El instante
12 de Agosto, 2012 6
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Una joven mujer acuna a su hijo mientras lo sostiene entre sus brazos. El niño tiene una afección respiratoria y lleva toda la noche llorando amargamente. El dolor del niño sólo parecía calmarse con los canciones y los movimientos de su madre. Al amanecer, la mujer tiene la garganta y los brazos dolidos, y el entendimiento nublado por la tristeza y el cansancio. Pero el niño parece más calmado. La joven mujer se siente aliviada y se tiende en el sofá para descansar un poco. Pronto sucumbe al cansancio y se duerme. Nunca más volverá a oír el llanto de su hijo. Nunca olvidará tampoco el instante en el que el cansancio turbó su razón y le impidió comprender que la fiebre alta era la causa del silencio del niño.

Sofía era una joven odontóloga que acababa de abrir una clínica en la ciudad. El negocio iba bien, ganaba más que suficiente para sus gastos y su novio y ella habían decidido casarse y empezar una vida juntos. Esa mañana había quedado con su madre para ir a probarse el traje de novia. Para desesperación de sus amigos y de su novio, Sofía siempre llegaba tarde a las citas. Pero hoy su corazón rebosaba alegría e inquietud. No había podido dormir en toda la noche, y se había levantado temprano para peinarse y maquillarse de la misma manera en que pensaba hacerlo el día de su boda. Así la prueba sería más realista y sabría exactamente como la iban va a ver sus invitados y su novio cuando entrase en la Iglesia. Así de bien peinada y maquillada, y con los zapatos para la ocasión en una bolsa, entró en su coche y puso dirección a casa de la modista. El tráfico era malo. Las calles de Madrid están abarrotadas de coches a primera hora de la mañana. A pesar de haber salido con tiempo, los embotellamientos y una calle cortada se confabularon para hacerla llegar tarde una vez más. Ansiosa de verse con el vestido puesto, aparcó el coche de manera poco ortodoxa y abrió la puerta del conductor y sin mirar a los lados echó a correr en dirección a casa de la modista. Cuando estaba saliendo del coche, un camión la arrolló cortándole las piernas. Su vida nunca volvió a ser la misma.

Muchas veces, nos preguntan y nos preguntamos qué es lo que más tememos en el mundo, ¿la muerte? ¿el dolor? la soledad? Lo que más temo yo en el mundo es “el instante”. Ese instante en el que el cansancio, la alegría, el dolor, o simplemente, la pereza, nos hacen descuidarnos y tomar la decisión equivocada. Esa que cambiará nuestra vida y la nuestros seres queridos para siempre. Ese instante que nos atormenta toda la vida, pero ya no hay nada que podamos hacer para repararlo.

6 Comentarios
  1. Aurorafrancia: un relato impresionante, bien narrado, con un tema de gran interés, pues nos preocuparnos por tantas cosas, y no cuando en verdad debemos tener sumo cuidado, es decir, “en este mismo instante”, tomando todas las precauciones al realizar el acto más insignificante de nuestra cotidianidad.
    Te felicito y además de mi voto te envió un saludo cordial.
    Volivar

  2. Aurora, ¡Que fuertes tus relatos!, tu reflexión final muy acertada.
    Un abrazo.

  3. Muy reflexivo y además la primer historia me conmovió mucho.

  4. Gracias, Hannaly. Un abrazo.

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