El empleado
27 de Marzo, 2012 29
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Desde que José tenía uso de razón, había estado al mando de la familia más próspera del pueblo, la de apellido Ortega; como setenta y pico de años había soportado el sobrenombre de “criado”; aunque, el día menos esperado, algo, algo muy extraño, lo hizo renunciar al mote mencionado.

Los señores Ortega tenían una enorme tienda, en la que, como en los modernos negocios de autoservicio que vemos en la mayoría de las ciudades, había todo lo que necesitaban los marchantes, pero con la diferencia de que allí, en la tienda que les digo, amigos, lo que iban a comprar lo pedían a los empleados, no lo tomaban por su cuenta.

-¡Señor Ortega, deme una reata gruesa para uncir los bueyes, porque ya se me rompió la que el otro día me fio!

-¿Y cuándo vas a pagar?

-Un día de éstos; ¡usted apúntemela en la libreta!

-¡Señorita, quiero cinco pesos de leña de parota!

-¡Atiéndame primero a mí, señito; yo llegué antes que doña Libradita! Necesito jitomates y cebollas, y unos chiles verdes para el caldo; ¡de prisita, si me hace usted favor, porque no tarda mi marido en llegar a casa, y me regaña si no le tengo preparada la comida!

-José, ¿qué pasó con los clavos que te pedí hace un rato? Apúrate; los ocupo para clavarle unas costillas (delgadas tiras de madera) nuevas al techo de mi casa, habida cuenta de que las que tiene ya están podridas y de que no tardan en llegar las lluvias.

-José, ¿tienes aspirinas?

-Precisamente es tienda, mujer, ¿cuántas quieres?

José siempre había hecho eso: moverse, ligero, atendiendo a la clientela.

Llegó a ser tan indispensable que nada se encargaba si él no aprobaba la lista de los artículos solicitados a los proveedores.

Mas, con el correr del tiempo fue perdiendo agilidad, como es lógico entenderlo, por lo que a últimas fechas ya no eran muchas las actividades que se le encomendaban.

Además, se levantaba malhumorado de la cama, en donde no podía dar con el sueño, porque en cuanto cerraba los ojos se lo espantaba el recuerdo de lo que le ocurría en la casa de sus amos.

Es de advertirte, lector amigo, que ya no atendía a los clientes en la tienda, que tampoco hacía mandados, ni estaba al pendiente de lo que se le ofrecía a doña Panchita, su patrona. ¡Y vaya que se le ofrecía cada cosa a la señora, por Dios santo! (No, no se trata de masajes en la espalda, no seas malpensado, amigo que esto lees. José ya no estaba para esos trotes).

No podía hacer ya casi nada, y todo el santo día se la pasaba en el bonito y bien cuidado jardín que tenía la señora detrás del fresco y sombreado corredor de la casona.

La manguera, que soltaba una pizca de agua, la dejaba en un guayabo y él se sentaba debajo de un mango en donde sí le llegaba el sueño con todos sus ronquidos, pero, logrando abrir los ojos, se levantaba, y cayendo que no cayendo al caminar, la llevaba al tronco de un limón, para después arrellanarse cómodamente en un montón de hojas secas y seguir durmiendo.

Hemos dicho que era grande aquel jardín, y añadimos que tenía semejanza de huerta, habida cuenta de que contaba con varios árboles frutales.

Pero, ¿y por qué José no dormía en la noche? –seguramente me preguntarás, lector amigo, y te respondería que porque desde hacía unos días, debajo del frondoso limón, sembrado a unos treinta metros de donde acostumbraba sentarse nuestro protagonista, una extraña figura de algo parecido a un ser humano le hacía señas con la mano.

-¡Ven, ven…!

-¡No, no voy! –le contestaba con un dedo- ¿Para qué me querrá el ánima? porque eso es, un ánima, y tal vez de algún pariente de mis patrones que seguramente en vida allí enterró dinero – pensaba.

Con todo, en una ocasión sí le hizo caso al “aparecido” (o “aparecida”) y se levantó, con desgano; agarró un pico y una pala y se fue al limón; escarbó, aflojerado, y después de algunos golpes desguanzados encontró una petaquilla.

Y, ¿lo creerás, lector? Rápidamente fue (por lo menos eso intentó, irse de prisa) a contarle a su patrón lo del ánima y todo lo demás. Otro, especialmente si se tratara de un político, se retaca los bolsillos y se va a su casa.

