Le doy vueltas a las palabras y se deshacen en los pensamientos. Como el terrón de azúcar en el caldo hirviendo. Fugaz forma de una idea que, sino es escrita, no existe. El desorden para alcanzar el orden de lo siempre para mí imperfecto. Sobrio. Un té, media luz y tus ojos de madera quietos. Enciendo en un intento de ser parte de la imagen clásica de una profesión, pero apago. Nauseas con la respiración del tabaco. Insisto y aprieto cada uno de los pensamientos sobre el papel. Sé que las frases ya no encuentran espacio. No tengo miedo al folio en blanco. Lo necesito. Sin él no existo. No tiene miedo el zapatero a los zapatos rotos. No tengo miedo al vacío. No me aterra hallar nada. Deseo un espacio infinito. Necesito un vaso sin fondo. Sólo te tengo miedo a ti. Tengo miedo al eco de mis letras, a su olvido. Tengo miedo cuando subo las escaleras, te miro, y desnudo encuentro el asiento sin espectador desde el escenario.
No espero porque me impaciento. Lloro, sin conocer el motivo, e inevitablemente, escondido. Escribo sin haber dormido porque me inquieta el vacío pendiente.
Hay un reno en la pared que yo no puse ahí. Lo imagino. Hay un gato vivo junto a la ventana que no me pertenece. Ideas. Hay un fuego firme sobre la leña que yo no encendi. Mentiras. Y el silencio en la soledad es subjetivo. Enfría el motor de una nevera vieja. La concentración calla. Quieto y escribo. Camino y bebo lentamente un té que derramo torpe sobre mi barbilla.
Pulso un punto y final. Echo el cierre y lanzo la llave. Cajón cerrado. Sin corrección, sin un sinónimo más. Ni siquiera borrar la coma que duda en cada lectura. Amanece y la habitación ya no soporta un instante de soledad. Abandono la ciudad para caminar. No quiero descanso. No necesito destino. En el sendero, arena seca, pequeñas ramas y piedras sueltas. La forma de una roca sonríe hacia la izquierda, e incluso guiña un ojo vago. Las gafas de sol me permiten llorar.
Hay un charco de nieve y un viento seco. La barba me cae a la altura de la nuez. Un gorro de lana cubre la posibilidad de escucharte. Los guantes quedaron junto al fregadero y pierdo el tacto. El reloj marca las diez. El corazón trabaja cansado. El agua, tan fría, duele en las muelas. Los pies también duelen. Nada. Ya queda nada.
Ciento veintiséis paginas. Doce folios. Una hoja. Trescientos cuarenta y tres días. Varios versos. Doce mil quinientas horas. Diez minutos. Siempre soledad. Una estación de metro y su vagón. Aquella habitación. Un viaje largo en tren. Un rincón junto al mar. Un asiento de autocar. A veces sobre ella. Otras después. Nunca antes. Un día me fui. Quería ser escritor.
Miraba poseyéndome. Miraba obligando a esconderme; a defenderme. Miraba mordiéndome. Miraba desnudándose y envolviéndome con su piel. Miraba emborrachándome. Miraba enamorándome. Y mirándome, me fui. Abandoné la osadía. Me aterraron sus ojos deseándome.
El viento agita las hojas anilladas; olvidadas; sin lectores. El vacío es inmenso desde la cima. Afilados colmillos de la tierra indefensos frente al cielo. Duele llorar, pero hay lágrimas inevitables. Hay tristezas y recuerdos inolvidables. Intento disparar y asesinar, pero me obligan a dejarlos sobrevivir. Allí, adiós.
El escritor. No tengo miedo al folio en blanco. Te tengo miedo ti. A tu ausencia. Al silencio y mi eco. Tengo miedo a la pereza. Tengo miedo a la indiferencia. Tengo miedo al olvido.



Es uno de tus mejores relatos, sin duda alguna. Cala hondo, muy hondo, por todo lo que expresa y porque escribir, para mí, también es una necesidad, una forma de vivir, una forma de entenderme. Con miedo y sin él.
“Fugaz forma de una idea que, sino es escrita, no existe. El desorden para alcanzar el orden de lo siempre para mí imperfecto”.
Un gran relato, Dani. Hermoso en sus descripciones, ya lo creo.
Me alegro de verte por aquí de nuevo.
Un abrazo!
Es un relato intimo, basado en la impotencia, y en la necesidad, siempre de escribir.
