El encargo que recibió el Sr. López era muy simple; un precio, una foto y un mensaje en clave para confirmar su ejecución. La mitad del dinero ya estaba en el banco, el tipo de la foto estaba atado a una silla, con una rodilla deshecha por una bala, y en dos horas llamaría a su cliente para decirle “Sinatra, soy Frank, fly me to the moon”.
El tipo se arqueaba en la silla tratando de desatarse. Sudaba. Mugía de dolor. La pernera de su pantalón gris ya había adquirido el color carmesí de su sangre. El sr. López acercó una silla y se colocó frente a él. Al sentarse lo hizo al revés; apoyando su pecho sobre el respaldo. Su mano derecha empuñaba un revólver. Se aderezó su corbata negra, a juego con su traje también negro, y alisó su camisa blanca.
—Joder tío, ¡deja de retorcerte!, yo he hecho ese nudo y mis nudos no se deshacen —Exclamó el Sr. López al tomar asiento.
El tipo cejó en su empeño.
— ¡Eso está mejor! … y ahora, que estamos sentados y relajados, vamos a hablar —El sr. López se limpió una pelusa de la manga de su americana y continuó— Te estarás preguntando ¿por qué este asesino hijo de puta me quiere matar?, ¿no es así?, pero esa no es la cuestión —El sr. López secó con el cañón del revolver una gota de sudor que bajaba por su frente—. Entonces, ¿Cuál es la pregunta apropiada en este momento?
—¿Humm? —gimió el tipo.
—Exacto, la pregunta es ¿Por qué no estás muerto ya?
—¿¡Humm!?
— Tienes razón. Soy un jodido asesino, pero eso no significa que no tenga inquietudes y aficiones, por ejemplo, me encanta la jardinería —El Sr. López miró hacia una ventana que daba al jardín—. ¡Tienes unas hermosas azucenas, si señor! También me gusta el cine ¿A ti te gusta el cine—El tipo asintió—. A mí me encantó Pulp Fiction, ¿Sabes por qué? Por su mensaje no violento.
— ¿Humm?
— Joder, ¡claro que se desparraman los sesos de un negro en un coche!, he dicho que su mensaje es antiviolento, no que no sea una película violenta. A mí no me gusta la violencia,…bueno en el cine sí —El tipo le miraba sin pestañear—. Que sea un puto asesino no significa que me guste la violencia…Solo es mi jodido trabajo,… ¿A ti te gusta la rutina? —El tipo negó con la cabeza— ¡Claro que no!, ¡A nadie le gusta la rutina!,…sin embargo, la vida de casi todo el mundo es rutinaria.
— …
— Pero volvamos a lo que te estaba explicando. La moraleja que podemos sacar de Pulp Fiction es que si entras en el juego de la violencia al final lo pagas. ¿Recuerdas lo que le pasó a Vincent Vega y a Jules? —El tipo miró resignado su rodilla—, Un camello negro les sorprendió y les acribilló a bocajarro, ¡Sí, tío!, vació un puto cargador en sus caras y no les dio ninguna bala,…je, je, je ¡Qué tíos!
— ¡Grrr!—Sollozó el tipo mirando su pierna.
— Si te cuento esto es porque es importante para responder a la pregunta de por qué no te he matado ya,…¡Joder! tu rodilla está hecha un asco —El Sr. López apartó sus pies del enorme charco de sangre que se extendía por la moqueta.
—¡Grrr!
— ¿Y qué lectura sacaron de ese hecho? —El Sr. López se levantó de la silla y se puso frente al tipo—. Ahí está el mensaje antiviolento. A Vincent no le pareció nada extraordinario, y decidió continuar con su vida de matón —Continuó el Sr. López mientras desanudaba la corbata del tipo—. Jules, por el contrario, lo tomó como un milagro obrado por Dios, y reflexionó sobre su significado. El resultado es que a Vincent se lo cargaron mientras estaba cagando. En cambio, Jules, lo abandonó todo y, se supone, se dedicó a ser un feliz y buen samaritano.