El señor Ortega, muy emocionado, corrió a donde le indicó José y sacó la petaquilla; le desprendió la cerradura con un fierro; se retiró unos pasos, por aquello del azogue, y la abrió con un largo gancho, descubriéndose una enorme cantidad de monedas de oro; se acercó con precaución, tomó dos y se las entregó a José, que, las arrojó por allá, lejos, saliéndose enojado de la casa; siguió caminando; le dio rumbo al cerro, rezongando, muy decepcionado:

- ¡Yo encontré el tesoro; a mí me asustó el ánima! ¿Y darme tan sólo dos monedas?

Dicen que el hombre nunca regresó, que a lo mejor se murió en la soledad del campo, en donde pudieron habérselo comido los animales de “uña”, dejándole los ojos a los zopilotes.

 

29 Comentarios
  1. Magnífico relato, amigo, que buen uso le das a los localismos, le dan una hermosa cadencia al cuento, la historia tiene una gran riqueza social, en resumidas cuentas, no me asombras y no esperaba menos de tí, ya que eres un gran maestro. Muchas gracias por compartir este hermoso cuento.

  2. Bonita historia, a veces los espíritus sorprenden con sus pequeños secretos. he disfrutado mucho leyéndola.
    Un saludo.

  3. Además, se levantaba malhumorado de la cama, en donde no podía dar con el sueño.
    volivar una pregunta ¿por que no escribes poesia?

  4. Nanky, es un honor para este servidor y amigo tuyo que hayas leído mi narración, y el orgullo se va por las nubes al saber de quién viene el comentario: de todo un escritor; ya quisiera yo escribir como lo haces tú,
    Gracias, amigo.
    Como un simple comentario añadiré que, tal vez me retire por un tiempo del contacto directo con mis entrañables compañeros de esta hermosa red, donde hemos hecho tan lindas amistades, con gente que sabe escribir tan inspiradamente.
    El caso es, Nanky, que la salud de mi esposa ha empeorado; está en Morelia, ciudad capital de Michoacán (a 160 kilómetros de Sahuayo); un hijo que trabaja en Viena, hoy ha viajado de emergencia a México… para, para… recibir… “Dios guarde l’hora” (diría uno de tus autores favorios, Juan Rulfo), su última bendición.
    Santo Dios, Nanky, la tormenta ha arreciado, los nubarrones se han aglomerado… el día se ha vuelto gris…
    Ya sé… así es la vida… pero, amigo, amigo mío… qué trago tan amargo… parece que ha llegado el negro manto de la soledad, de las tristezas… parece que la tormenta, con sus estruendos pavorosos, está ya, aquí, en mi casa, que es la de todos los falsarios… a los que tanto quiero, porque me han soportado… mis inolviables compañeos… todos… los quiero… los admiro, y adelante, a seguir impulsando el buen escribir, la literatura, las letras nuestro bello lenguaje castellano.
    Volivar (Jorge Martínez. Sahuayo, Michoacán, México)

  5. Nalleba, mi entrañable amiga… ¿cómo agradecerte tanta bondad que me has dispensado? ¿Cómo agradecerte que me leas, y, aún más, que me comentes que te gusta lo que escribo?
    Nalleba… estaré lejos de esta red (espero que no sea por mucho tiempo)… mi querida y admirada amiga… es que las sombras, los truenos, y relámpagos furiosos de la tormenta más horrible de la vida, o del final de ésta, se han enseñoreado sobre mi familia, en concreto, sobre mi esposa. Por un tiempo no sabré de mis entrañables amigos falsarios… yo estaré ocupado, con las angustias, con los tormentos de esa fea figura con guadaña a la que le llamamos “muerte”.

    • Espero que se recuperé tu esposa, yo también he pasado por ello y es una angustia que nunca se va hasta que los crees a salvo. En mi caso no fue así, jamás se recuperaron. Pero para tu esposa, le doy todos mis ánimos para que salga de ese bache.
      Un saludo y un abrazo.

  6. Siento mucho, amigo mío, debas pasar por este amargo trance, hay momentos en los cuales las palabras abundan y hay que dar paso al silencio y las lágrimas. Desde este rincón del mundo espero poder compartir el dolor de tu corazón para hacer más llevadera la existencia. Un fortísimo abrazo, para ti y los tuyos.

