-¿Quién quiere otro canapé?- dijo mamá después de la última bomba que hizo temblar el ventanal del salón.
Esa noche se había puesto el vestido rojo porque era el cumpleaños de papá y quería estar guapa para él. Había invitado a mucha gente y se había pasado todo el día en la cocina, pero como mi hermana se había encerrado en su habitación y no quería salir, yo le había ayudado a prepararlo todo.
Mamá estaba guapísima y todo el mundo se lo decía mientras ella les recordaba que debían cantar cumpleaños feliz en el momento de la tarta.
Habíamos elegido un disco de canciones que estaba muy bien, pero nadie bailaba, todo el mundo estaba muy callado y por eso le pregunté a mamá por qué los invitados no se divertían. Ella me dijo que estábamos en guerra y por eso la gente estaba asustada, pero que cuando sacase la tarta y soplásemos las velas con papá, seguro que todo el mundo estaría más contento. Me dio un beso y se fue a la cocina.
Durante un rato estuve paseando entre los invitados que había en mi casa, con mis zapatos recién limpios y mi pajarita de los domingos como me había dicho mamá, mientras me comía un bocadillo de aceite con sal. Menos mal que nuestra casa era grande porque había venido mucha gente, sobre todo amigos de papá.
De pronto, una mujer se agachó y, después de decirme que era el hombrecito más elegante de la fiesta, me preguntó cuántos años tenía. Cinco años y medio, respondí. Entonces sonrió diciendo lo mucho que me parecía a mi padre y se bebió de un sorbo la bebida que había en su copa. Yo también sonreí, pero en realidad pensaba que papá y yo no nos parecíamos en nada. Él cumplía un montón de años y yo todavía era pequeño.
Cuando llegué al ventanal, me quedé un rato viendo las luces de los disparos. Siempre iba al ventanal cuando no sabía qué hacer.
El cielo y las casas eran de color naranja y a lo lejos había mucho humo. De vez en cuando se escuchaban explosiones que no se sabía de dónde venían, algunas personas corrían y varios coches del ejército iban de un lado a otro de la ciudad.
En el salón empezó a sonar una canción que me gustaba mucho y alguien dijo que era su canción favorita. Parecía la voz de papá.
De pronto, una bomba que volvió a hacer temblar los cristales, derrumbó una escuela como si fuese un puzzle y todo el mundo se acercó al cristal para verlo. Entonces, me acordé de mi cuaderno de la guerra.
Siempre escribía en mi cuaderno todo lo que desaparecía porque así la gente podría recordarlo y sería como si no hubiese desaparecido nunca, como si pudiese salvarles de la muerte.
Fui corriendo a mi habitación, pero cuando pasé por delante de la cocina vi a mamá preparando las velas de la tarta con los ojos muy rojos. Me acerqué a ella y le abracé diciéndole que era la fiesta de papá y había que estar contento como él. Ella me dijo que estaba muy contenta, pero que le había entrado un poco de humo de las velas en los ojos y por eso los tenía un poco irritados.
Enseguida terminamos de preparar la tarta entre los dos y mamá me dijo que fuese a apagar la música y las luces para que la sorpresa fuese más bonita. Cuando lo hice, ella entró con la tarta iluminada y todos los invitados cantaron “cumpleaños feliz” en voz baja. Yo era el que cantaba más fuerte, lo estaba haciendo todo muy bien, como me había dicho mamá, pero no pude ver la cara de sorpresa que ponía papá.
De repente, alguien encendió la luz y vimos a mi hermana vestida de negro con los ojos tan rojos como mamá.
Los invitados dejaron de cantar y ella empezó a gritar que estábamos locos por celebrar esa fiesta. Mamá se enfadó mucho y le dijo que volviese a su habitación, pero entonces mi hermana dijo una cosa muy fea que había pasado el día anterior y mamá le pegó en la cara.
Otra bomba hizo temblar el ventanal y todo se quedó en silencio.
Mamá se sentó en una silla tapándose la cara con las manos y algunos invitados se acercaron a decirme cosas, pero yo solo podía ver la tarta en el suelo con las velas apagadas.
Esa misma noche, después de que mamá me leyera un cuento y me diese el beso de buenas noches, cogí el cuaderno de la guerra y, en la noche más silenciosa que recuerdo, escribí el nombre de la escuela y el nombre de papá.



Contado desde el punto de vista de un niño, el relato se endurece todavía más. El final es sobrecogedor y de gran tristeza. Me encanta como vas encadenando los momentos hasta desembocar en el desenlace, la perspectiva de un niño puede parecer incluso tierna y eso hace que el relato sea todavía más turbador. Me ha gustado mucho y me parece un texto de calidad. Mi enhorabuena y voto.
Un relato triste y enternecedor al mismo tiempo. Has conseguido robarme un par de lagrimas. Felicidades y mi voto.
Hola Armando.
Un relato desgarrador.
Logras con tu prosa provocar dolor, recuerdos. nostalgia.
Es muy bueno.
Abrazo y voto
Armando Arjona: qué relato, amigo; tienes al lector asustado… esperando…. siempre en suspenso. Te felicito por esa maestría narrativa de la que eres dueño y señor.
Me ha gustado mucho eso de : “en realidad pensaba que papá y yo no nos parecíamos en nada. Él cumplía un montón de años y yo todavía era pequeño”.
Mi voto (ah, y no desaparezcas de esta red por mucho tiempo; necesitamos tus narraciones, te lo aseguro).
Volivar
Muchas gracias a todos por los comentarios!
Volivar, intentaré pasar por aquí más a menudo… Un saludo!
Excelente cuento.
Saludos!
Muchas gracias THEVILLACRESPORKER!
Un saludo!
Muchas familias en el mundo padecen estos infortunios ante los rigores de la guerra. Triste, sobrecogedor, y dramático.
Te felicito, maravilloso relato.
Me ha gustado.
Mi voto.
Un relato medio inocente, entretenido y cabizbajo!
saludos
Sobrecoge intensamente al escucharlo desde la voz de un niño.
Poco a poco, la tensión va haciéndose más y más grande. Sabemos que se avecina algo, pero no sabemos exactamente qué.
Muy bueno, Armando.
Un abrazo,
Luna
¡Muchas gracias Martha Molina, Julioko y Luna de lobos!
Creo que la visión de un niño/a ante la pérdida de un ser querido es siempre un misterio, ya que no tienen el mismo concepto que los adultos sobre la muerte.
¡Un saludo!
Llevo poco por aquí, pero tengo para mí que esta página destila un pesimismo y una tristeza insólitos.
Un saludo.
Hola Cardamomo!
Yo me encuentro cómodo en este estilo, no puedo hablar por el resto de escritores, pero seguro que si indagas un poco más encontrarás relatos mucho más alegres y esperanzadores.
Un saludo!
Muy bueno, me deja sin palabras ante tales circunstancias saludos y mi voto
Muchas gracias Betty!
Me alegro de que te haya gustado el relato
Un saludo!
Increible relato. Muy bien narrado y con un final desgarrador. Te felicito porque es una muy buena historia y además muy bien narrada
Muchas gracias, Fer! Es un orgullo que un lector de tu talla lea mis relatos