El Candidato
27 de Mayo, 2012 3
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—¡Juntos, llevaremos a este país a ser potencia mundial!— Gritó el Licenciado Barbosa a los más de setenta mil asistentes a su mitin de campaña presidencial. El pueblo veía en él un líder, alguien que lograría sacar al país del terrible rezago que nos había agobiado desde hacía más de cuatro décadas, lástima que nada era más lejano a la realidad. El candidato bajó del estrado y pasó casi media hora saludando y abrazando a las personas que se habían reunido para apoyar su causa, repartió besos entre niños y mujeres y se tomó tantas fotos como le pidieron los ciudadanos. Al llegar a su vehículo, cerró la ventanilla y me dijo —Dile al chofer que fije rumbo hacia el hotel y que enciendan las sirenas, me urge bañarme y quitarme esta peste de encima.—

—Sí, licenciado.— Como asistente personal del candidato Barbosa, mi deber era obedecer cada una de sus instrucciones aunque, la mayoría de las veces, contrastaban con la imagen que él vendía hacia los medios y la población.

—Cuando sea presidente enviaré recursos para que estos indios se compren jabón, muchos de ellos olían a rayos.—

—Es de entenderse, Licenciado, la mayoría de ellos venían de cumplir su jornada diaria de trabajo y, muchos de ellos, en el campo. Dicen que los trabajos ahí son terriblemente duros, parece que prefirieron venir a apoyarlo antes de darse una ducha.—

—De cualquier manera, no soporto este hedor. — No había ningún mal olor, pero los desplantes de despotismo del Licenciado Barbosa, eran el pan de cada día.

Al llegar al hotel, el Licenciado se fue a su habitación y me solicitó que nadie lo molestara. Luego de una hora, me llamó que le enviara “lo mismo de cada noche”, dos prostitutas de no más de 17 años, que fueran atractivas y entusiastas, no importaba el valor de sus servicios, si alguna vez una de las muchachas no le gustaba al Licenciado, los insultos contra mi persona eran tan grandes que en más de una ocasión estuve al borde de las lágrimas.

A la mañana siguiente muy temprano, desperté al candidato, como era costumbre, para que se preparara de cara a su primer compromiso del día —Licenciado, tiene que ver al Sr. Tracy en 40 minutos. ¿Necesita algo?—

—Por ahora no, Hernán. Sólo págales a estas putas y que se vayan de aquí.— ordenó.

—Enseguida, señor.— pague el precio de las señoritas y preparé todo para recibir al Sr. Tracy, un empresario estadounidense que pretendía apoyar la campaña del Licenciado Barbosa a cambio de permitirle invertir en un sector del mercado del país.

Pasado un rato, el candidato llegó al restaurante del hotel, completamente reservado para su reunión, cubierto de sus guardaespaldas y saludando a cuanta gente veía en el camino. Se sentó frente al Sr. Tracy y luego de un amistoso saludo y varios minutos de conversación coloquial, entraron en tema.

—Mr. Barbosa… — dijo el Sr. Tracy con acento inglés.

—Licenciado Barbosa, por favor.— corrigió el candidato.

—Claro, claro, Licenciado Barbosa.— el norteamericano sonrió —Entonces… estoy dispuesto a invertir en… ti y en tu political campaign, la cantidad que ya acordamos y necesito una respuesta ahora.

—Mira güero, ten en cuenta que lo que te estoy dando a cambio es demasiado, fácilmente puedo ir a Asia y encontraré quien invierta el triple de lo que tú me ofreces.—

—Creo que juegas mucho con las probabilidades, Licenciado. Te recuerdo que aún no ganas las elecciones y, si no lo haces… tu deuda with me sería demasiado grande. You understand?— el Sr. Tracy cruzó los dedos de las manos y miró fíjamente al candidato.

La sonrisa desapareció del rostro del Licenciado Barbosa y dijo —A mi no me amenaces Tracy, puedes estar tranquilo, las encuestas me colocan arriba con un cómodo 30%, así que o aumentas la oferta o te vas al carajo.—

—Calma, calma Licenciado, no debes enojarte porque el que se enoja pierde,— el norteamericano sonrió — pero tus argumentos me parecen válidos. Aún así pienso que el triple de lo que te ofrecí es demasiado, te daré sólo el doble y dime ahora si aceptas or not, que porcentajes más grandes que el 30% se han perdido y ya tengo contactado a tu rival más cercano en las encuestas. Tú decides, licenciado.—

—Está bien, cerramos el trato. Quiero el dinero depositado el día de mañana.—

—Exiges so much Licenciado, pero lo haré. Sólo espero que no me falles.— el Sr. Tracy parecía preocupado.

—No lo haré, descuida güero.— dicho esto, el candidato se levantó y me dijo — Hernán, llama a uno de los muchachos y que firme los papeles que te dará este Mr. Tracy, ¿A qué hora es nuestro vuelo a la capital?—

—Está programado en 25 minutos.— respondí.

—Bien, estaré listo. Apresúrate con lo que te ordené.— el licenciado partió hacia su habitación para prepararse a salir del hotel.