— ¡Grrrr, Grrr, Grrr! —Gimió el tipo mientras el Sr. López le realizaba un torniquete, por encima de la rodilla herida, con la corbata que le había quitado.
— Yo también me planteo cosas, soy un puto asesino pero eso no significa que no me plantee cosas. ¿Crees que no tengo escrúpulos? ¿Crees que no pienso en lo que está bien y lo que está mal? Lo hago constantemente. ¿Tú piensas que los verdugos pueden ir al cielo?
— ¡Hummm, grrr!
— ¡Claro que pueden! —Continuó el Sr. López mientras volvía a sentarse en su silla— ¿Por qué no? Conectan la silla eléctrica o inoculan la inyección letal porque así lo manda un juez… Si son buenos padres, esposos y además pagan sus impuestos ¿Por qué demonios no van a poder ir al cielo a tocar el arpa con los angelitos? Su profesión es matar y con eso pagan los pañales y las piruletas de sus hijos. Y eso es bueno. ¿Entiendes lo que te digo?.
— ¿…?
— Y todo eso nos lleva a nuestra situación —El Sr. López observó restos de sangre del tipo en la manga de su chaqueta—. Yo tengo la puta pistola y tú estás hecho un asco. En principio eso me sitúa como el cabrón asesino que va a cometer un acto horrible, pero tenemos que analizar todas las circunstancias ¿Sabes cuáles son nuestras circunstancias?
— ¿Humm?
- Pues las circunstancias son que tú la has cagado con un tipo con mucha pasta y resulta que, a ese puto ricachón, le hace muy feliz que yo te vuele la cabeza. Como agradecimiento, me va a pagar una cantidad de dinero que a mí me hará muy, pero que muy, feliz también. Por tanto la consecuencia de que yo te mate supone algo bueno para ese cabrón y para mí.
—¡Humm!, ¡Humm!, ¡Humm!
—Tranquilo, me gusta la pasta pero eso no significa que sea egoísta. Entiendo que no sería justo si no tomara en cuenta tu punto de vista. Sin duda, tú quieres seguir con vida y, desde luego, no quieres que te pegue un tiro. Por tanto, desde tu posición, mi acto no sería
correcto… Entonces, ¿Qué tenemos aquí? —El tipo tiritaba— Exacto, tenemos un dilema moral.
— ¿Humm?
—¿Y quién puede resolver ese dilema? —El Sr. López se atusó el pelo—. No puede ser otro que Dios. Jules vio la luz cuando lo acribillaron a bocajarro y no le dio ni una puta bala. Vio a la obra de Dios en ese milagro; una advertencia de que su vida no era correcta. Yo soy más precavido. No me haría ninguna gracia pasar por una prueba así. Por eso, si a ojos de Dios mis actos no son correctos, quiero me lo haga saber antes de que los cometa, cuando todavía se puedan evitar. No quiero que Dios me juzgue cuando la palme y, sin posibilidad de redención, me mande al puto infierno. Por eso no estás muerto ya. Cuando me he sentado contigo le he pedido a Dios que, si el acto que voy a realizar no es correcto, lo evite. Le he dado media hora para que, de algún modo, me impida que te mate. Si no lo hace será porque hago lo correcto o, por lo menos, cuando muera le podré objetar ¡Eh, Dios, te di tiempo de evitarlo!. —El Sr. López puso el seguro a su pistola— Por eso no estás muerto ya. Porque estamos esperando que Dios lo evite.
— ¡Humm!
— Y ahora voy a ir a mear y curiosear por tu casa —el Sr. López se puso de pie— Te aconsejo que aproveches la media hora que falta para rezar todo lo que sepas. Dicen que eso ayuda. Aunque he de advertirte que, de momento, todos mis encargos han visitado la morgue con una rodilla destrozada.
— ¡Humm, Humm, Humm, Humm!
