Os presento uno de los cuentos de mi primer libro editado (por mi cuenta), “Relatos para despertar el corazón dormido”
Érase una vez, en un país lejano, un lorito mágico, de hermosas plumas de colores y tierna voz, que tenía el poder de conceder un deseo a aquella persona que cuidase de él.
Un buen día, se le acercó un granjero que le dijo:
- Ven conmigo, yo te cuidaré. Tengo muchos animales en mi granja y puedo tener uno más, además, serás la mascota de mis hijos.
El lorito se puso muy contento porque había encontrado una familia y nunca más estaría solo. Pasado un tiempo, el lorito le dijo al granjero:
- Amigo mío, ha llegado el momento de compensarte por tantos y tantos cuidados como me has dado. Pídeme lo que más desees, que yo te lo daré.
El granjero le respondió:
- Lo que más deseo es tener mucho dinero para no tener que trabajar nunca más, y poder colmar de obsequios a mi esposa y a mis hijos.
El lorito respondió:
- Cierra los ojos y cuenta hasta diez; cuando los abras, tu sueño se habrá realizado.
Así lo hizo, y cuando el granjero abrió los ojos, se quedó sin palabras al ver tanta riqueza a su alrededor.
Una mañana el granjero, que se había vuelto engreído y se sentía superior a los demás campesinos, se acercó al lorito y le dijo:
- ¡Vete!, ya no te necesito. Ahora tengo lo que más anhelaba, y tú ya no me sirves para nada. ¿Es que no ves que estás ensuciando mi casa?
El lorito, entristecido, volvió de nuevo al bosque.
Una tarde de otoño, se le acercó una anciana y le dijo:
- Ven conmigo, yo te cuidaré. Yo soy una pobre anciana que vive sola, y así me harás compañía.
El lorito, que no había dejado de creer en la nobleza humana, decidió intentarlo una vez más. Pasado un tiempo, el lorito le dijo a la anciana:
- Amiga mía, ha llegado el momento de que te recompense por tantos y tantos cuidados como me has dado. Pídeme lo que más desees, que yo te lo daré.
La anciana respondió:
- Lo que más deseo es recobrar mi juventud y belleza, para poder conquistar el amor de un hombre y poder formar una familia. Así nunca más estaré sola.
El lorito le dijo:
- Cierra los ojos y cuenta hasta diez, cuando los abras tu sueño se habrá realizado.
Así lo hizo, y cuando la anciana abrió los ojos y se miró en el espejo, no podía dar crédito a lo que veía. Era la mujer más hermosa que jamás hubiese visto. Pronto conoció a un rico y apuesto joven con el que se casó, y juntos decidieron tener varios hijos.
Un buen día la dama, que se había vuelto muy vanidosa, se acercó al lorito y le dijo:
- ¡Vete! Ya no te necesito. Ahora tengo lo que más anhelaba. Pronto llenaré ésta casa de niños, y tú tan sólo serás un estorbo. ¿Es que no ves que no queda sitio para ti?
El lorito lleno de dolor, volvió de nuevo al bosque. No comprendía por qué si él solo quería hacer felices a los demás, una vez conseguidos sus deseos le abandonaban. Lloraba y lloraba sin parar. Estaba tan sumido en su amargo dolor, que no vio acercarse a un niño. Éste, apenado por su sufrimiento, le acarició.
- ¿Por qué lloras?- le preguntó.
- Nadie me quiere - respondió el lorito-. Todo el mundo me abandona después de conseguir lo que quieren.
- Ven conmigo, yo soy un niño mendigo. Trabajo por el día recogiendo leña para los campesinos de la aldea, a cambio de un mendrugo de pan y de un vaso de leche. Y cuando llega la noche, me cobijo en un viejo pajar abandonado. Si tú quieres, nos haremos compañía mutuamente.
El lorito, que a pesar de todo confiaba en el buen corazón de la gente, decidió probar de nuevo.
Pasado un tiempo, el lorito le dijo al niño mendigo:
- Soy un loro viejo y pronto moriré, ha llegado el momento de recompensarte por tantos cuidados como me has dado. Pídeme lo que más desees, que yo te lo daré.
El niño respondió:
- Nada deseo, sólo quiero tenerte siempre a mi lado, y que nunca me abandones, lorito hermoso.
El lorito, sorprendido, le dijo:
- Cierra los ojos y cuenta hasta diez -, el niño obedeció, y cual fue su sorpresa cuando al abrir los ojos, comprobó que se había convertido en un valiente rey, dueño de una inmensa fortuna, y que tenía por esposa a la más bella dama que jamás hubiese existido.
El lorito, exclamó:
- Tú, que no has pedido nada, te lo mereces todo. Por eso no sólo te he dado riqueza, belleza y amor, sino que además te he concedido la inmortalidad, para que tu dicha no tenga fin.
El joven, perplejo, le dijo:
- Todo esto está muy bien, pero ¿qué pasará contigo?
- No te preocupes, amigo mío - respondió el lorito -. Yo también me he convertido en un pájaro inmortal, y no te abandonaré jamás.
Y desde entonces vivieron felices dándose amor mutuamente, y ayudando a todo aquél que lo necesitaba.
Moraleja:
No sufras, si das amor y a cambio, recibes indiferencia. Más tarde o más temprano, encontrarás a alguien que te dé con creces lo que tú diste primero.



Muy buen cuento, como el anterior.
Muchas gracias, Jorge.
Espero que los siguientes sean también de tu agrado.
Un abrazo.
Un cuento infantil que transmite buenos valores y buenas enseñanzas. Te envío mi voto.
Muchas gracias, Antonio.
Espero que si has leído los otros que tengo publicados, merezcan tu aprobación.
Un abrazo.
Bello cuento y bella reflexión.
Muchas gracias
Me alegra de que te haya gustado; seguiré enviando más cuentos de ese estilo.
Muchas gracias. Un abrazo
Muchas gracias, Richard. Un abrazo