El soldadito medieval
24 de Enero, 2012 6
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El mundo de mis juguetes cuando niño, era fascinante, me sumergía en la sencillez de los mismos, sin más preámbulo que el del niño que se encierra en su mundo para escapar de la realidad, esa dura realidad que suele golpearnos; sin preguntarnos siquiera, si somos felices recibiéndola.
Entre todos los juguetes que poseía, el soldadito medieval era el preferido; un cruzado que tenía un yelmo que le cubría completamente la cabeza y una armadura a manera de peto y en uno de sus brazos un escudo. Este soldadito libró muchas batallas entre anacrónicos compañeros de batallas; quienes se sometían a la valentía y el coraje de este pequeño pescador de sueños y gallardo conquistador de simpatías.
En la soledad de mi cuarto, cualquier cobija servía de pretexto para armar un paisaje, donde infinidad de soldaditos de maneras y formas bien disimiles, libraban las más duras batallas, donde se enfrentaban el bien y el mal, dicotomías encontradas que se representaban en ese monologo infantil, lo mejor y lo peor de un ser inocente, sabiendo de la existencia de los extremos; pero representadas con la ausencia de la maldad en su más genuina expresión, imágenes resueltas de una virtual confrontación sin dañar a nadie.
Al día siguiente, volvían a verse las caras vencidos y vencedores, como si nada hubiese pasado, los mismos personajes; ya sin el recuerdo de las heridas sufridas un día anterior en el campo de batalla. Las heridas virtuales del soldado medieval, un día hicieron mella en su humanidad costándole la pérdida de su cabeza. La solución para echar a rodar a este caballero andante por los caminos de las mil batallas, era resolver el problema; colocándole la cabeza en su lugar y cerciorándose que se asegurara en su cuello de una manera firme. Esta decisión no pudo ser más justa y sensata, su cabeza fue unida a través de una aguja insertada en su cabeza que la unía al cuello.
Aunque el caballero medieval nunca fue el mismo; siguió librando batallas hasta que llegó el momento de que su interlocutor creció y todo este mundo de magia infantil fue disuelto por la presencia no tan mágica de una escoba, que entre polvo y decenas de compañeros de juego se perdió en lo desconocido.
Hoy, veo a niños jugar, como zombis frente a los destellos de ráfagas de imágenes en aparatos que a maneras de cepos, los anquilosan a una silla, en estos, la violencia es llevada a su máxima expresión y el reto es sólo matar. Ahora, con cierta nostalgia, recuerdo los tiempos en que jugaba con el soldadito medieval.

6 Comentarios
  1. Me siento totalmente identificado con tu relato, gracias por compartir. Me gustó mucho.

    • Gracias por ocuparte de leerlo, son recuerdos que salen del corazón, mas que de la mente. Espero tener tiempo para leer los tuyos. Saludos y sigue adelante

  2. Brutal y redondo, como todo buen relato debe ser. ¡Salud por los tiempos que jamás se van!

    • Gracias por estas palabras que vienen de alguien que conoce mejor que yo, los intringulis de las letras

  3. Amigo Hegoz, hermoso tu relato “El soldadito medieval”.
    Eres de los que saben hacer una obra de arte de algo tan insignificante (para otros) como es un soldadito -de plomo,seguramente., que en años idos constituía un lindo juguete, El tiempo ha pasado, y tú sigues ocupando tu tiempo,para distraerte, haciendo mil cosas con el famoso soldadito. Esto lo hacen sólo las plumas destacadas en este bello arte de escribir.
    (Cuando te pidan algún autógrafo, envía uno, vitualmente, por supuesto, a esta ciudad de Sahuayo, en la república mexicana.
    Atentamente
    Volivar Martínez Sahuayo, Michoacán, México.

    He terminado el comentario, y me dispondo a releer al intrépido soldadito, héroe de mil batallas, de las que salía sin cabeza, pero que seguía en la lucha, por supuesto que con la aguda de un genio robado al Quijote de la Mancha, que se la ponía de nuevo en su lugar.

    • Gracias amigo eres demasiado generoso con tus comentarios, para alguien que no domina la escritura. que no es versado en literatura, como yo, sólo soy un simple mortal que llena su espiritu y drena sus emociones escribiendo en estas paginas. Gracias mil, por motivar a este humilde servidor, “aventurero de las letras” como me describo en el perfil

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