El Sr. López guardó su pistola en el bolsillo de su americana y dejo al tipo sólo en el comedor. Se dirigió al lavabo, a través del pasillo que conectaba las habitaciones. Realmente valoraba la exquisita, y moderna, decoración de la casa. También apreciaba el gusto con el que se había diseñado el jardín que la envolvía. Tras vaciar su vejiga, entró en el dormitorio principal. Olía muy bien. En la única mesita había un reloj que marcaba las cinco de la tarde; a su lado, un marco de plata con la foto de una hermosa mujer y de una adolescente. “Si señor, tiene gusto ese capullo”, pensó. Aburrido abrió el armario ropero. Al Sr. López le gustaba la ropa, la buena ropa. No le extrañó encontrar vestidos, abrigos, trajes, fulares, sombreros o zapatos. Si le llamó la atención que todo el vestuario fuera femenino. Volvió a entrar en el lavabo. Había toda clase de artículos de maquillaje o perfumes. Pero no había ni rastro de utensilios para el afeitado. Salió del dormitorio y fisgoneó, con parsimonia, el resto de la casa. Sólo encontró otra cama en la habitación de la adolescente. Sacó la foto que le había entregado su cliente y la revisó. Sin duda era el tipo que estaba atado con una bala en la rodilla. Lo estuvo siguiendo durante todo el día hasta que llegó a esta casa. Lo vio abrir la puerta del vallado del jardín y, cuando le disparó en el umbral de la puerta, sujetaba la llave en la mano. Dio por supuesto que vivía allí. Se equivocó. A lo lejos oyó el timbre de un teléfono.
Volvió al salón tenía que hablar con el tipo.
— Vaya, vaya, vaya,…¡Veo que guardas sorpresas, amigo! —El Sr. López se cruzó de brazos a un palmo de la cara del tipo, con cuidado de no pisar el charco de sangre— Dime una cosa ¿Vives en esta casa? —El tipo negó con la cabeza— Entonces, si tienes la llave de la casa pero no vives aquí, parece que tu visita es tan inesperada como la mía.
El tipo lo miró expectante y gotas de sudor surcaban su mordaza.
— ¿Qué pasó?, ¿esa belleza se buscó otro hombre? ¿O fuiste tú?, je, je, je —El Sr. López se aflojó el nudo de su corbata— Veamos, yo creo que fue ella. Si hubieras sido tú habrías traído un ramo de flores, pidiendo perdón —El Sr. López chasqueó— Pero vienes cuando
ellas no están y traes una llave de la casa, por tanto, yo creo que venías a castigar —El tipo le miró en silencio—. ¿Es eso?, ¿ibas a ser malo? Tranquilo amigo, a mí no me importa.
El Sr. López se volvió a sentar en la silla. Consultó su reloj, eran las cinco y diez. Faltaban todavía veinte minutos para que terminara el plazo. Se recostó en la silla, imaginando lo que podría pasar si en ese momento llegaran la madre y la hija. Se relamió. Que fuera un asesino escrupuloso no significaba que no le gustaran las mujeres. Le gustaban, y mucho.
Pocos minutos después se abrió la puerta de la entrada. La madre y la hija discutían sobre una fiesta de cumpleaños. Al Sr. López no le resultó difícil reducirlas. Le bastó con apresar a la joven y apuntarle a la cabeza. La madre se arrodilló, dejándose maniatar y amordazar sin oponer resistencia. Cuando terminó de hacer lo propio con la hija las arrastró hasta el salón y las arrojó al sofá. La mujer era más hermosa que en las fotos. Tenía el rímel corrido, resaltando sus ojos verdes, brillantes por las lágrimas.
Faltaban apenas tres minutos para que se cumpliera el plazo concedido a Dios. El comedor quedó inmerso en un silencio apenas roto por los sollozos de la adolescente y los gemidos del tipo. El Sr. López se encontraba de pie. Había sacado el revólver para quitarle el seguro. No dejaba de mirar a la madre. La presencia de mujeres siempre le dejaba mudo. También le hacían sentir escalofríos que le erizaban la piel. En ningún momento se planteó que la llegada de ambas fuera la advertencia divina que esperaba. Al contrario, lo consideró un regalo. Que no le gustara la violencia no impediría que, cuando matara al tipo, se sentara en ese sofá. Entonces, lentamente, arremangaría las faldas de las dos y acariciaría delicadamente sus piernas desnudas. Después se sentaría en el regazo de la madre y arrancaría, uno a uno, los botones de su blanca camisa dejando al descubierto su escote. Su cabeza se desbocaba. Suspiró. Miró su reloj de pulsera. Faltaba un minuto para llegar a las cinco y media. Se enfrentó al tipo, encañonándole con su pistola a la altura de los ojos.