  7. Salamandra, gracias, amigo mío… gracias por leerme… eres muy amable… extrañaré a mis amigos, a todos los de esta red, con los que hemos intercambiado opiniones, buenos relatos… y la amistad…
    Salamandra, ¿podrá escribir poesía un ser al que se lleva el viento de la inestabilidad; al que está a punto de carle la horrorosa guadaña de la muerte? Porque mi esposa, mi querida esposa, está mucho muy enferma… y yo… sumido en la más terrible angustia… una angustia tal vez peor que la de tu colega Amado Nervo; digo, más pronfunda, la mía, porque la de Nervo fue sólo transitoria, al morir su inolvidable francesita, aunque no por eso dejó de ser muy angustiante.
    La muerte, amigo… la horrosa muerte, la veo venir inexorable… fatal… implacable… despiadada…
    Un abrazo a la distancia (dice la querida Gudea de Lagash, a quien tanto admiro).
    Atentamente
    Volivar (Jorge Martínez. Sahuayo, Michoacán, México)

  8. Volívar. que buen relato, aderazado en principio por la atmósfera de la actividad de la tienda de los Ortega. Esos primeros momentos nos narcotizan con esos elementos de sencilla cotidianidad; hasta el punto de recibir la segunda mitad del cuento, totalmente desprevenidos, por el inesperado final que a nuestro personaje le toca sufrir, más que vivir. Hay una moraleja encerrada en esta historia, que pudiera ser aquella que mientras mejor te comportas, peor te tratan; así fue el trato que a manera de recompensa recibió nuestro personaje, a pesar de su honestidad y dedicación demostrada.

  9. PD. Espero que las cosas mejoren en tu entorno familiar.

  10. Hegoz: es reconfortante saber que se tiene a un amigo, a alguien con quien compartir nuestras angustias.
    Te agradezco tus finos sentimientos; ah, y que tú leas lo que escribo, es motivo para sentirme muy orgulloso.
    Ya sé que esta red es únicamente para tratar temas literarios; pero, como todos nos hemos vuelto una familia, por allí, muy seguido salen a relucir los asuntos personaes, y ahora me ha tocado a mí experimentar el más angustiante paso que damos en la vida, el de la muerte, que aunque no se trate de mí, sí de mi ser querido, mi esposa. Resulta que se fracturó dos huesos (fémur y otro de un brazo), y la diabetes que ha padecido, la han tenido durante dos meses y medio en un continuo sufrimiento, y ahora, ahora… querido amigo… parece que todo se está oscureciendo…
    Gracias por todo, Hegoz. Y para tí no hay de otra, más que seguir alegrando a tus compañeros y amigos con tus hermosas y bien logradas narraciones.
    Atentamente
    Volivar (Jorge Martínez. Sahuayo, Michoacán, México)

  11. Fastástico relato, Volivar. Hacía tiempo que no te leía y me ha sigo grato el hacerlo. Me ha gustado mucho el enfado final del viejo. Saludos.

  12. Espero que te llegue toda la fuerza que te estoy mandando en éstos duros momentos, amigo. Aquí estamos para lo que necesites.
    Mucho ánimo!!!!

  13. Me haces descubrir nuevos mundos Volivar, tanto por lo que cuentas como por cómo lo cuentas. Es precioso e intrigante ^^

    Besos, NoëlleC

  14. Amigo Volívar,

    Me gusta leerte porque siempre encuentro palabras y expresiones nuevas junto a un texto intrigante.

    Gracias por compartir y por escribir.

    Un abrazo.

  15. Me ha gustado mucho como guías al lector, consigues que simpatice con José y que sientas el amargo desprecio que surge, cuando no eres de la misma clase social. Muy buen relato micro-social. Enhorabuena!!.

    Volivar siento mucho que en este momento de tu vida estés divisando nubarrones. Espero que la tormenta arrecie y vuelvas a ver los rayos de sol tanto tú, como tu familia. Un fuerte abrazo y muchos ánimos de una amiga falsaria española.

  16. Soraga; hoy he regresado de Morelia (ciudad capital de Michoacán, mi estado); los nubarrones poco a poco se están diluyendo; mi esposa ha mejorado en un 80%… y he regresado a mis actividades; al abrir esta red social, me encuentro coin tu comentario, y me entusiasma; me siento feliz por tener tan lindos amigos; los extrañé;
    Soraga, ¿cómo agradecerte tus palabras de aliento? Tu sabes que existen cosas que no tienen precio, y tu amistad, tus comentarios, son eso, invaluables.
    Atentamente
    Volivar (Sahuayo, Michoacán, México)

  17. Angie; disculpa que hasta ahora te agradezca tu amable comentario a mi narración; eres muy gentil… te extrañé mucho en el tiempo que duré fuera de la red…
    Volivar

  18. Angie;
    Disculpa que hasta ahora te agradezca tu amable comentario a mi narración; eres muy gentil… te extrañé mucho en el tiempo que duré fuera de la red…
    Volivar

  19. NoëlleC:
    querida amiga; por razones de enfermedad familiar me había retirado de esta red; hace poco más o menos unos quince días que no me comunicaba con mis estimados amigos escritores falsarios; ya repuesto de los sinsabores y desplomes que nos ocurren en la vida, vuelvo a estar con todos ustedes… NoëlleC, amiga inolvidable, que alegría experimento al saber que me lees; cuando veo un comentario tuyo a alguno de mis cuentos, me pregunto: ¿qué habré hecho para recibir estas hermosas líneas de pluma tan inspirada? y no me queda más que agradecer, estimarte, y esperar tu próxima publicación.
    Volivar.

