-Buenos días, don Arcadio.
-Buenos, mi estimado.
-Nunca pensé que lo encontraría aquí, en una banca de la plaza de Sahuayo, puesto que muy pocas veces se baja usted de su tráiler –le dije, sentándome a su lado.
Era de complexión robusta don Arcadio, de unos 55 años de edad; con ojos tan vivarachos que parecía detective de los marines gringos. Tenía los dientes amarillos, pues fumaba cigarro tras cigarro.
-Me retiré de las carreteras –contestó-, y ahora caliento bancas en la plaza. Pero, ¡cómo extraño aquellos viajes! Trepado en uno de esos monstruos conocidos como trailers conocí todos los rincones del país! ¡Qué recuerdos, amigo, inolvidables! No había ciudad, pueblo o ranchito por donde no hubiera yo pasado, arrojándoles a los techos de sus casas el humo del escape. No existía paradero o comedor para choferes de vehículos cargueros, especialmente en las autopistas del sureste mexicano, donde las meseras no me recibieran con grandes muestras de alegría.
Y en el camino, ¡qué cotorreo armaba yo por el radio de comunicación con mis compañeros! Aunque nada más nos conocíamos por nuestros apodos. A quién le decíamos “Cuinique pardo”, a quién el “Terror de las putas”, pues no acostumbraba pagarles sus caricias; a mí me pusieron “Chancla veloz”, digo, humildemente, por aquello de que le metía zapato al acelerador con ganas.
Hace tres meses que hice mi último viaje. Ahora verás, amigo, te contaré:
-Muy de madrugada en Minatitlán había cargado yo petróleo crudo para llevarlo a la refinería de Tula.
Y no obstante de que en toda la mañana había corrido como alma perseguida por 20 docenas de demonios, a las cuatro de la tarde apenas cruzaba el puente de Alvarado, en el Estado de Veracruz, pues se me había ponchado una llanta perdiendo mucho tiempo.
Al pardear la tarde pasaba yo por la ciudad de Córdoba.
Poco a poco la noche fue acomodando sus estrellas en los agujeros de su negro manto.
Al lado del camino se destacaba, imponente, el pico de Orizaba.
-¡Bueno, bueno! –gritaba en el micrófono del radio de comunicaciones-. ¡Aquí Chancla veloz! ¿Algún hijo de puta me modula? ¡Qué poca madre, Liebre salvaje, pinche güey, responde, como una chingada! ¡Si hay algún pendejo que me escuche, que conteste, necesito cotorrear para espantarme el sueño!
Pero en la cabina solo se escuchaba el ruido del motor y el silbar del viento que salía del fondo del barranco, pues curva tras curva avanzada lentamente trepando la interminable cuesta del cerro de Maltrata rumbo al altiplano mexicano. El ronquido del motor era monótono y me causaba somnolencia.
-¿Y tú, Coyote ñango, dónde andas, pinche ojete? –Seguía gritando yo, micrófono en mano, pero ya no para que alguien me escuchara, pues había comprendido al fin que yo iba solo por aquel camino sumamente peligroso. Además me dominaba el sueño por no haberme comprado un pericazo en Córdoba.
Ignoro a qué horas llegué al valle más grande del país, pero eso era lo que menos me importaba, atosigado como iba por el hambre y el cansancio.
Ya había quedado atrás el petulante Pico de Orizaba, que parecía un gigantesco barquillo de nieve de las ferias mexicanas.
El cielo había sacado a lucir sus cabrillas, su triángulo y su arado.
A lo lejos noté que a la vera del camino con timidez brillaba una exigua lucecilla. Cuando llegué al lugar iluminado, me di cuenta de que era un paradero o restaurante para traileros; me salí de la cinta asfáltica y jalé el cordón del claxon para anunciarles a las muchachones mi presencia.
Antes de bajarme, me di una alisada de cabellos, me restregué los ojos, y muy girito enfilé mis pasos hacia el comedor de donde salía una música jacarandosa.
Empujé la puerta; entré; por un instante me deslumbró el resplandor de las luces, pero después de fruncir el ceño me adapté a la claridad.
-Qué algarabía reinaba en el lugar. Qué titilar de vasos rebosantes de cerveza o de refresco negro revuelto con brandy y con hilitos.
Después de que me reconocieron los presentes, con botella en mano de todas las mesas me llamaban, invitándome a “chupar” con ellos.
¡Qué alegría la mía al ver, después de muchos años, viejos rostros conocidos!
- ¿tú aquí, Azote del camino? ¡Tanto tiempo sin saber de ti! ¡Hola, Zorro apestoso! ¿También tú modulando servilleta en este lugar tan agradable? Pero olvidémonos de preguntas y respuestas y digamos salucita, de la buena!…. ¡Órale, hasta el fondo, mis chingones! ¡Y como dijo Hidalgo, le cae su puta madre al que deje algo!
