El devorador de pensamientos
13 de Septiembre, 2012 3
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Nicolás se sintió repentinamente un fracasado a los 12 años de edad, cuando la profesora le dijo, delante de los demás niños de la clase, que carecía de imaginación. Y ese sentimiento se le quedó atrapado en el estómago y se fue enraizando año tras año, hasta llegar a hoy. Día en que Nicolás pesa 113 kilos, exhibe con orgullo un bigotazo negro que le tapa el labio superior, y su principal actividad es devorar pensamientos a una velocidad vertiginosa. Y cuando se siente bien divaga por las calles difundiendo su arte.
De la cocina solo vienen gritos y reproches en tonos insoportablemente agudos, su mujer le machaca continuamente, le es infiel por supuesto, y le prepara comida fácil de deglutir, grasienta y rápida de cocinar, para que coja ligerito la puerta.
-¡¡Nicolás!!- el grito electrizado atravesó el pasillo hasta alcanzar el baño.
-¡¡¿qué quieres ahora?!!- respondía simulando sorpresa, estaba concentrado en pasar la cuchilla de afeitar a un milímetro de la oreja.
-¡En qué coño piensas, que llegas tarde al trabajo! – subía el tono y además ese grito llegaba ya cargado de la pegajosa humedad propia del mes de julio, lo tenía muy calculado la Felisa.
-¡Que trabajo, si llevo cuatro años en paro!, ¡y cómo voy a pensar, si me estoy afeitando!.
-¡Nicolás, el chapú pal’que te llamaron ayer!, ¡¿es que no piensas ir?!- el gritó atravesó veloz el pasillo empujado por una ráfaga de aire caliente.
-¡¿Niña, tú estás esperando al electricista otra vez?!- rebufó con hastío.
-¡¡Nicolás no me tientes, que me conoces!! – subió el volumen varios grados y bajó el tono, más agudo ahora- ¡¡¿Qué electricista ni que niño muerto??!!-
-¡Pues quién va a ser hija, Salva, ese que viene a revisarte la caja de fusibles todas las semanas!, o es que te crees que no lo sé….- esto último ya le salió en voz baja, y esta vez no hubo grito de vuelta, solo un silencio recalentado por los trentaycuatro grados de temperatura, Nicolás terminó de afeitarse con una pasada limpia de cuchilla por el cuello, rodeando la nuez con perfección, mientras engullía los donuts del desayuno, y un pensamiento filosófico que le vino de sopetón.
Hoy sería un buen día, el débil sol de levante dibujaba, al atravesar los visillos de nylon, sombras caprichosas que bailaban sobre los azulejos blanco españa que rodeaban el water, ese era su gran momento del día, suspiró aliviado y más ligero. Se puso la americana azul marino bordada con el emblema de la casa real, metió los pies de un salto en sus chanclas hawayianas favoritas, se encajó coquetamente las Ray Bann que se encontró en un banco de la Alameda, y sonriendo por fin, se metió en el bolsillo de la chaqueta una porción de pizza margarita con doble de salami, que sobró de la cena.
Saldría a cantar y darle golpecitos rítmicos a la guitarra en la zona del paseo marítimo, había fichado una terraza nueva, Capriccio, en la calle trasera, a la sombra de los enormes eucaliptos del Skol, donde hacían las mejores masas de pizza de la ciudad. Como era nueva tenían poca clientela y podía dedicarse con más ahínco a su actividad favorita: mascullar pensamientos profundos mientras deglutía una pizza familiar.
3 Comentarios
  1. Saludo y voto, luego lo releeré con más tiempo, no me fue simple la primera lectura, o estoy buscando algo que no encontraré, no sé. Un gran abrazo desde Buenos Aires.

  2. Relatourbano: nos describes a la perfección los gritos en el matrimonio originados tal vez porque el marido no gana suficiente dinero,para las necesidades más urgenes en los hogares, y, así, muchas veces las mujeres tratan de conseguir dinero a como sea, aún siendo infieles.
    Mi voto
    Volivar

  3. Muy buen relato, Relato, felicitaciones y mi voto.

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