Gracias, Carmen, por cada una de tus palabras!!
Si buscamos bien en el fondo, allí cerca del final (ese que nos está vedado), vemos que cada uno de nosotros no es, ni será, más que un folio en blanco, solo es cuestión de tiempo, más o menos, pero solo tiempo. Me gustó mucho tu escrito.
Creo que todo nace de un folio en blanco, lo bueno, y lo malo. Todo. Porque al final somos nosostros los encargados de dibujar, escribir, garabatear…
Gracias por leer, y más por opinar.
Un saludo!
El escritor… Reflexivo, íntimo y revelador.
Erizando el vello del lector en su piel.
Creador.
Si erizó el vello, logró de sobra su objetivo. Sun, mil gracias!!!
Un saludo!
Dannieldiez: me uno a lo expresado por nuestro amigo Nanky (¿cómo estás, Nanky? hace tiempo que no publicas; se te extraña, señor escritor argentino).
Te decía, Dannieldiez: te envío una felicitación por esto tan bien escrito, y considera mi voto.
Volivar (Jorge Martínez. Sahuayo, Michoacán, México
Gracias!!.
Por cierto, adoro Michoacán!!
Muy bueno, como todo lo que escribes.
Es imposible todo, ojalá. Pero gracias de verdad por tu opinión. Espero que disfrutaras la lectura.
Un abrazo!
Un gran y certero relato.”no teme el zapatero a los zapatos rotos”. hay partes muy álgidas: “Hay un fuego firme sobre la leña que yo no encendi. Mentiras.”
Felicidades!
Felipe, creo que has escogido una de las frases que resume tanto el texto, que quizá, hubiera sobrado el resto.
Gracias por tu opinión, y por leer.
Un abrazo!!
Increible relato, muestra fielmente lo que representa para cada uno que sentimos una necesidad el plasmar todo aquello que sentimos, aquello que anhelamos, aquellos que nos rodea, en folios en blanco. Enhorabuena.
Necesitamos escribir. Debemos escribir. Y creo que deberíamos disfrutar del folio en blanco, no temerlo.
Gracias por leer y por opinar.
Un abrazo!!
Nunca mejor descripto!!! felicitaciones y mi voto
Tu lectura ya me es más que suficiente. ¡Mil gracias, Marce!
Me el ambiente de este soliloquio. Me inquieta y me agobia. Estupendo, sigue así.
Me gustan tus palabras: Inquietud y agobio.
Trataré de seguir, veremos a dónde nos lleva.
Mil gracias!
Un saludo!
Enhorabuena por esta historia o mejor dicho por este conjunto de sentimientos tan brillantemente plasmados. Me encantan las últimas dos líneas finales. Ha sido un placer leerte.
Un abrazo, y por supuesto, mi voto.
Gracias. Es un pequeño escupitajo sobre el sentir de la escritura. A veces es necesario echarlo todo fuera, y sí, más que una historia, un conjunto de sentimientos.
Gracias, Luna, por leer y opinar.
Un abrazo!
Acabo de leerte y me gusta tu estilo.Te sigo para leerte a menudo.Saludos.
Gracias.
No publico mucho por aquí, pero de vez en cuando dejo algún microrrelato.
Si te apetece, te invito a buscar El País de la Gominola en google, el blog donde escribo cada semana.
Un abrazo!!
¡¡Suerte Daniel¡¡Un abrazo
Gracias, Dama. Siempre leyendo, por aquí, por allá…
Mil gracias!!!
¡¡Extraordinario!! Muchas felicidades, quedo gratamente sorprendido. +1
Gracias, Gustavo. El extra ya me basta para sonreír esta mañana. Y sorprenderte me hace sentir genial!!
Un placer tu tiempo en la lectura.
Un abrazo!!
¡¡Mi voto Daniel, un abrazo muy literario¡¡
¡Coño, Daniel!
Me has emocionado. Me has dejado blando, ojos cristalinos y conteniendo el moco. Soy muy mayor ya para ir moqueando por ahí… Pero lo has conseguido, si acaso es lo que pretendías. Has conseguido emocionar, hacer sentirte parte de ese folio en blanco o incluso de la papelera. Pero parte de ese relato. Quizás tú has sido el único capaz de decir lo que otros queríamos gritar, escribir sin conseguir.
Daniel, cada día más… Cada día me gusta más leerte.