Caminaba siempre sólo por las calles con una gabardina gris que le venía grande, una boina estilo inglés calada hasta las cejas y un puro entre los labios; del bolsillo derecho de su gabardina sobresalían un poco las tapas de un libro. El libro lo acababa de comprar en la librería que hacía esquina justo después de tomar café en el pequeño bar de enfrente a las 9h, cruzaba el paso de cebra y a las 9.30 entraba en la librería. Era una librería de tres plantas unidas por una escalera central. El hombre bajaba lentamente las escaleras y se dirigía a la primera planta, al fondo, a la izquierda, sección poesía. Entonces paseaba varias veces los dedos por el canto de los libros, sutilmente, los acariciaba como un enamorado hasta que alguno lo hacía detenerse, lo abrigaba debajo del brazo, pagaba y lo metía en el bolsillo derecho de la gabardina. Hacía esto todos los días.
Yo tenía por entonces 25 años y acababa de licenciarme pero no veía salidas laborales, unos amigos me habían ofrecido trabajo en su librería por un periodo de tiempo , acepté felizmente pues siempre me había sentido a mis anchas entre libros.Fue ahí donde vi por primera vez al tipo del que estamos hablando y que enseguida captó mi atención. Todos los días llegaba a la misma hora : 9.3o , ni un minuto más ni un minuto menos , y salía con un libro de poemas a las 9.40. Yo nunca le había visto antes por el barrio así que me pareció que probablemente acabara de llegar a la ciudad. Intenté adivinar a que profesión se dedicaba, evidentemente por su predilección en materia de libros se trataba de un hombre de letras, quizás fuese un profesor o incluso un filósofo, tal vez lo hubiesen jubilado y por eso ahora tenía tanto tiempo libre para comprar y leer toda la noche esa montaña de libros pero desde luego era demasiado joven para estar jubilado y no pude observar ningun defecto fisico que lo hubiera podido incapacitar prematuramente para su profesión. Asi que todo eran conjeturas mías, pues nada sabía realmente de aquel hombre. Un día estuve a punto de preguntarle a que se dedicaba pues la curiosidad que sentía iba creciendo dentro de mi pero no me atreví hubo algo que me impidió dirigirme a su persona, como si pudiese palpar su hostilidad hacia mi en el aire. Otro hecho que me extrañaba era que nunca se quitaba su gabardina y su gorro al entrar, supongo que era la vestimenta lo que le daba ese aire misterioso, de hecho la visera de la gorra tapaba de tal modo su cara que ahora mismo me resulta imposible describir sus facciones y quizás lo que mejor recuerde sea que tenía el labio inferior muy grueso y un poco colgante, nada puedo decir de su mirada.Un par de veces lo vi por casualidad por la calle y un día se me ocurrió seguirlo y asi fue como descubrí donde vivía, no era muy lejos de la librería, un par de manzanas más allá, en una casa vieja que hacía poco habían terminado de restaurar. Hasta una vez , supongo que por aquel entonces me aburría bastante, se me ocurrió hacer guardia en la calle y esperar a que saliera de casa, pero no salió, por lo visto al volver de la librería se encerraba en casa todo el dií y ya no salía más. Poco a poco me fui olvidando del tema, era evidentemente un tipo extraño y solitario pero no habia razón ninguna para pensar que eso entrañara algun misterio, así que deje de persiguir al hombre de letras por miedo a volverme loco y porque no creí que pudiese llegar a averiguar nada. Me equivoqué. Un mes más tarde una mañana soleada en la que daba un paseo vi salir a nuestro hombre apresuradamente del portal de un edificio del centro de la ciudad eran las 9.30. Esa misma tarde en el mismo edificio habia dos coches de la policia. Una mujer viuda que vivia en el primero había sido asesinada, el cadáver reposaba en el sofá y sobre su regazo tenía un libro de poemas de Pablo Neruda. Gracias a mi testimonio asi como otras pruebas se detuvo como sospechoso a nuestro hombre de gabardina y gorra que rápidamente se declaró culpable. Cuando se le preguntó por el motivo del crimen dijo tranquilamente fumándose un puro que había decidido pasar de la palabra a la acción.



Buen ritmo, es un relato interesante, gracias por compartirlo. Saludos
Excelente cuento.
De inicio, captura con la intrigante presencia de este personaje, al muchos vernos reflejados en ese amor por los libros en papel, en especial los que se comercializan en las “librerías de viejo”.
Luego la curiosidad creciente del narrador que nos lleva a interesarnos en develar el misterio, tanto como él en sus pesquisas.
El final es inesperado y muy efectivo. Pienso que la clave estriba en dejar la sorprendente explicación hasta la última frase del texto.
Muchas gracias, Violeta
Un gran saludo
Este lo rescaté de hace bastante tiempo la verdad, saludos.
Violeta Veleta: has escrito un tema fascinante; un placer leer algo bien estructurado.
Felicidades.
Atentamene
Volivar (Sahuayo, Michoacán, México)
¡Gran final! Excelente cuento.