oscar;muchísimas gracias por tu apoyo y cariño. El dinero no es malo; todo depende del uso que, “libremente,” hacemos de él.
      Besines.

  19. Buena lección, que yo llevo siempre a cabo, Ceni.

  20. Cenicienta, me ha gustado mucho la narración, pero sobre todo el final. muy bien logrado. Felicidades, un saludo y mi voto

Deja un comentario