  20. Mitica: hoy he regresado a mis actividades ordinarias; abrí la red literaria, y veo con mucho agrado tu hermoso comentario; ahora, ya disipados los nubarrones (mi esposa mejoró y está bien, no al 100% pero bastante recuperada) te aseguro, querida e inolvidable amiga, que, las fuerzas espirituales que me enviaste, me llegaron, me entusiasmaron y todo salió bien, gracias a Dios; me siento muy feliz por ser parte de tu grupo de amigos.
    Espero recuperar terreno en la lectura y ver lo que hayas publicado; te agradezco, y deseo que tú estés bien, en todos los terrenos.
    Un abrazo.
    Volivar

  21. Hegoz: qué gran alegría siento al saludarte; he regresado a mis actividades cotidianas; mi esposa se ha recuperado, y aquí estoy, listo para seguir en esto de escribir, leer lo que tú escribes, lo de los demás amigos y compañeros de esta red…
    Mil gacias, Hegoz, por tu invaluable apoyo… nos leemos ¿sale?
    Volivar

  22. Fanathur: amigo, es un gran gusto saludarte; te agradezco tu amable comentario a mi cuento. Un alásis tuyo a lo que uno escribe, es un gran honor.
    Gracias. Nos leemos.
    Volivar

  23. Salamandra: querido amigo; un gran gusto saludarte; te informo que mis asuntos de familia han quedado solucionados; mi esposa ha sanado, lentamente, pero al fin está fuera de peligro. Esto, una enfernedad, una pena, entre los amigos, logra que nos unamos y nos fortalezcamos; yo te agradezco tu solidaridad, y me siento inmerecedor de tus atenciones. Gracias, y espero ponerme al día en la lectura de tu poesía, tan inspirada.
    Atentamente
    Volivar.

  24. Nalleba: querida amiga, he vuelto a la red, y me encanta lo que escriben todos los falsarios; a ti te agradezco tu preocupación, tu solidaridad; he salido de ese bache que me tenía sumido en la desesperación; gracias a Dios aquí estoy, y mi esposa, si no completamente reperada, sí al 80% libre de su enfermedad. será sólo unas semanas de rehabilitación.
    Gracias, Nalleba, innolvidabe amiga; espero ponerme al día en lo que se ha publiado últimamente; y estoy seguro de encontrar algo tuyo, lo que me dará mucho gusto.
    Atentamente
    Volivar.

  25. Nanky, querido amigo, he salido del bache en el que había caído; mi esposa está en recuperación; la aurora se ha asomado en mi horizonte; me parece que está naciendo un nuevo día; así me siento, feliz, contento, y agradezco tus palabras, siempre de aliento y de esperanza, siempre impulsando a los compañeros a seguir en este camino lllamado literario.
    Eres un gran ser humano, y, además, un excelente escritor Felicidades. Gracias. Nanky.
    Volivar.

  26. Hola Volivar; no he leído todos los comentarios pero sí lo de tu mujer. Deseo de todo corazón que se halla recuperado. Por un momento pensé que era yo misma y que tú eras mi pareja ya que yo también estoy enferma aunque no tanto como decías de tu mujer. Por favor dime que tal está y si ya se recuperó.

    Por otro lado tu cuento me ha gustado mucho y sí yo también pienso que se te daría bien la poesía. Es un cuento que aunque es largo no se cansa uno de leer pues en él se dicen cosas muy interesantes. Al principio es simpático, con eso de los clientes y el criado y luego se torna algo más oscuro, mágico tal vez con el tema del ánima. No sé como me dices que yo soy buena escritora. Tú me superas con creces no tanto ya en lo que escribimos sino en cultura.

    Un abrazo muy fuerte.

    Irina.

  27. Irina: un placer saber que me has leído; en cuanto a ti, ¿qué ocurre? ¿Qué es lo que pasa con tu salud? ¿Te estás recuperando? por otro lado ¿qué importa eso de que quién sea más culto? todos tenemos grandes cualidades… todos somos reyes del universo… aunque,pienso, que los hombres les hacemos los mandados a las reinas.
    Un abrazo. Envíame tu perfil, por favor, para deleitarme con tu inspiración.
    Volivar

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