El lado equivocado
1 de Marzo, 2012 5
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Este es un cuento que puede ser

catalogado como de humor, humor ácido, y con un toque anecdotario; humor que

será proporcionado de forma inconstante, por lo tanto, si pretende leer este

cuento y reírse a cada párrafo, le sugiero que lea otra cosa… podría comenzar,

por ejemplo, con algún chiste de Condorito o viendo La Niñera en canal 10, o si

realmente desea matarse de la risa, busque en diarios viejos el plan de

gobierno junto con sus promesas políticas, y compárelo con la situación actual,

y verá que divertido puede llegar a resultarle (contraindicaciones: puede

causar efectos secundarios y/o adversos, como ira incontenible y fuertes deseos

de asesinar de manera lenta y dolorosa a algún que otro dirigente político).

 

Disfrute de la lectura con

responsabilidad y trate de no leerla mientras come, y si un acto de rebeldía lo

lleva a hacer lo contrario… buen provecho.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Prólogo

 

 

 

 

 

El siguiente cuento fue inspirado

en situaciones cotidianas de la vida, a pesar de ello, cada similitud con

cualquier personaje de la vida real es pura y absoluta coincidencia, no

obstante, los comentarios, tanto positivos como negativos atribuidos a objetos,

personas o profesiones, no hacen referencia a nadie ni nada específico, sino al

común de la gente, o de cada objeto u profesión; evitando de esta forma que una

generalización de un tema se convierta, malinterpretándose en una crítica que

juzga a alguna persona, objeto o profesión en su esencia misma como tal.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

“Que tan largo puede ser un

minuto dependerá de en que lado de la puerta del baño te encuentres…”

 

 

 

Sí, el dolor abdominal era

intenso, difícilmente soportable, definitivamente y muy en contra de mi

voluntad debido al rechazo que siento por los médicos y sus pastillitas

mágicas, creo que esta vez si, indefectiblemente debería visitar a estos

señores que sufren aguda incomprensión gramatical, que tienen derecho a

ofenderse y realizarte omisión de asistencia perfectamente justificada a su

criterio si llegas 30 segundos tarde a la consulta por haber esperado durante

3hs el 104, derecho del cual tu no gozas si el caso se da a la inversa y tienes

que esperar hasta las 10 de la mañana cuando la consulta comenzaba a las 8,

porque sus motivos, (a diferencia de los tuyos que en realidad son excusas) son

perfectamente válidos y justificados… como iba a dejar inconcluso un debate que

se había originado (sobre si el maestro debía o no representar a la selección

en el próximo mundial) con el portero del edificio del pent house “humildongo

noma’” situado en Leyenda Patria, sabiendo que contaba con los argumentos

sólidos para refutar cualquier planteo… claro que tiene derecho a ofenderse

ante el primer gesto de molestia e impaciencia en tu rostro!

 

En fin, había probado una

infinidad de “experimentos caseros”, basados en creencias populares

de dudoso origen y con un porcentaje de eficiencia absurdamente inferior

al de la efectividad de Lisoform… no

había resultados óptimos, ni siquiera de un lastimoso grado de satisfacción…

aún seguía “seco de vientre”, es como que el organismo se hubiera

puesto en huelga, es como que el esfínter fuera una especie de portal similar

al de Star Gate y no pudiera descifrar los jeroglíficos que provocan su

apertura, es como si el intestino delgado fuera similar en longitud a La Gran Muralla China y

el bolo alimenticio procesado (manera delicada de decir caca) fuera una tortuga

discapacitada con artrosis que intenta recorrerla de un extremo al otro y no

logra el objetivo de llegar a la meta… bueno, aunque llegara tendría que

descifrar los jeroglíficos del portal para atravesarlo, cosa difícil para una

tortuga, pero ese es otro tema.

 

Había intentado de todo.

 

Comencé con una sugerencia de mi

vieja: “mucho yogurt mijo, mucho yogurt, si es con pulpa de frutas mejor porque

tiene fibras y barre con todo”… barre con todo… ya no sabía si iba a

tomarme un yogurt o una escoba, pero como no tenía nada que perder (salvo el

dinero que iba a gastar en yogurt si éste no funcionaba), me dirigí al

almacencito de mi barrio en busca del ya mencionado elixir mágico que

devolvería al organismo su comportamiento biológico normal y levantaría

nuevamente la autoestima del papel higiénico, haciéndolo sentir útil e

importante después de haber sufrido tan inmerecido abandono.

