El fanático
14 de Junio, 2012 8
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Mediodía espeso, tan denso como la más espesa de las avenas que jamás te puedas imaginar, frente a mí, la pantalla de cristal, que a manera de flashes en ráfagas me ilumina el rostro, en medio de la oscuridad conseguida a través de una espesa cortina, tan densa como la avena que estoy presto a digerir.

En el intermedio del cese de acciones de un programa deportivo, mi cuerpo se dobla en un rictus más parecido al yoga que a una posición para alimentarme, se yergue a duras penas de la cama que me sirve como gradas de un anfiteatro griego, desde allí diviso lo que me ofrece la pantalla. Mi cuerpo se encuentra soldado, como con estaño, a la cama y se me hace pesado el levantarme de ella, la pantalla de cristal ejerce sobre mi esta especie de atracción, el juego que ya comenzó y que está a mitad de camino me impide alejarme de ella, siento ganas de orinar y las ganas se disipan cuando recuerdo que no puedo alejarme de la pantalla, el calor apenas es soportado por la ayuda de una lámpara que con aspas, a manera de hélices de avión, revoletean sobre mi cabeza, suministrándome un poco de aire fresco, a pesar de esta ayuda, sudo copiosamente.

Comienza la segunda parte del juego, ocurren sacudidas telúricas en mi cuerpo, cada vez que una situación de juego que implica riesgo o que asoma una posición de ventaja para mi equipo. Siento que tengo el cuerpo dormido a pesar del movimiento nervioso, que a manera de espasmos presento. Cuando el juego termina, siento que mi cuerpo se libera de la pesada cadena que lo tenía secuestrado, ahora es libre para interpretar el resultado.

Cuando hay momentos de resultados negativos, el cuerpo se prolonga en una manifestación de dolor, que te dice que el tiempo que estuviste en una cama, secuestrado por esa pantalla, fue tiempo perdido, caso contrario te liberas de ella, hasta que otra nueva soldadura te ate de nuevo a la cama; para sentir el rigor de los sacudones telúricos conocidos en otros momentos.

Si quisiera pensar en mi condición de fanático, en este caso del deporte que más me gusta – el futbol – llegaría a la conclusión, quizás- ¿por qué preocuparme por ver una pelota pasar de una parte de la cancha a otro ?, siendo pateada insistentemente por 22 tipos tan normales como yo; mientras me preocupo por cuál será la próxima jugada. Pienso esto, mientras el calor sigue sofocándome y ya se ha enfriado la taza de avena a medio terminar.

8 Comentarios
  1. Muy bueno, Hegoz. Me encantan los cuentos futboleros. una abrazo!

  2. Muy bueno. Seguramente estas viendo la Eurocopa. Saludos y voto.

  3. Estupendo. Me has hecho sentirme reflejado.

  4. hEGOZ: un saludo, amigo, Bonito cuento contema deportivo. Mi voto
    Volivar

  5. Me recuerdas, que cuando veo el Mundial Fútbol, ni de mi cama me muevo. Jajajajajaj.
    Me gustó el relato.
    Mi voto.

    • Gracias Martha, he estado alejado un poco de estas paginas, espero leer con calma tus textos y los de otros amigos pronto

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