¡Regístrate y empieza a Publicar ahora!
El Coronel Norton
Solo piensa en recorrer el río, aunque tenga que remontarlo hasta Blessington. Llega al D.A.R.T. cruzando la vía, con cuidado, para acceder al paseo marítimo. Desde allí divisa la desembocadura. “No creo que esté pescando por aquí, pero no me arriesgaré.” Remonta el río Dargle, hacia el Oeste, hasta llegar a un recodo frente a Glenwood, donde se juntan los dos ramales. Allí, de pie dentro del río, vestido con unas botas-pantalón de pescador y lanzando suavemente con una caña de mano, está el Padre O´mulligham. Se detiene. Por unos segundos duda, ya que no sabe que decirle. Sin embargo, el sentimiento es tan pesado que termina por abandonar la bicicleta y dirigirle unas palabras.
- Buenos días, Padre O´mulligham.
- Pss, silencio. El Coronel Norton está por aquí cerca. Lo sé, y no se me escapará. Esta mañana he estado hablando seriamente con el Señor y me ha prometido que lo cogería –responde sin apartar la vista del río.
- Pero Padre, es importante.
- Ya, ya. Un momento, hija. No se va a acabar el mundo… –suspira- Pero si tanta prisa tienes, ven y háblame bajito –Shannon se sienta en la orilla.
- Verá Padre. La otra noche, vino a verme mi ex-marido, Robert…
- ¡¿Pero qué dices?!
- ¡Cuidado, que se resbala, Padre! –hace el amago de sujetar al anciano párroco.
- Bah, deja que me valgo aún, y ve aclarando eso de tu ex-marido.
- Pues que vino porque quería que volviéramos a estar juntos. Yo le dije que tenía una nueva vida aquí, en mi pueblo y que no pensaba volver con él a Estados Unidos.
- Muy bien, hija. Irlanda necesita jóvenes casaderas.
- Sí, pero eso no es todo.
- Venga, que no tengo todo el día –mira insistentemente hacia el agua, buscando algo que no logra encontrar.
- Verá es sobre Brian.
- Y ahora qué pasa con Brian, si se puede saber –vuelve a mirar y el corazón le da un respingo al ver moverse algo entre los juncos del centro– Sí, maldito diablo, ahí estás.
- ¡Padre! –exclama sorprendida.
- Sí, sigue que te escucho –Shannon no parece creerle.
- Pues que para despedirnos, le di un beso a Robert y le abracé, y no sé porqué me da la impresión que Brian sabe algo de eso… No quiero que nadie se lo diga, no sé si me entiende.
- Pero, hija. ¿Cómo se te ocurre meter a esa alma bendita de por medio? A ver, dime en qué te basas para decir que Brian puede saber algo del asunto –continua medio encorvado.
- Una vez le conté cuales eran mis flores favoritas. Pues esa noche, después de despedir a Robert, salí a caminar un rato y al volver, vi un pequeño ramo de esa especie en el suelo, cerca de casa y frente a una de mis ventanas.
- Ya, y con eso pretendes montarte el numerito. Eso es, sigue moviéndote pequeña, que ya eres mía.
- Padre, ¿me ha escuchado bien?.
- Sí, sí, tú sigue.
- De acuerdo. Al día siguiente, es decir, ayer viernes, encontré a Brian muy distante y huraño conmigo. No quiero que piense ninguna cosa rara, y mucho menos que esa bruja….
- Bingo, ya te tengo, maldito. ¡Shannon trae la red! Vamos, hija, que se escapa.
- ¿Dónde la tiene? –pregunta buscándola nerviosa.
- Por ahí, tras de mí –indica con una mano sin volverse a mirar.
- ¿Dónde?
- Pues… –se gira, resbala y va a meter todo su rechoncho cuerpo en el agua.
- ¡Padre!, ¿se encuentra bien?
- Si, hija, ayúdame a levantarme. Ése mezquino del Coronel Norton se me ha vuelto a escapar. ¡Sí, corre, que ya te cogeré! Ay… –suspira- Bueno, y ahora que has logrado captar toda mi atención, dime, que tiene que aquí ver una bruja.
- No es una bruja, es Sarah, la abogada. No quiero que le diga nada a Brian porque lo enredará todo en su propio beneficio.
- Ya, beneficio. ¿Y a ti que más te da? ¿No estás harta de decirme que no te gusta Brian?
- Bueno, no sé. Hasta ayer estaba más bien segura. Pero estos dos últimos días me he planteado algunas cosas. Es simpático, inteligente, amable y con él me siento cómoda y segura. Ahora que no lo encuentro me siento algo perdida.
- Un momento. ¿Qué significa que no lo encuentras? –pregunta mientras para de secarse con una toalla.
- Pues que ayer noche no fue al pub, como es su costumbre. Nadie sabe dónde está, y encima su hermana, lo único que dice saber es que salió muy raro el viernes a mediodía, dejándose el móvil en casa y sin decir a donde iba, solo que volvería el domingo por la tarde. Y yo quiero morirme, Padre, necesito verlo y explicarle lo que pasó. Le necesito a mi lado –a Shannon le empiezan a temblar las piernas, y el Padre O´mulligham la abraza.
- Bueno, hija. No te preocupes que veras como todo se resuelve con la ayuda del Señor. Conozco a Brian, y sé que no hará ninguna locura de la que nos podamos arrepentir. Es cuestión de tiempo que vuelva y cuando lo haga ya hablaré yo con él. Ahora, si no te importa, creo que ambos necesitamos tomar algo caliente. Vamos, anda.
Shannon y el Padre O´mulligham recogen las cosas y caminan junto a sus bicicletas hasta la puerta lateral de la iglesia. Allí se cambia de ropa el párroco y luego toman un poco de té caliente, tras lo cual regresa Shannon a casa de su tía. Pasa el día, llega la noche, y Shannon sigue esperando, mirando por la ventana…
Fanathur.
“Historias que nunca ocurrieron”
3 Comentarios



Excelente, vaya a saber por qué, pero la lectura del cuento me remontó a una frase de Miguel Unamuno “Si no hubiese más que un solo hombre y una sola mujer en el mundo, sin más sociedad, sería imposible que se enamorasen uno de otro.” Saludos y muchas gracias por compartirlo.
Gracias a tí, Nanky, por tu comentario. En realidad es un tributo al maestro John Ford, un “hombre tranquilo”.
Fanathur, un ameno y ágil relato en el que sus protagonistas te hacen pensar en tantas cosas de lo ordinario que nos ocurre día a día… uno, muy peocupado con sus problemas que intenta comunicarlos al otro para obtener, a menos un oyente, y ese oyente, apenas si se entera de nuestra presencia, metido en su mundo, importándole un comino lo que nos ocurre. Narración muy interesante que logra que tomemos en cuenta que nuestros problemas, son nuestros, y de nadie más… que a nadie le importan.
Felicidades… en una escala del 1 al 10, yo lo colocaría en el 10.
Atenamente.
Volivar