 

“- Buenas, ¿como le va? Me

podría vender un litro… no, mejor déme dos… mmm, lo que pasa que si quiero

reforzar la dosis… y si me quedo corto…”, a todo esto el almacenero ya

había atendido a dos clientes, un proveedor y matado una cucaracha,

pronunciando las siguientes palabras, aun con la cucaracha aplastada en la

parte inferior de su chancleta que sostenía con su mano derecha muy en alto

como enorgulleciéndose de su hazaña o de su botín de caza: “- ¿Va a llevar

algo compañero o viene a mirar como laburo noma?”

 

“- Si, disculpe la

indecisión, es que ando un tanto… obstruido podría decirse, ¿podría venderme…5 litros de yogurt?”.

 

” – A la mierda!!!” –

pronunció el pequeño burgués.

 

” – Eso espero Don!, eso

espero!”.

 

Después de vaciar prácticamente

su vitrina de lácteos que pasó de parecerse, de un frondoso y arbolado bosque,

a El Amazonas deforestado; y de mirarme con cara de “vos no pensarás poner

un puestito de venta de yogurt pa hacerme la competencia”, me vendió los

cinco yogurt.

 

Adivinando su desconfiado

pensamiento le dije, a la misma vez excusándome: ” – es que ando con

algunos problemillas intestinales… con la cañería tapada ¿vio?”, a lo que,

satisfecho con la explicación que le dí, anotó algo en un papel, estiró su mano

y me lo dio diciendo: ” – Tome, es el teléfono de Walter, el sanitario de

acá a la vuelta, va a necesitar de sus servicios para destapar la cañería

cuando se destape la suya” me dijo con una sonrisa, la cual no respondí

debido a la broma de mal gusto a mi entender.

 

Llegue a casa y comencé el

tratamiento, albergando las esperanzas de que, muy pronto iba a poder despedir

de mi interior al inquilino que ha estado ocupando el asentamiento de mi

intestino de forma tan irregular como impropia.

 

El primer litro lo tomé con mucho

agrado, ya que era una calurosa tarde y el yogurt tenía una temperatura tan

refrescantemente agradable que al entrar en mi intestino, hizo sentir a mi

“inquilino” que es un rebelde fisiológico y está siendo

“invitado a retirarse” de una manera un tanto descortés pero justa y

apropiada; era una forma de advertirle que si no toma sus cosas y se marcha, la

siguiente ya no sería una advertencia sino una dura represalia… el ocupante

ilegal no obedeció, es mas, parecía sentirse a gusto de haber recibido visita

en su morada.

 

Opté por ingerir el segundo litro,

esta vez ya con algo de desesperanzas y comenzando a sentir un poco de rechazo

hacia el durazno (ya que era el sabor del yogurt que le quedaba al almacenero),

pero tampoco hubo resultados satisfactorios, parecía que el inquilino no

llegaba a comprender la gravedad del asunto, le costaba asimilar de que la

morada en la que se encontraba era estricta y necesariamente temporal, como una

especie de albergue transitorio (pero utilizado para otros fines claro está) y

que debía retirarse para dar lugar a otros residentes temporales; que si no lo

hacía, su hogar comenzaría a deteriorarse poco a poco hasta que, con el tiempo,

todo el edificio se desmoronaría para siempre y comenzarían a invadirlo una

especie de termitas de carne, cilíndricas y rugosas de color blanco que se

arrastran, y que terminarán por deteriorar toda la estructura, no solo de su

morada sino de todo el edificio, y que quedara atrapado para siempre, o hasta

el día que la naturaleza decida, dentro de una estructura cilíndrica de concreto,

para nada similar a la que vivía… explicación vulgar y simple para los pocos

imaginativos: si no cago, me

muero y termino comido por los gusanos en un tubular del cementerio central,

entendiste?.

 

Pero por lo visto, es tal el

grado del egoísmo que ha adquirido el residente biológicamente ilegal, que se

niega a retirarse, aún sabiendo que deja a sus colegas sin refugio, y que está

atentando incluso contra su propia existencia.