No era la primera vez que el Licenciado Barbosa me ordenaba buscar un “prestanombres” que firmara algún contrato dudoso a nombre de él, pero en esta ocasión, la situación era distinta. Una vez que el sujeto que conseguí firmó los documentos del Sr. Tracy, este se despidió amablemente de todos, me entregó una copia de los documentos y partió con rumbo desconocido. Mi sorpresa fue mayúscula al leer aquellos contratos en los que la empresa del Sr. Tracy se comprometía a entregar una cantidad obscena de dinero y de manera ilegal, directamente al Licenciado Barbosa a cambio de permitirle el acceso al 80% de las nuevas minas de oro y plata descubiertas en el país en los últimos siete años, me enfurecí al saber que, prácticamente, el Licenciado Barbosa estaba vendiendo al país sin siquiera ser presidente todavía, lástima que tenía razón, él iba a la cabeza en todas las encuestas. No pude evitar pensar en todas las personas que verían expropiadas sus casas para dar paso a la explotación de esas minas, así como la enorme cantidad de recursos naturales y materiales que el país perdería una vez que la empresa del Sr. Tracy entrara en nuestro territorio. —Y todo por la codicia de un solo hombre.— dije para mí mismo. Durante todo el vuelo a la capital, mi mente no dejaba de imaginar los terribles escenarios que se vivirían cuando el Licenciado Barbosa llegara a la presidencia pues, aunque el contrato firmado con el Sr. Tracy era el más corrupto y el peor de todos, había muchos otros que beneficiaban al candidato a costas de los recursos del país. Como por arte de magia, los defectos del candidato parecían hacerse cada vez más evidentes para mi, tomaba demasiado, tenía una conducta misógina y la mayoría del tiempo era déspota y autoritario con quienes trabajamos humilde y fielmente para él. En ese momento tomé la decisión.

—¡Y si me eligen presidente, con su ayuda, haré de esta ciudad capital, la ciudad más segura de todo el continente!— el discurso que el candidato ofreció en la capital había tenido el mismo éxito que en el resto del país, era increíble como una persona podía tener dos caras diametralmente opuestas y alternarlas de manera tan simple como ese malnacido lo hacía.

Cuando terminó su discurso, pasó a saludar a todos los que le acompañaban en el estrado y yo caminé detrás de él, estaba a punto de comenzar su clásica travesía entre la multitud, estoy seguro que nadie sabía lo que se aproximaba. Aunque la gente lo empezaba a rodear, sus guardaespaldas estaban atentos, si alguien iba a atentar contra nuestro candidato podía ser cualquiera, menos la persona más cercana a él: Yo. Con el factor sorpresa de mi lado, me acerqué al Licenciado y saqué la pistola que me correspondía para utilizarla cuando yo lo creyera pertinente, y esta era una ocasión así, presioné el gatillo a quemarropa del Licenciado Barbosa directamente en su espalda, a la altura del corazón, el estruendo asustó a los presentes que se dispersaron mientras el candidato caía boca abajo en un charco de sangre, rápidamente solté el arma y coloqué mis manos en la nuca, uno de los guardaespaldas se me arrojó encima y me inmovilizó. De inmediato llamaron a una ambulancia pero, no pudieron hacer nada, cuando la unidad llegó, el candidato estaba sin vida.

Me arrestaron, me encerraron y me sentenciaron, estoy cumpliendo una condena de setenta años de cárcel por asesinato, el Licenciado Barbosa ahora es recordado como un mártir y, según mi familia, muchas personas consideran que él pudo ser el cambio que sacara a este país del terrible rezago que nos sigue aquejando, desde ese día ha sido muy duro para mi vivir señalado y acusado por la opinión popular de arrebatarle al país al líder que nos llevaría a ser potencia mundial. La verdad morirá conmigo, nadie me creerá si confieso la oscura realidad e, incluso, pondré en riesgo la vida e integridad de mi familia. Afortunadamente mi consciencia está tranquila, sé que actué por el bien de la nación aunque nadie lo sepa ni lo entienda, jamás me construirán una estatua y mi nombre aparecerá en los libros de texto como un villano más en la historia de nuestro país. De una cosa estoy seguro, si el tiempo regresara a ese preciso momento en el que jalé el gatillo, sin duda lo volvería a hacer.

3 Comentarios
  1. Joder Aeron! de lo mejorcito que he leído, no soy quien para hacer crítica, es solo una opinión personal, pero me ha encantado, y está muy bien escrito.
    Voto y te sigo

  2. Aeron: ¿eres mexicano? lo pregunto porque en tu relato retratas con gran fidelidad lo que ocurre actuamente en este país, con incidentes de un 23 de abril en la colonia Loma Taurinas de Tijuana.
    Te felicito, aún cuando no te refieras a México. Tu descripción de lo que son los políticos en campaña es terrible, por real. Te felicito.
    Un saludo y bienvenido a esta red de hombres de valor literario.
    Atentamente
    Volivar (Jorge Matínez. Sahuayo, Michoacán, México) Mi voto

  3. Excelente relato, Aeron, y muy oportuno por los tiempos electorales en Mexico. Ojala y pudieras publicarlo en alguno de los diarios mexicanos. Te felicito, te doy mi voto y te mando un abrazo muy mexicano.

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