— Ves, Dios no considera mis actos incorrectos
El tipo respingaba en la silla fuera de sí. La madre y su hija pataleaban alocadamente en el sofá. El Sr. López comenzó a presionar el gatillo. En ese momento, empezó a sonar un teléfono móvil desde el interior de la americana gris del tipo. El tiempo se detuvo durante un segundo eterno. El Sr. López se quedó inmóvil. “¿Podría ser?”, se preguntó. Con su mano izquierda agarró el teléfono del bolsillo de la chaqueta del tipo. Miró la pantalla. Era un número privado. Decidió responder con cautela.
— ¿Diga?
— ¡Escúchame!, ¡Soy Dios, aborta el encargo, sal de ahí! —Ordenó una enérgica voz.
El teléfono cayó al suelo. El Sr. López se apoyó desconcertado sobre un armario cercano. Trató de explicarse el mensaje que había recibido. ¿Así se manifestaba Dios? No podía ser cierto. Pero, por otra parte, cómo explicar que, en el plazo fijado, se produjera esa llamada telefónica; un mensaje tan claro y evidente. Tras unos instantes observando su pistola decidió ponerle el seguro. Se dirigió a la adolescente.
—Tranquila no voy a hacerte daño —Con cuidado fue cortando las ataduras con una pequeña navaja que siempre llevaba consigo—. Ahora vas a quedarte sentada hasta que yo me vaya. Dejo esta navaja sobre la mesa para que, repito, cuando me haya ido, puedas desatar a tus papaítos —La adolescente le miraba petrificada.
Tras cortar las ligaduras de la joven se marchó con torpes pasos; pensando en cómo sería su vida a partir de esa tarde. La mujer, la hija y el tipo miraron su partida sin pestañear, abatidos en sus asientos. El silencio se adueñó de la casa.
La joven se abrazó a su madre. Las lágrimas de sus ojos se fundieron. La discusión de apenas un cuarto de hora antes parecía ahora un recuerdo de otra vida, protagonizada por otras personas que ya no eran ellas. Tras un infinito instante la joven quitó la mordaza a su madre y cortó sus ataduras, con la navaja que el Sr. López dejó sobre la mesa.
Una vez liberada, la madre volvió a abrazar, esta vez brevemente, a su hija. Entonces reparó en que el tipo continuaba amordazado y atado a la silla, en su comedor, con una herida de bala en la pierna.
—¿Y Ud. cómo ha llegado aquí? —preguntó con sorpresa mientras le liberaba las manos.
Sin embargo no fue gratitud sino ira lo que reflejaron los ojos del tipo cuando, una vez libre, se abalanzó sobre ella, aferrando su cuello con toda la fuerza que le daban la furia y el miedo que había acumulado en aquella tarde. La joven gritó “¡Mamá!” y se lanzó sobre la espalda del agresor, tratando de liberar a su madre. Pero el tipo en ningún momento aflojó su presa hasta que la mujer murió. El tipo se levantó apoyándose sobre una silla y se sentó en el sofá. Necesitaba reponerse de todo por lo que había pasado aquella tarde; precisaba comprender como, habiendo entrado en esa casa como verdugo había sido tratado como una víctima. Pero, sobretodo, quería comprender por qué seguía vivo. Recogió su teléfono del suelo. ¿Qué escuchó aquel chalado que le hiciera perdonarle la vida? Miró a la joven que, llorando, abrazaba el cuerpo sin vida de su madre. “¿Y ahora qué hago contigo?”, se preguntó.
Pese a la herida de su pierna logró llegar al coche, apoyándose a modo de muleta en un paraguas que encontró en el recibidor de la casa. Lo habían visto salir y pronto llamarían a la policía. Arrancó. Al cabo de un rato cogió su teléfono, tenía que confirmar la ejecución del encargo para el que fue contratado.