 

Debido a la rebeldía absurda,

ilógica e infundamentada de dicho “obstructor desafiante y antinatural

“, que se cree que controla el trafico de un punto al otro del organismo,

así como El Ferroviario en Matrix, me vi obligado a engullirme los tres litros

de yogurt restantes, a pesar de que el resto del cuerpo proclamaba con

desesperados gritos que era una locura, que me detuviera, que era un atentado…

pero aún así lo hice…

 

La sensación fue similar a que me

hubieran subministrado un container de Actívia intravenoso, sentía que mi

corazón bombeaba fermento lácteo saborizado en lugar de sangre, por los poros

transpiraba pulpa de durazno y el “bocado de Adán” pasó de nuez a

carozo. Todo mi cuerpo se estremeció,

talé de raíz el duraznero que tenía en el fondo de casa debido al rechazo que

comencé a sentir hacia el fruto de dicho árbol, sentía pánico de viajar algún

día hacia ya sabes que lugar del interior, por lo que decidí pegar unas tibias

y una calavera en el mapa del Uruguay, encima del departamento que hace honor a

la fruta que recientemente empecé a detestar, para recordar que hacia allí no

debía ir; y maté con un escardillo a la vaca que está pastando en el campito de

la esquina, por haber sido colaboradora directa en la elaboración de un

producto que, combinado con el velloso fruto, tanto daño físico y psicológico

ocasionaron en mi organismo… la vaca fue encontrada horas después, y debido a

las marcas que las puntas del escardillo provocaron en el asqueroso y

traicionero rumiante, comenzó el rumor en el barrio de que “el

chupacabras” había sido el causante de dicha muerte.

 

Todo muy lindo! El almacenero se

hizo su buena venta, mi vieja se sintió orgullosa de haber expedido un consejo

a su entender tan válido como productivo, el aprovechador de mi hermano puso un

puestito de venta de duraznos y vende el atado de leña (que sacó de dicho árbol)

20 pesos, y los vecinos de la otra cuadra, al lado del campito, comieron asado

por una semana… pero el desalojo no pudo ser efectuado.

 

El tenaz e indeseado bloqueador

intestinal que usufructúa tan codiciada morada por otros bolos alimenticios ya

procesados hace días, no se quiso retirar, es mas, parecía disfrutarlo, puesto

que el malviviente sentía que dicho torrente lácteo era como una especie caudal

proveniente de una especie de catarata que no lograba comprender en donde se

había originado, pero que acariciaba su excrementado cuerpo y causaba una

especie de acción exfoliante con los trocitos de durazno que le generaban una

gran satisfacción.

 

No logré expulsarlo, solo

generarle una estadía más confortable.

 

Opté por hacerle caso al

siguiente consejo.

 

Mi primo Rodrigo, que es

pediatra, me dijo que a los papás que van a su consulta porque sus hijos sufren

de la misma “patología” que estoy sufriendo yo, además de

recomendarles cierta dieta alimenticia y sugerirles que tomen un laxante

natural llamado Pentolax, en los casos extremos suele recomendarles el uso de

los supositorios de vaselina, mas vulgarmente llamado “velitas”.

 

A pesar de mi ya nombrada

desconfianza hacia los médicos, decidí hacerle caso, aunque sigo pensando que

sus métodos artificialmente dañinos a mi entender, te curan de una dolencia y

te ocasionan otra, y si lo vez de una manera poco humanitaria y mas

“marketinera” está perfecto, ellos tienen que asegurarse que vas a

volver, tu dolencia es su trabajo, tu enfermedad su negocio, y en todos los

casos es igual, no es que tenga nada en particular solamente hacia los médicos,

que sanitario te va a realizar un arreglo en un conducto de agua (y cobrarte un

poquito mas barato) y no te va a dejar algún cañito (no el mismo que reparó)

