El hombre que pudo vivir
15 de Junio, 2012 8
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En una pequeña casa a las afueras de la ciudad de Venecia, vivía un hombre solitario. Tenía una rutina que no había roto en más de 10 años y que únicamente consistía en leer y soñar. Era un hombre cansado, con poco más de 50 años de vida, que cada día le pesaban más. No tenía aspiraciones, metas, ilusiones, nada. Tampoco tenía familia o amigos. Nadie lo visitaba, nadie lo conocía. Nadie nunca se preocupaba del pobre señor solo, porque nadie tenía conocimiento de su existencia. Pero, ¿acaso eso justificaba la indiferencia de la sociedad? ¿Acaso habría habido alguna diferencia si alguien lo conociera? ¿Alguien se habría preocupado? Probablemente, pero mayor probabilidad hay que no fuera así. El hombre lo sabía y por eso no salía, porque sabía lo ególatra que era la sociedad de fuera, porque no los necesitaba. Prefería vivir en su pequeño mundo, donde todo era maravilloso, porque todo era de su creación.

El hombre tenía una única afición, la de soñar. Podía pasarse la mayor parte del día soñando y, aún así, soñar de noche. Su habilidad para tener los sueños más vívidos y hermosos era incomparable. Cada día soñaba algo completamente diferente y maravilloso. Se extasiaba con la belleza de los paisajes, colores, aromas y sonidos de sus sueños. Cuando soñaba, era como si todo fuera posible, los límites eran los mismos que los de la creatividad, nulos. Había tanto amor en sus creaciones, y cada una de ellas era tan única, que nadie podría preguntarse por qué el hombre prefería los sueños a la realidad. En sus sueños, él podía ser cualquier cosa. Había sido animal, fruta, planta y hasta un edificio. También podía ser personas, pero nunca el mismo, porque el ya existía. Pero podía ser una versión mejorada de sí mismo y eso era aún mejor para él. Amaba la lectura, porque le parecía una forma de soñar. El poco tiempo que pasaba despierto, lo empleaba leyendo. Poseía una gran biblioteca, pero siempre leía los mismos libros, una y otra vez. Muchos pensarían que el hombre evadía la vida y eso era exactamente lo que hacía. Su vida era ideal excepto que no era real. Pero ¿eso importa? La falsedad de su mundo no influía en su modo de sentir, porque él era feliz. No había podido serlo en el mundo de los humanos, pero si en el de los sueños. Aún con su edad, sus sentimientos hacia el mundo, la desolación que la vida le había causado, el era feliz, porque él había hecho lo que muchos no hacen, había aprendido a vivir.

Un día, el hombre murió. Nadie lo supo hasta 7 meses después, cuando un explorador llegó a su cabaña a pedir albergue y lo halló en la cama, con un libro en las manos y una sonrisa en el rostro.

8 Comentarios
  1. Me ha gustado el argumento, te voto y te doy la bienvenida.

  2. Un tema muy interesante. Creo que da para mas. Mi voto y bienvenida a esta Red.

  3. Mi voto, compañera. Es una historia breve y bonita. Definitivamente puedo leerte a través de este texto y sin duda eres una escritora. Mi voto y te sigo :)

  4. EleonorLandon: eres muy buena en esto; felicidades, y bienvenida a la red, en donde tendrás muchos amigos, que te leeremos con gran gusto, porque tu narrativa tiene calidad literaria.
    Mi voto
    Volivar (Joge Martínez. Sahuayo, Michoacán, México

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