—“¿Dios?”, soy “Jesús”, “María” ya está en el cielo.
—¡No me jodas! —Se escuchó al otro lado del móvil—. Te he dicho claramente que abortaras el encargo porque, mi hija, me había llamado diciendo que su madre la había castigado sin la fiesta de cumpleaños de su amiga. Volvían a casa juntas …¡Dios mío!, ¡mi hija estaba con ella!, ¡¿Qué le has hecho a mi hija?!
El tipo sonrió. Entendió entonces la irónica casualidad que le hacía seguir viviendo, un simple mensaje en clave, en el momento oportuno, con el receptor equivocado.
— Su hija está bien, en el precio sólo constaba su exmujer.
Colgó el teléfono. ¿Acaso, lo sucedido esta tarde, fue una señal divina? ¿Podría tener algún sentido la absurda cháchara de ese loco? ¿Se puede definir un milagro por el número de causalidades que lo originan? Repasó los hechos y contó hasta cinco eventualidades absurdas que confluyeron para salvarle la vida. Mientras reflexionaba encendió un cigarrillo. Primero tenía que curar su herida. Después abandonaría definitivamente su profesión, eso sí, después de descubrir quién había encargado su muerte.



Excelente, me encantó desde su inicio y disfruté su desarrollo, buen final, mi voto…
Gracias Luís, me alegro que te haya entretenido. Un abrazo
La palabra adecuada es excelente, David. Me has tenido intrigado hasta el final. Yo de ti revisaría la propiedad intelectual de tu relato, da para una película. Felicidades y, cómo no, mi voto.
Vaya no me lo había planteado. De momento me basta con que tú y los demás me otorgueis el enorme honor que supone para mí vuestra lectura. Un abrazo
Buen relato
Gracias por tu lectura Orfeo. Un saludo
Buenísimo. No pude dejar de leerte.
Todo, todo, está excelente. Me encantó. El final increíble.
El voto ya lo había puesto.
Un gran abrazo
Mil gracias por tu lectura Lucia. Una enorme abrazo
Un relato que no se puede dejar de leer hasta el final.
Con mi voto mis felicitaciones,David.
Un beso..
Muchísimas gracias Maria. Eso es lo único pretendo en mis relatos: entretener y que la lectura sea amena. Un abrazo muy grande
¡Excelente relato David! El personaje del Sr. López está muy bien logrado y la tensión se mantiene a lo largo de la historia.
Sólo un detalle, que dentro de todo me hizo algo de ruido, el texto comienza con un narrador en tercera desde el punto de vista del Sr. López y se mantiene de esa forma hasta casi el final. Luego salta al otro tipo. Ese cambio, si bien es necesario para que la historia termine y podamos saber qué pasó, es medio extraño. Sólo eso…
Por lo demás la historia es muy buena. Mi voto y un saludo. ¡Es un verdadero gusto leerte!
Gracias Aquavioleta. Me gusta tu observación porque le he dado muchas vueltas. La historia es una pero los personajes son dos. Decidí utlizar la tercera persona por eso. Si me he planteado ese problema, en serio, pero después de dar mil vueltas no se me ha ocurrido otra manera. Otra opción era dividir el relato en actos o capítulos pero no me gusta en un relato. Cuando lo revise de aquí a un tiempo veré si se me ocurre otra forma. Muchas gracias por tu observación.
Me has sorprendido gratamente. Tienes telento, eso es evidente. Continúa escribiendo, pienso que naciste para ello. Felicitaciones. Sandra Legal
Apreciada Sandra, no sabes lo que agradezco tu comentario. Siempre he tenido ese gusanillo de contar historias. Espero no haber empezado demasiado tarde. Un abrazo
David es excelente, no puedo decir algo mejor que un trabajo muy limpio muy bueno mi voto.
Muchas gracias Mariana. Algo se pega leyéndoos. Un abrazo
Bravo, buenísimo, genial, “Tarantinesco” sin duda, brutal, me quedo sin adjetivos.