con alguna pérdida para que, el día de mañana, cuando la pared se te esté

cayendo a pedazos por la humedad interna que tiene debido a la pérdida en un

caño que se rompió, que no es el que el buen sanitario reparó, llames a tan

generoso profesional que vino la vez pasada y que nos dijo que el trabajo

saldría mas pero nos hizo una rebajita por ser tan buenos clientes; y de estos

en cada área hay unos cuantos, citando las palabras de una mente

envidiablemente imaginativa y creativa que considero un amigo: “ser un

cagador no es cobrar mucho por tu trabajo, es cobrar barato por tu trabajo y

hacerlo mal”, esta el caso del propietario de una empresa fúnebre, es

verdad, no hace nada para que la gente se muera (por ahora, porque no se le

ocurrió nada legal), pero se alegra cuando el individuo pasa a mejor vida; que

laboratorio en conjunto con el gobierno no ha creado el negocio perfecto,

difundiendo la noticia de una nueva gripe o virus que, en sus comienzos es

aparentemente letal, casi nos hacen creer que nos vamos a convertir en zombies,

y pasado el tiempo que hicieron negocio con la nueva vacuna milagrosa que, oh

casualidad, un laboratorio acaba de inventar, nadie habla mas del tema; u otros

laboratorios, que crean la nueva pasta de dientes con micropartículas de

pelotudeces, con el ingrediente activo con nombre bonito que contiene “plaquitex

zt22″ (que nadie sabe lo que es, pero suena bien) y te garantizan, no solo

una completa y efectiva limpieza de cada una de las 32 piezas dentales

(exceptuando los fans de los guachiturros, cuyas piezas se cuentan con los

dedos de media mano), sino que te ofrecen la posibilidad de tener dientes mas

blancos y brillantes, cuando en realidad lo que están haciendo para lograr ese

blanco que ni el diente en su esencia misma lo tiene, y escudándose en que el

aporte de flúor es lo que le da la blancura, es pulir el diente a tal punto que

comienza, con el tiempo y el uso prolongado, a perder el esmalte que lo

recubre, así, por un lado, el diente queda mas vulnerable a las caries y los

dentistas tienen más trabajo, y por el otro, al perder el esmalte, la dolencia

por sensibilidad en los dientes es mayor, y así poder venderte una nueva pasta

dental que te cura de dicha dolencia, pasta dental que cuando éramos chicos no

existía, no porque nadie hubiera tenido la capacidad mental para crearla, sino

porque dicha dolencia no existía, hubo que crear la necesidad para poder

ofrecer el producto… me fui por las ramas ¿no?… pues lo voy a seguir

haciendo; ¿alguna vez escuchaste de algún psicólogo que le haya dicho a su

paciente que esa fue la última sesión?… claro que no!, nunca un psicólogo te

va a decir que estas “curado” porque se le termina el negocio, cuando

no tengas más nada de que hablar, y sientas que te ha devuelto tu autoestima y

tus problemas están solucionados, va a buscar algún episodio cotidiano de la

vida de cualquier individuo mentalmente normal como en el que te has convertido,

sírvase citar como ejemplo una diferencia de opiniones con tu pareja, que es

tan leve que ni puede llamarse pelea, y la va a encausar y potenciar a tal

punto, que vas a sentirte un egoísta de mierda por haberte olvidado los

calzoncillos o la bombacha (según el caso, hombre, mujer, travesti u homosexual

reprimido) colgados en la canilla de la ducha, y que tu pareja, con un respeto

que asustaría, te lo hiciera notar; no importa, tu te molestaste y eso esta

mal, es una muestra de desorden, y cuando uno es desordenado en su casa, es

desordenado en su vida, y hay que buscar que es lo que está funcionando mal, y

trabajar en ello, sino tu pareja se va a terminar cansando de esas actitudes y

va a terminar dejándote… y ahí nomás ya te inculcó un popurrí de miedos e

inseguridades que, le aseguran al “profesional”, por los menos, seis

o siete sesiones más.

 

Pero, ahora si, volviendo a mi primo

Rodrigo, y como ya dije antes, a pesar de mi desconfianza hacia los métodos que

provengan de un médico, con el riesgo de sufrir efectos secundarios, elegí

hacerle caso.

 

Primero pensé, ¿que efectos

secundarios podría tener la vaselina en el organismo? Ninguno.

 

Luego pensé, ¿Qué efectos

secundarios podría tener introducirme un objeto cilíndrico por el trasero?…

por miedo a la respuesta, no me contesté esa pregunta…

 

Le pedí a mi primo Rodrigo uno de

esos supositorios mágicos que, según él, ayudarían que finalmente el desalojo

extrajudicial se efectúe pacíficamente y sin contiendas.

