El polaco
5 de Octubre, 2012 4
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Pedro o el polaco, como muchos le decían, vivía en un arroyo perdido en el Delta del Parana. Recuerdo que siempre lo conocí ”viejo” pero en esa vejez que perdura inalterable en el tiempo. Era viejo, pero eternizado en esa edad incalculable, desde hacia muchos años. Canoso,pocos dientes y un español polaco complicado de comprender. No tenia familia, aunque Don Luis, el dueño del almacén mas cercano, aseguraba que tenia parientes en alguna parte de la ciudad de Buenos Aires. De hecho, eran quienes le enviaban un cheque, para que a don Pedro nada le faltara. Pero había un problema, el polaco vivía alejado de los demás isleños, en el arroyo Negro y no tenia ni siquiera un bote a remos. Según contaban, había llegado a las islas huyendo de la guerra,pero yo jamas lo había escuchado hablar de ninguna guerra.

Con mis dieciséis años a cuestas, era el encargado de llevarle los víveres . En ese entonces tenia una canoa canadiense, como esas que utilizaban los indios en las películas, impulsada por un pala doble, la embarcación era liviana y rápida.

Recuerdo ese día, allá por los años noventa, en una tarde de septiembre, así como la de hoy, cálida y silenciosa ….

Remonto la correntada del arroyo con todas mis fuerzas, lo único que se escucha es el deslizar del agua por debajo de la embarcación, el almacén esta a quinientos metros, la vuelta sera sencilla, por que el agua me arrastrara hasta el arroyo el Negro. Don Luis me espera, paciente en su muelle, vestido con su pantalón suelto color beige y su camiseta blanca. Siempre igual, pero siempre impecable. Don Luis ¿Quien no lo querría al viejo? Todos, era fácil quererlo, por que siempre andaba sonriendo y haciendo chistes.

Cuando estoy apenas a metros del muelle, Don Luis baja algunos escalones y espera que la proa de la piragua llegue hasta donde esta el y deposita rápidamente la canasta.

- Pibe !Tene cuidado con los huevos! - Me grita

- No se haga problema, que no la pienso mover hasta que no llegue a la casa del polaco.

- Mandale saludos y decile que si necesita algo me avise.

Le hago un gesto con mi cabeza y giro buscando lentamente con la proa la dirección del camino de regreso. En apenas unos minutos me adentro en el arroyo. Acá todo es distinto, el agua es negra y fría, dicen que se ve así, pero que en realidad es transparente, por que el lecho es de arena. No lo se, y no quiero saberlo, este lugar siempre me pareció tenebroso.

No hay casas, por que nadie vive en este sitio, solo algunos isleños se adentran para hacer monte, como ellos dicen. “Hacer monte” es talar arboles, una tarea sacrificada y de riesgo. Aunque también hay cazadores, pero esos andan mas tarde, cuando ya es de noche. Todavía es temprano, el agua esta casi quieta, por lo que el bote se desliza fácilmente. Solo me veo obligado a detenerme cada tanto, por que en algunas partes, los camalotes tapan el camino, pero esta embarcación, al ser de fibra de vidrio, se desliza por sobre ellos, aunque con un esfuerzo extra.

Las orillas son puro monte, en algunos lugares se ven claros por donde bajan al agua los carpinchos y nutrias.Animales que cada tanto son perseguidos por los cazadores, junto al ciervo, tanto por la carne, como por su piel. Estos hombres suelen andar en canoas como esta, por que son silenciosas y cuando el viento no los ayuda, los animales son sorprendidos. Pero para que esto suceda, el viento tiene que estar en contra de quien rema, por que si viene por la espalda, cualquier mínimo ruido sera suficiente para alertarlos, ya que el agua funciona como un cable telefónico.

Hoy el viento esta en contra, pero es leve, casi como una brisa de verano.

Casi llegando a la casa del polaco, la orilla del lado donde el vive, esta limpia de esa tupida vegetación, acá solo se ven totoras, helechos y matas de tréboles, a la sombra de los álamos que prolijamente plantados, crecen al cuidado del viejo. El agua esta un poco alta, por lo que desde mi asiento puedo observar el monte adentro. Cada tanto alguna pava del monte chilla, avisando de la llegada de un forastero,aunque el mas atento es el hornero, parece la alarma de seguridad del monte.

Estoy un poco cansado, por lo que el ultimo trecho, dejo que la piragua se deslice casi sola, dándole cada tanto, una remada fuerte; lo que convierte mi presencia en algo totalmente silencioso, como si fuera un cazador en un busca de su presa. De pronto escucho el movimiento de la maleza a mi derecha, no a mucha distancia de donde estoy. Fijo mi mirada en esa dirección y entonces ahi los veo, salvajes, comiendo pasto, tres carpinchos. Que al verme, levantan la cabeza y me observan, un par de segundos largos y eternos. El tiempo suficiente para que un cazador los mate pienso. Pero no tengo armas y tampoco ando buscando ninguna presa y ellos parecen saberlo. Se empiezan a mover a un trote leve en mi misma dirección, hasta que se deciden y aceleran el paso, zambulléndose uno tras otro, a mi costado, ladeando el bote con la marejada y salpicándome con el agua. Se pierden de vista en pocos segundos, mientras yo me quedo observándolos, maravillado y sorprendido,por la misma naturaleza.

Adelante, ya veo la casa en alto de don Pedro, el polaco….dicen que huyo alguna vez de la guerra.

 

 

 

 

 

 

 

4 Comentarios
  1. Qué hermosa historia Javier. Me hiciste entrar en ella y activar todos mis sentidos, Mi voto

    • Lidy: Lo mas importante, es que es real, naci en el Delta del Parana y vivi gran parte de mi vida en ese sitio. Y este hombre, Don Pedro fue tan real, como Don Luis, el almacenero……solo quise compartir una vivencia personal. Gracias por tus palabras siempre…

  2. Javier Guirin: esto que he leído ahora mismo, me ha llevado por esos lugares maravillosos que narras con tanta maestría; qué ganas de remar en esas aguas cubiertas por el follaje de las orillas, en donde los animales de caza están siempre prevenidos contra las escopetas.
    Qué bella descripción nos has presentado, amigo, por lo que te felicito.
    Mi voto
    Volivar

    • Volivar: En ese lugar naci, creci y pase gran parte de mi adolescencia…una historia de vida, que me pertenece y que quise compartir con ustedes. Gracias Volivar!

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