Gracias jberrioc, y sí, el relato está muy influido por las peliculas de Tarantino. Por eso he incluido la referencia a Pulp Fiction. De hecho lo he escrito escuchando su banda sonora. Gracias por comentar.
Estoy de acuerdo con todos, tú relato es excelente. Felicidades y mi voto.
Gracias, y no sé cuantas van, por tu lectura. Un abrazo
Excelente David, muy bien logrado. El relato te atrapa de inicio a fin. Mis felicitaciones.
¡Ah! Mi voto muy merecido y fuerte abrazo.
Me tocó llevarte a portada. Es un honor para mí.
El honor es para mí por tu lectura. Un abrazo
Un relato GENIAL!!!!! El desarrollo, el carácter del personaje, el ritmo, el suspense, todo muy conseguido. El único y mínimo defecto que yo sabría ponerle es la repetición en las acotaciones de los diálogos del nombre del personaje que habla. Sobre todo se hace innecesario en el monologo del señor Lopez con el tipo de la foto.
Mi voto y un abrazo.
Gracias Lourdes, sobretodo gracias por tu sugerencia. Lo he revisado y, en verdad, es innecesario repetirlo cuando está claro que es él quien está hablando. Miraré si se puede corregir. Por eso es tan bueno compartir. Gracias de nuevo y un abrazo.
¡Brillante, David! Vaya entramado, es buenísimo. Un hombre contrata a un asesino para matar a su exmujer, y este es abordado por otro asesino al que han encargado su propia muerte…¡genial! Suerte para él que Dios hizo su aparición jejeje…Aunque no tuvo la misma suerte la exmujer. Me encantó esta historia.
Un abrazo y mi voto.
Apreciada 1000Luna, Me alegra que la historia se entendiera. Es sin duda exagerada. Hace años escuché en una entrevista a un asesino en serie que cuando iba a matar una persona, ésta se puso a rezar sin consuelo. A ese asesino le gusto la idea de esperar que Dios le ayudara. Me pareció un acto de crueldad extrema, no solo quitarle la vida si no la esperanza. Pensé que tendría que haber aparecido Dios y darle un escarmiento. Este relato lo he construido a partir de esa idea, tratando de hacer mínimamente verosimil esa aparición. Sin que fuera real que entonces sería otro relato. Un abrazo muy pero que muy grande.
Impresionante, me has tenido sobrecogido todo el relato. Te felicito por todo: estilo, forma, fondo, ritmo….Ha sido un relato negro excepcional.
Muchas gracias por tu lectura. Un saludo
Si Tarantino hubiera leído esto, todavía estaría dándose coscorrones contra la pared por no haber incluido un pasaje así en cualquiera de sus películas. He disfrutado como un enano leyéndote, y, como siempre, me has vuelto a sorprender. Mi voto.
Un saludo, Señor Rubio (para usted, no el de Reservoir Dogs)
Apreciado Jeremias, creo que Tarantino se basta solo. Muy agradecido por tus palabras. Un abrazo
Muy buen relato, David. Felicitaciones y mi voto.
Gracias Vimon. Un abrazo
DavidRubio: vaya, amigo…. uf, llegué al final.. y por fin pude respirar…. uf, caramba, qué relato, excelente, dicen los compañeros.
Mi voto
Volivar
Apreciado volivar, Me alegra que el relato consiguiera dejarte sin respiración. Ese era su objetivo. Un abrazo
Excelente de principio a fin. Me has dejado sin palabras. A partir de hoy, me convierto en tu fiel seguidora. Enhorabuena, maestro.
Muchas gracias por tus palabras Amparo, espero no defraudarte. Solo te pido una cosa no sé si se ha grabado tu voto. Si puedes compruebalo. Un abrazo
ATRAPANTE…! Excelente de principio a fin…mi voto!
Gracias por tu lectura. Me alegra haberte atrapado mis relatos son un pelín largos trato de que por lo menos entretengan. Un abrazo
Me ha ENCANTADO tu relato, David. De principio a fin he disfrutado mucho.
Te dejo mi voto y un abrazo,
Nicolás
Muchísimas gracias por tus atentas palabras y tu lectura. Un abrazo