 

Tomé coraje y… lo introduje.

 

El que se vio mas sorprendido fue

el esfínter, porque no solo hacía días que no era visitado por nadie ni se

había visto en la necesidad de dilatarse para nada, sino que, siempre había

visto que los viajantes transiten en una dirección, jamás había visto que

sucediera lo contrario… bue, borracho no cuenta…

 

Esperé y esperé resultados, pero

nada sucedía.

 

Como hacía un mes que no iba al

baño, cuando la “velita” llego a su destino y se encontró con el

desobediente protagonista de este cuento, este último lo tomó como una

demostración de afecto, “mi primer

mes”, se dijo, “como se acordó, en cualquier momento me manda el

pastel”… en lugar de hacerle notar mi desacuerdo ante su excesiva y

desmedida ocupación, cada vez lo dejaba mas conforme.

 

Otro método fallido, por eso

recurrí a una persona carismática, desinteresada, bondadosa, cuyas vivencias y

edad denotan experiencia y sabiduría… la abuela.

 

Fui a su casa y le plantee la

interrogante en busca de esa respuesta que daría alivio a mi cuerpo, mi mente y mi alma… pero por sobre todas las

cosas al primero sin duda alguna.

 

“– Mira mijito, te voy a decir

una simpatía para que hagas, que ami me la enseñó mi mamá cuando tuve tu mismo

problema debido a los nervios en las horas previas a mi fiesta de 15… la verdad

es dicha, aunque en el momento mas inoportuno, pero funcionó… todos se vieron

sorprendidos por lo innovador de mi vestido de quince color mostaza… en fin, lo

que tenés que hacer primero es conseguir tres cosas: una flor de una tuna

silvestre, tres hojas de eucalipto de una rama nueva y un trébol de cuatro

hojas arrancado del lugar mas alto de Montevideo”… ante semejante disparate lo

primero que me vino a la mente fue – pobre abuela, otra vez se confundió y usó

el Algiflex en pomada como pasta de dientes… lo más seguro que si, y hasta

vencido debía estar el Algiflex, porque continuó diciendo:

 

“ – Agarras los tres

ingredientes, los colocas en una pelela…” y ahí nomás la interrumpí preguntando

nuevamente en que recipiente me pidió que colocara los ingredientes, con la

esperanza de encontrar algún indicio de Alzhéimer que justificara el aglomerado

popurrí de pelotudeces incongruentes que la octogenaria estaba pronunciando sin

ton ni son, como no haciéndose responsable de sus actos, y como si estos no

fueran a perjudicar a nadie… pero no, no encontré ningún indicio de enfermedad,

ni siquiera de locura; aunque hay que reconocer que ningún ser humano

mentalmente sano puede sugerir colocar tres fragmentos que la naturaleza con

tanto amor nos brinda, dentro de un recipiente con un destino y una finalidad

tan cruel.

 

Pero la nona continuó diciendo:

 

“ – Si mijo, dentro de una

pelela, y cuando tengas las tres cosas ahí, las prendes fuego y respiras 3

veces el humo que sale, y vas a ver que enseguida dejas el surco, derechito pal

baño te vas”… si, yo pensé lo mismo que vos, que la abuela también había

respirado de ese “humito” pero proveniente de una sola plantita y no de 3, sino

no podría estar diciendo tanto disparate, pero, como la necesidad de bajar de

peso me urgía, y no quemando grasas precisamente, opté por hacer caso a tan

extraño pero quizás efectivo consejo.

 

¿Donde iba a conseguir una flor

de una tuna silvestre?

 

Recordé que a un par de cuadras

de casa, vive una señora ya entrada en años… bastante entrada en años, ya que

afirma que era ella la que le alcanzaba las herramientas a Henry Ford mientras

este construía el primer automóvil, y esta señora tiene en el fondo un sin fin

de plantas exóticas, variadas y extrañas; seguro que ella tendría el primero de

los tres ingredientes que la nona me sugirió, por lo que fui hasta la casa de

tan añejo vejestorio.

