Día 1:
Nunca podré olvidar ese paraguas rojo con pintas blancas. Pensarán que hay miles iguales. No. Ese era especial, brillante, jovial y distinguido. Fue mi primera visita al bosque de coníferas y sé que volveré otra vez.
Día 2:
No pude dormir pensando en mi visión de ayer. Quisiera recordar más detalles; no estoy seguro de lo que vi. ¿Era un paraguas rojo o un sombrero? No importa, era grandioso. Dentro de un rato saldré a caminar e iré por la misma senda. Tal vez tenga suerte y lo vuelva a ver.
Día 3:
Ayer fue mi día de suerte. Cuando cruzaba el bosque de pinos, me senté a descansar y apoyé la cabeza sobre el tronco de un árbol. De repente apareció ELLA, grácil, sigilosa y etérea con una cesta en la mano, cubierta por una tela de lunares con un bordado que decía “AMANITA”.
Día 4:
Mi encuentro con Amanita fue excepcional. Intuyo que ese es su nombre. Cuando me vio, se hizo la interesante. Creo que le gusté a primera vista. Intercambiamos unas palabras sobre el tiempo, la venida de la primavera y el peligro de la deforestación. Es tan frágil, tan linda. Quiero volver a verla.
Día 5:
Estoy feliz. En casa se dieron cuenta de mi cambio de humor y me preguntaron cuál era el motivo. Les dije que se llamaba Amanita. Mi padre puso el grito en el cielo y dijo que ese nombre no era bienvenido en la familia Room. Ellos sabían muchas cosas de Amanita y no la aceptarían en su hogar.
Día 6:
Estoy desolado. Es muy triste saber que mi familia nunca aceptará a Amanita. Creo que son injustos con ella. Tendré que averiguar cuáles son los motivos de ese rechazo.
Día 7:
Ayer pasé el día entero buscando en Internet. La mayoría de los resultados decían que Amanita es venenosa, nociva para la salud y alucinógena. Su consumo puede provocar mareos, pérdida de conciencia y calambres, náuseas y vómitos. Lo que parecían ser inocentes pecas blancas, son tremendas verrugas y esos anillos que tiene en el pie no son accesorios, sino parte de su base bulbosa. Estoy devastado.
Día 8:
Es muy difícil aceptar la propia equivocación, pero es algo humano y sería de locos persistir en el error. Ahora entiendo todo, su presencia me embriagaba, sus toxinas actuaban sobre mi sistema nervioso y no podía ser yo, era otro. Gracias al apoyo de mi familia, pude superar ese trance.
Moraleja: No te fijes en el envase, lo que realmente vale es el contenido.



Jajajaja, está muy bien. Yo no habría puesto la frase final con la moraleja porque queda sobreentendida, pero es verdad que yo no he sido capaz de escribir algo así, así que, ¡genial!
Muy bueno!