El primero en entrar en el aula fue un tímido rayo de Sol, amarillo como él solo. Atravesó el cristal del amplio ventanal trasero, cruzó raudo toda la clase y fue a parar violentamente contra la pizarra, donde descansaría toda la mañana y sería testigo del “casi suspenso” de un enamorado.
“Se abrió la majestuosa puerta, y lo que hacía unos segundos no eran más que murmullos se convirtió en una clase completa. Feos, altos, guapos, gordos, bajos, listos y tontos. Toda clase de alumnos cruzaba los estrechos pasillos formados por la disposición de los pupitres para llegar a sus asientos. Parecían un pelotón ciclista, todos juntos.
Una vez sentados, un rezagado con cara de pocos amigos sobrepasó el umbral del portón de caoba y, despacio, se dispuso a tomar asiento. Pero no llegó a reposar su trasero contra la silla.
- ¡Usted! ¡Señor, el que está de pie!
Toda la clase se llenó del más negro silencio. El temido profesor de lengua había entrado justamente detrás de aquel chaval de apariencia lúgubre.
Al notar que esas palabras se dirigían a él, giró la cabeza con una mezcla de miedo e indiferencia, despacio.
- Dígame, señor.
- ¿Cómo es que, estando yo ya en clase, está usted aún de pie? ¡Explíquese!
No estaba de humor para contestar, y aunque lo intentó, ni su boca ni su cerebro estaban por la labor de hacerlo.
Volvió a sonar el más fuerte de los silencios.
- Mmmmm… Ya veo que es un rebelde… Muy bien, usted se lo ha buscado. Le haré una pregunta, si la responde bien, puede tomar asiento, pero si no, quedará usted automáticamente suspendido, por lo que no vendrá más a mis clases. ¿Entendido?
No era su mejor día, pero qué iba a decir. Asintió.
- Muy bien. Mi pregunta es muy fácil. ¿Puede usted definirme la palabra “Magia”?
Algo saltó en su interior. Su corazón y su cerebro se pusieron de acuerdo. “Esta me la sé“, se dijo, y se dispuso a contestar.
- Pues, señor, yo creo que la magia es eso que siento yo por determinada persona. Es la capacidad que tienen esos ojos verdes de hacerme frágil, la sensualidad que emana ese simple mechón de pelo rubio. El vértigo que me produce el recorrer sus curvas con mis manos. Señor, creo que la magia es aquéllo que me une a esa persona. La magia no puede ser otra cosa.
Con ese punto y final, hasta el silencio enmudeció. Todos se miraban, nadie sonreía. Algunos temblaban de nervios, pero todos esperaban impacientes la respuesta del profesor.
Tras un minuto exacto, el reacio maestro abrió la boca y dijo:
- Muy bien hijo, no tomes asiento. Quedas suspendido en mi asignatura, no te tomes la molestia de volver. Lo que has definido no es “Magia”, sino “Amor”.
Como si hubiera recibido un golpe seco, el chico volvió sobre sus pasos, y justo cuando pasaba por delante del hombre que acababa de examinarlo, dijo:
- Lo siento señor, pero estoy en una época de mi vida en la que “Magia” y “Amor” son sinónimos.
Y cruzó el oscuro portón.
El profesor, dubitativo, y demostrando que, aunque en algún resquicio perdido de su alma, aún tenía humanidad, salió de la clase y gritó en el pasillo:
- ¡Eh, chico, vuelve! Tienes un sobresaliente.”
Y esa es la historia de cómo un rayo de Sol asistió al “casi suspenso” de un enamorado.



Edu, hoy he vuelto a ser aquella chiquilla que casi suspende no por un examen, sino por mirar embobada a el chico de enfrente!! Sigue así!! Un abrazo!!
Excelente relato. Felicitaciones y un abrazo.