 

Golpee varias veces la puerta y

nada, no me escuchaba, y se que estaba adentro porque miré por la cerradura de

la puerta y la vi sentada en su mecedora, con la falda llena de migas y mirando

a Jorge Rial y su educativo programa, bien nuestro, que refleja nuestro

cotidiano vivir, bien uruguayo, supongo yo, porque lo dan por “el canal

uruguayo”…

 

A esta altura, en la que iba mas

de cuatro semanas sin visitar cierto ambiente de mi casa, ya no contaba con la

paciencia suficiente como para estar esperando que la anciana me atendiera, por

lo que la desesperación me llevó a dirigirme hacia el muro lateral y treparme

por este para ver si, por mis propios medios, podía ingresar a la casa por el

fondo y conseguir tan ansiada flor de la tuna en cuestión. Lo primero que vi al

asomar la cabeza por el muro hizo que me estremeciera, corrió un sudor frío por

todo mi cuerpo, sentí pánico y horror a tal punto que me baje del muro de un

salto… ¡había un duraznero!… opté por subir por otra parte del muro, tratando

de no mirar hacia el endemoniado árbol; casualmente, cuando miro hacia abajo, supe

que mi suerte había comenzado a cambiar… ¡una tuna (ni idea si era silvestre, a

esta altura…) y estaba florecida! Comprendí que no hacía falta ni siquiera

pasar para el otro lado del muro, estirándome un poco podría alcanzarla… luego

comprendí que mi suerte seguía igual, porque justo salió la vecina al fondo y

me vio, y comenzó a gritar “ladrón!, ladrón!”… unas ganas de gritarle “no,

señora, esos están en el gobierno, yo solo quiero una flor de su tuna”, pero

con lo sorda que era, sabía que no iba a conseguir que me entendiera.

 

La oportunidad era ahora, ya, no

podía dejarla pasar, pensé, tengo que hacer un último esfuerzo, estirarme

bastante, recoger la flor y rajar…

 

Llevo cinco horas detenido en

investigaciones en la 19 hasta que explique y logren creer el porque de mi

accionar, pero por lo menos el tiempo me pasó rápido y me olvidé por un rato de

mis problemas, ya que ocupé todo este tiempo en sacarme una por una las espinas

de la tuna que se habían clavado en todo mi cuerpo, pero el sacrificio valió la

pena, porque logré conseguir la flor de la famosa tuna.

 

“A conseguir las tres hojas de la

rama nueva de un eucaliptos” - me dije

-.

 

A 5 cuadras de casa hay un campo

baldío en el que abundan eucaliptos, así que hacia allí me dirigí.

 

Cuando llegue, pude notar que,

desgraciadamente, las ramas mas nuevas del árbol estaban en la copa, y que

ningún arbolito era, en altura, inferior a 30 metros, grandecitos

los nenes, pero la imperiosa necesidad de sentir vacío mi intestino de una vez

por todas hizo que no tomara en cuenta los riesgos de dicha hazaña, no me

culpen, no es nada ilógico lo que estoy diciendo, mi cráneo paso de estar

relleno de materia gris a estar repleto de materia fecal, porque a esta altura,

hasta mi corazón bombeaba mierda, ¿cómo podes pretender que razone con

claridad?; por lo que, sin contemplar los riesgos debido a que ni siquiera

podía pensar en cuales eran, comencé a escalar el árbol rama por rama hasta

llegar a la copa.

 

La tarea me resulto sencilla

afortunadamente, y mientras contemplaba la vista y divisaba que tan pequeñas se

veían las personas desde acá arriba, hasta me dio tiempo de meditar y pensar:

