El cementerio de un vivo
5 de Abril, 2012 4
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No puedo creer que estoy haciendo esto, es repugnante, tantos oficios que hay y vine yo a agarrar esto. Siempre pensando en la facilidad, pero ahora siento que todo mi cuerpo tiembla, ni siquiera quise estudiar medicina por evitar estar en contacto con un cadáver. Dios perdóname. “El Señor es mi Pastor; nada me faltará, en lugares de delicados pastos me hará descansar… Aunque ande en valle de sombra de muerte…”

—¿Eres idiota o qué?, si tienes miedo vete a tu casa a coser vestiditos con tu mamá —me dijo Ramón mientras me daba un duro puñetazo en el pecho. Me alumbró con su linterna y yo sin querer tropecé con una cruz y tumbé un jarrón de muy grande; baje la cabeza y seguimos caminando por el Cementerio General del Sur.

Mi compañero, Ramón, alumbró con su linterna una tumba, luego me tiró una pala. Le dije que ya estaba arrepentido que no quería hacer lo que me pedía, que era un acto macabro, pero me recordó la enorme deuda que tenía que pagar, y además que mi madre necesitaba medicinas para seguir viviendo.

Excavé la tierra y la pala entró en contacto con la urna. Ramón alumbró el ataúd, y con su pala voló los cerrojos del féretro, vi el cadáver de ese hombre, el miedo y asco recorrió mi cuerpo al ver los ojos de ese finado, tenía los ojos abiertos. Envolvimos el cadáver y dejamos todo como estaba.

Ya se asomaba la luz del sol en Caracas. Atravesamos un muro que comunicaba al cementerio con un peligroso barrio que lo limitaba por el oeste. Ramón les pagó a unos hombres y le agradeció el habernos cuidado de otros delincuentes.
Nos montamos en el automóvil, que milagrosamente seguía estacionado donde lo habíamos dejado, pero antes metimos el cadáver en la maleta del carro; luego salimos del peligroso barrio.

Miraba mis manos llenas de barro y me sentía sucio. Ramón, en cambio, estaba como si nada, eso era normal para él, ya llevaba años en el negocio. Noté que él se desvió de la carretera y empezamos a subir por una calle que da al Parque Nacional el Ávila. Luego de pasar esa peligrosa carretera llegamos a una casa muy vieja. En la puerta nos esperaba el doctor, tenía los ojos hundidos y ojerosos, y usaba una bata gris, creo que estaba sucia, pero no me importaba, la verdad es que había algo en él que nunca me gustó.

¿Todo salió bien? —preguntó el doctor con voz ronca—. Ramón asistió con la cabeza, abrió el baúl le mostró el cadáver.
—¡20 puntos!, llévelo al laboratorio —dijo.

Yo dudé que en esa casa hubiera un laboratorio. Luego el doctor me dijo —Sé que se siente como si hubiera cometido un crimen, pero no se preocupe, es sólo un trabajo más.

—Me voy, tengo que buscar un trabajo limpio y agradable. Quizás limpiando baños será mucho mejor —Dije.

Ramón me detuvo en la puerta —¡Cuidado con contar algo a alguien!, sino eres hombre muerto, acá está tu dinero —dijo.

Ramón me entregó un 10 mil de bolívares por el trabajo de esa noche. Me subí al auto y rápidamente y me fui de allí.

Llegué a mi casa y me dispuse a descansar, pero antes me di un baño con agua tibia, como a las seis de la tarde me senté en una silla que pertenece a mi pequeño y viejo comedor, comencé a llorar y pensaba en lo sucio que estaba, tenía remordimientos de conciencia ya que yo podía haber evitado que se cometiera ese crimen.

Me atreví a llamar a la Guardia Nacional para denunciar al doctor y a su socio. Agarré la bocina —¡Aló! Quiero hacer una denuncia —dije.

Del otro lado del teléfono se escuchaba la voz antipática de un guardia. Hable con la policía —dijo.

—No, es que están profanando tumbas en el Cementerio General del Sur —dije.

—Qué ridículo —me respondió y colgó.

Al rato volvió a sonar el teléfono —¿Marlon? —se escuchaba una voz muy preocupada.

—¿Sí? ¿Quién es? ¿Ramón? —pregunté.

Ramón habló rápidamente, con señal de miedo en su voz: —¡Ven aquí, rápido!

Había mucho ruido y gritos y no escuché más el teléfono.

Tomé rápidamente mi carro y llegué a la casa, noté que todo se veía tranquilo y había una luz encendida en la sala; abrí la puerta cuidadosamente. Todo estaba vacío, callado, pero desordenado, vi sangre por todos lados, llegué al laboratorio y todo también estaba arrasado, entonces vi una cosa negra que parecía petróleo y que cubría el piso, el olor era repugnante. Allí, en el laboratorio, todo estaba semioscuro. Abrí la puerta con cuidado y entré a otro cuartito. Estaba muy oscuro y no sabía dónde buscar el interruptor de la luz. Me acordé que en el carro tenía una linterna, corrí a mi auto a buscarla, en ese instante estuve a punto de arrancar el auto y largarme. De repente, oí un grito que provenía de la casa, tomé mi linterna y corrí hacia la casita.

Entré y alumbre al cuarto oscuro, deseaba tener a mano una pistola. Y entonces me tropecé con algo, era Ramón, estaba moribundo.

Delante de mí escuché el disparo de una pistola. Corrí hacia allí y me caí al resbalarme con un charco de sangre y me encontré con el doctor sentado en el suelo y con su pistola apuntaba a todos lados.

Él me escuchó y se dio vuelta con prontitud —Todo salió mal, la ciencia no es perfecta —dijo.

—¿Qué pasó aquí? —pregunté.

De repente entrando al cuarto del laboratorio entró una cosa espantosa, era como una especie de babosa gigante, pero algo rápida, era plana, muy negra que se retorcía, se le abalanzó al doctor encima y lo aplastó y absorbía sangre con su cuerpo, era una babosa conseguida en la vegetación del Parque del Ávila y fue alimentada con carne humana muerta que el doctor robaba del cementerio.

Recogí la pistola y disparé varias veces, pero la criatura no respondía a los disparos. El doctor gritaba algo mientras era aplastado y comido por el monstruo.

—¡Por el amor de Dios, dispárele! —gritaba. Ahora si nombró a Dios y creía en él, que ironía. Corrí hacia mi auto y me fui de allí a toda velocidad.

Me imagino que las personas que se han perdido en el Ávila a lo mejor habrán sido atacadas por esta criatura gigante ya que no pude hacer nada para matarla.

4 Comentarios
  1. un poquito mal editado pero la lectura me atrapó, muy buen relato

  2. Me recordó sin querer a la pequeña tienda de los horrores.

    Bien logrado.

  3. La narración atrapa

  4. Muy impresionante. Con pequenos errores de dedo, pero muy bien relatado.

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