Al entrar en la tienda (un autoservicio bastante cutre al que me había enviado Daniel para recoger un encargo), una chica de unos quince o dieciséis años me apuntó en la cabeza con una pistola nada más sonar la campanilla que había sobre la puerta.
La verdad es que no sé de donde salió la chica, cuyo rostro, que no vi, me pareció de todos modos algo inocente, no sé porqué.
La imagen que más tarde me quedó grabada fue la de mi propio cuerpo petrificado, un cañón metálico muy cerca de mi cráneo y el tintineo de las campanillas como una cruel banda sonora sobre nosotros dos.
Luego ella dijo: “Vaya, parece que ese hijo de puta gasta mensajeros ahora, ¿no?”
Miré al mostrador para buscar ayuda antes de pensar qué podía responderle a eso, pero allí no parecía haber nadie, salvo ella y yo, y el arma entre nosotros.
Un momento después oí un estertor humano, que me pareció llegaba desde la parte de atrás de las estanterías de licores, y pensé que quizá no me quedaba mucho tiempo de vida.
Sin volver el rostro hacia quien me había hecho la pregunta traté de armar algo que pudiera decirle, y que no empeorara la situación.
Ella volvió a hablar: “Te he hecho una pregunta, maldito hijo de puta, ¿qué te ha mandado que hagas ese cabrón?” La voz sonaba dolida, como un alarido sostenido, y el tono en que viajaba era grave, profundo, casi gutural. No había un gramo de inocencia en ella.
Pasaron unos segundos y el sonido de las campanillas cesó del todo. El cañón negro parecía que fuera a quedarse allí eternamente. Acerté a decir: Vengo a por el sobre mensual, solo a eso.
Sonó un móvil desde alguna parte del cuerpo de la chica, una canción de moda, y todo me pareció de repente parte de un macabro juego. Ella dijo: “Joder”, y luego: “Puta mierda”.
La pegadiza música se sostuvo unos segundos y duró mientras el brazo que sostenía el arma iba cerrando el ángulo que hacía con el suelo, hasta quedar totalmente perpendicular a éste, apuntando a las ajadas baldosas. No fue hasta ese momento en que me atreví a mirarla. Descolgó. Sonreía.
Con una voz y una expresión burlona dijo a quien le había llamado: “Ah, tendrías que verlo, menudo susto que le he pegado a tu amigo…”



¡Vaya con la adolescente! La tensión está muy bien sostenida en todo el relato y ese final “sorpresa” feliz, consigue rebajarla de golpe.
Si me permites, quitaría “avisadora”, no es necesario, se deduce del contexto.
la campanilla avisadora que había sobre la puerta.
Bienvenido a esta página llena de letras, palabras, historias.
¡Buen día!
gracias por el apunte. Estoy de acuerdo en que es prescindible, ya que se da por sentado por el contexto. Mientras lo escribía pensaba que quizá esas campanillas tuvieran un nombre específico.
¡Bienvenido a Falsaria!
Gracias por publicar y compartir en la red social literaria.
Un saludo,
El equipo de Falsaria
Sorprendente y creativo, además de un buen ejercício de tensión. Muy bueno.
Rosemarie, un saludo, y muchas gracias; el fin del relato era un poco ese, crear una atmósfera de tensión, con un final algo insospechado…
Muy buen relato, mantiene la tensión en todo momento, gracias por compartir.
Hola, es verdad que mantiene la tensión en el texto, pero lo que cuenta es muy poco, siento que utilizas palabras que debería cambiarlas según lo siento en la lectura, es que la lectura es sencilla y su redacción también pero hay unas cuantas palabras que desbordan la sencillez y son como golpes en la lectura, por ejemplo: un auto servicio bastante “cutre”, el tono en que viajaba era grave, profundo y casi “gutural”.
Por otro lado se te ha pasado una a en Vengo “a” por el sobre mensual.
Bueno el cuento en sí no es malo, espero que pueda servirte lo que expreso.
Un abrazo.
Hola Natalia, gracias por tus comentarios.
Estoy de acuerdo en el segundo, en que quizá sobre esa “a”,aunque tampoco me suena muy mal tal como está: no sé lo que sería más correcto.
Sobre el uso de cutre, no me parece una palabra que rompa el tono general del relato, me parece clara, concisa y muy gráfica: con “gutural”, en cambio, creo que tienes razón, me parece algo forzada…
un saludo y gracias de nuevo