si se llegaran a tirar desde acá arriba Pedrito, el mas guapo de todos los

Jorges y algún que otro propietario de una bemba, ¿quien se salvaría?… la

pregunta vino inmediatamente a mi mente: ¡todos los uruguayos!, y mientras

filosofaba en las alturas, experiencia nueva para mi por cierto, no había

advertido que mi pie se había metido en un panal de camoatí, pequeño como la

capacidad de razonamiento de un funcionario público (este año es bisiesto así

que tienen fin de mes para festejar), pero con avispas tan furiosas como

Tinelli después de perder un punto de rating, y como no iban a estar furiosas

si le metí mi 43 dentro de su morada, es como que el propietario de la casa que

fue destruida cuando una conductora de bus se metiera con vehículo y todo

dentro de su casa, al bajar esta para intentar disculparse, le dijera: “ - ¡no

mija, no se haga problema, si de todos modos la casa tenía pila de reformas

para hacerle, hace tiempo que esa pared no me gustaba, estaba llena de humedad

¿vio?”… claro que no, lo primero que le debe haber dicho, muy seguramente es: “

¡Mujer tenías que ser! ¿Dónde sacaste la libreta?…¿Por teléfono?”, y un

montón de elogios mas que seguramente su primitiva y solitaria neurona no le

hubiera permitido comprender… en fin, las tres hojas las conseguí… y conseguí

también una linda sala de hospital en la que estuve internado con el

diagnóstico “asombrosa y absurda acumulación de picaduras de insecto por cm2 de

piel”, sala que era compartida entre un tuberculoso que tosía toda la noche,

una vieja que no se que sería lo que tenía enfermo pero seguro que la lengua no

era porque no paraba de hablar ni siquiera para respirar, y un vagabundo

treintañero que parecía estar sano, salvo sus pies que parecían sufrir alguna

clase de amnesia, ya que habían olvidado lavarse hacía mucho tiempo ya a juzgar

por la tonalidad entre verdosa y amarillenta, y la barra brava de moscas que

los seguían a todos lados cada vez que estos se movían de posición.

 

Una vez que me dieron de alta,

decidí encaminarme hacia el lugar más alto de Montevideo en el que podría

encontrar un trébol de cuatro hojas… el cerro de Montevideo.

 

Estuvo lindo el paseo, la tarde estaba

hermosa, corría un brisa agradable, aunque a la vuelta sentí un poco mas de

frío, no se si sería porque el sol había bajado un poco o porque venía bajando

el cerro en pelotas después de que me agarraran entre 5 negros, me robaran todo

y me dejaran sano solamente el tujes y el trébol de cuatro hojas… bueno, solo

el segundo… ¡pero conseguí el ingrediente final!

 

Ya con los tres ingredientes en

mano, le afané la chata al abuelo (porque pelela no encontré), conseguí un

encendedor, prendí fuego los ingredientes y una vez que estos se apagaron,

inhalé el humo que de ellos provenía, tal como la sabia abuela dijo…

 

La atención médica con

inhaladores me la tuvo que dar mi vieja en casa, ya que en el hospital no me

dejaron ingresar nuevamente y decía en el acta de mi historia clínica: “omisión

de asistencia justificada e imposibilidad de internación por pelotudo. Derívese

de urgencia a Millán 2515. Individuo con riesgo de atentar contra su propia

vida y de incentivar y conducir a mentes sanas hacia la estupidez extrema”… mi

vieja me escondió en el ropero hasta que unos señores que vendían unos chalecos

blancos dejaron de buscarme, seguramente, por lo blanco inmaculado de los

chalecos, querían hacer la prueba del blanco Nevex conmigo, no entiendo porque

mi vieja no me dejo participar… en fin, lo desgraciadamente importante es que,

por mas remedio casero que probé, el cilíndrico amiguito sigue adherido con

uñas y dientes (si es que los tuviera) a mi intestino, y nada parece hacerlo

cambiar de opinión, por eso, como dije al comienzo de este relato, a pesar de

mi desconfianza hacia los médicos, y habiendo probado de todo, esta vez sí,

indefectiblemente, necesitaba la ayuda de un profesional.

 

Me dirigí nuevamente hacia el

hospital… disfrazado para que no me reconocieran y me hicieran la prueba del

blanco Nevex, y con una cédula falsa, tanto como la sonrisa de Mirtha.

 

Después de una larga espera que

logró crear un estado de somnolencia hasta en el decorador de interiores que

había en mi, me atendieron… bueno, nos atendieron, porque casi era mi amigo por

todos los momentos que compartimos juntos.

 

Me recetaron un blister de

pastillas que no demoré en solicitar en farmacia, y en la desesperación de una

pronta solución, opté por darle uso de inmediato, no sin antes leer el prospecto,

por supuesto, si ya había esperado tanto, podía esperar un poco más, y este decía:

“…este producto contiene 5mg de bla, bla, bla… presentaciones en pastillas,

gotas, bla, bla, bla … laboratorio no se responsabiliza bla, bla, bla… efectos

secundarios, esterilidad, problemas con el habla y la motricidad bla, bla, bla…

¡acá está!, posología: adultos, una

pastilla cada 6…” y en ese lugar el prospecto tenía un defecto de impresión que

no dejaba ver la unidad de medida de tiempo… te podrás imaginar que mi paciencia

y mi tolerancia habían llegado a un límite en el cual no estaba dispuesto,

ahora sí, a esperar ni un minuto más… un minuto pasa volando, pensé, andá y

averiguá en la farmacia cual es el tiempo que hay que esperar entre la ingesta

de una pastilla y otra, pero no, no quería perder más tiempo, y decidí, ante la

duda, elegir la unidad de tiempo más pequeña posible en este caso… el minuto.

 

Y así lo hice, me puse cómodo en

la sala de espera y, sabiendo que la solución ya estaba próxima, comencé a

ingerir un laxante cada 6 minutos hasta terminar el blister de 20 pastillas,

mientras disfrutaba viendo episodios de Alf en el Nickelodeon.

 

Debido a que me fascinaba esta

serie ya desde chico y lo sigue haciendo aún después de grande, cada minuto de

espera parecía un segundo, y me llevó a pensar en la relatividad del tiempo:

“como un minuto puede parecer un segundo cuando uno disfruta” pensaba en voz

alta mientras ingería la última de las 20 pastillas del blister… en ese

momento, la relatividad del tiempo estaba a punto de dar un giro de 180º en

cuanto a lo que hasta ese entonces creía pensar sobre la duración de un minuto…

 

Estaba ganando la batalla, sentía

como las pastillitas surtían efecto y estaban logrando por fin el tan ansiado

desalojo… solo que el residente pareciera que le urgiera irse rápidamente de la

morada, al punto que no tenía la certeza si iba a llegar a tiempo para

prepararle su siguiente hotel definitivo… corrí rápidamente hacia el baño más

próximo del sanatorio… cerrado con un cartel afuera que decía “fuera de

servicio”… a esta altura los códigos secretos de la apertura del portal de Star

Gate ya estaban descifrados hace rato, y la tortuga discapacitada con artrosis

había logrado atravesar de punta a punta la muralla china, por eso era el

desconcierto, tanto del esfínter como del desalojado individuo, ¿qué estaba

esperando?… seguí corriendo hasta el próximo y último baño del hospital, pero

al llegar estaba ocupado, y al golpear la puerta, una voz desde adentro me

dijo: “¡un minuto!”… ahí comencé a comprender que la relatividad del tiempo iba

en los dos sentidos, que un minuto no dura lo mismo cuando estas disfrutando

que cuando no, que un tango puede decirte que 20 años no es nada y sin embargo

un minuto puede llegar a ser un siglo… y llegue a la conclusión de, que tan

largo puede ser un minuto dependerá de que lado de la puerta te encuentres, y

yo en estos momentos estaba del lado equivocado, del lado en el que un minuto

son cien años… la puerta del baño pareció abrirse, una sonrisa de satisfacción

se dibujó en mi rostro y… me desperté… saqué las sábanas que pasaron de blancas

a ocre y las puse en el lavarropas, puse a ventilar el colchón, me di un baño y

juré nunca más cometer la locura de tomarme un café con leche como cena y una

naranja de postre antes de acostarme…

 

 

 

 

 

 

 

FIN

 

 

 

 

5 Comentarios
  1. Me cagué de risa, muy bueno, felicitaciones y gracias por compartir. Saludos desde el otro lado del charco.

  2. jajajajaja no podes!! que buen relato compatritoaaa!, la verdad me cacue de risa!!

  3. Si lo tengo, lo desconozco: amigo, la pura risa con tu narrativa… gracias por hacernos pasar un rato tan ameno.
    Atentamente
    Volivar (Jorge Martínez. Sahuayo, Michoacán, México

  4. nuevamente he leido tu narración, amigo, “Si lo ten go, lo desconozco”, pues he querido empezar el día con una enorme sonrisa.
    Atentamente
    Volivar (Sigue en esto; eres bueno; tienes la herramienta para escribir con excelencia)

  5. Muy divertido. Me gusta mucho como escribes. Te felicito sinceramente y te doy mi apoyo (mi voto). Yo también tengo un cuento (infantil), se llama “Las aventuras de Chopi el charco”. Te invito a leerlo.

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