Aún estaba oscuro afuera cuando los gallos lanzaron su primer canto desganado; en el restaurante poco a poco se fue calmando el alboroto; y si me preguntaras sobre mis compañeros, te diría que unos ya se habían ido, y que otros sobre las mesas descabezaban un profundo sueño; y en cuanto a las rorras, después de haber recogido platos y botellas de las mesas, se habían retirado a la cocina.
Asomándome por un vidrio de la puerta, después de escuchar el tercer canto de los somnolientos gallos acompañado con desguanzados aleteos, me di cuenta de que la aurora había cubierto a las estrellas; y que un vientecillo helado se metía por los resquicios de paredes y ventanas. Que el sol ya había barrido las sombras que la noche había olvidado debajo de los matorrales en el llano, y con pasos no muy firmes caminé rumbo a mi tráiler para dormirme un rato.
Me trepé al camarote, me metí al dormitorio y cerré la cortinilla.
Pero, no había transcurrido ni una hora, cuando me despertaron unos agudos claxonazos; saqué la cabeza y reconocí al Cuinique pardo, que desde su tráiler me hacía señas preguntándome que qué me había pasado.
-¡Quiúbole, Chancla veloz! ¿Te ocurre algo? – Me inquirió por el radio.
No, nada, nada; solo que era muy noche cuando pasaba por estos parajes y como me moría de sueño y no había probado bocado en todo el día, me metí a este paradero a descansar y a comer enchiladas y pozole.
-Pero, chancla veloz, la salida que hiciste de la cinta asfáltica tiene las características de una emergencia; las “morenas” están metidas en la arena.
-¡Qué emergencia ni que tu pinche madre, Coyote del demonio! ¡Me salí del camino pero para irme a cenar a ese restaurante que tienes frente a ti; lástima que tú no hayas estado, pues te hubieras divertido de lo lindo con las machachonas y con los compañeros. Había algunos que no había visto yo después de mucho tiempo. Y parece que el diablo les cargó la mano con el brandy y las cervezas, pues se emborracharon como nunca.
-¿Restaurante, dices, Chancla apestosa? ¿Aquí enfrente?
-Sí, allí mero; espera un poco, voy a bajarme.
Cuando nos dimos la mano, me quedé temblando a causa del pavor que de pronto se apoderó de mí al voltear a donde yo decía que estaba el restaurante o paradero de traileros.
-¡Ah, que mi Chancla veloz, siempre tan hablador y mentiroso! Has de haber soñado.
–Mi amigo parecía tan interesado en lo que le había contaba sobre el restaurante, sobre las putas y los compañeros, como si le estuviera dando a conocer los resultados de las elecciones para presidente municipal de Santiago Tangamandapio, en el Estado michoacano.
-Allí donde dices que estuviste anoche, mi estimado, sólo hay ruinas de algo que efectivamente fue un próspero y alegre paradero de traileros donde todos los choferes nos reuníamos para descansar, para quitarnos la sed con cervezas bien heladas y para mover el bote agarrándoles las nalgas a las putas. Tú no conociste este lugar porque aún no habías entrado a trabajar en nuestra empresa, pero para tu conocimiento te diré que hace dos años se quemó y, como ves, no lo han reparado.
Desde entonces y después de haber llegado a mi destino- concluyó don Arcadio-, no me he vuelto a trepar a ninguno de esos monstros con veinticuatro morenas que tragan kilómetros como locos, claro, en lo parejo, porque en las cuestas, solo saben ir rezongando a vuelta de rueda.



Estupendo, como siempre, Volivar.
Fiel a ti mismo, tus escritos tienen la cualidad de la charla cotidiana y la magia,
de poder hacerlo. Y un final de tipo fantástico, por lo menos los últimos que
leí¿Te llegó el Colón?
felicitaciones
mi voto
manuc
Aurora, te agradezco tu comentario. Te envío un saludo caluroso.
Volivar
Hola amigo.
Cumplo lo que ya te dije. Primero voto luego disfruto.
Excelente relato de ficción. Y una frase:
“Poco a poco la noche fue acomodando sus estrellas en los agujeros de su negro manto.”
Es genial.
Abrazo
Manuc: te agradezco tus palabras, y te informo que sí me llegó lo que me enviarte. Muchas gracias, lo he disfrutado.
Volivar
Richard: amigo, muchas gracias por tu comentario que me alienta a seguir con esto.
Yo, asimismo, me deleito con lo que tú publicas, porque es excelente.
Volivar
Excelente, como ya es habitual. Los apodos, magníficos. ¡Qué difícil es dar con los correctos y qué fácil lo hace, Volivar! Voto a tal.
Me encantan esos pasajes que retratas cargados de misterios muy presentes en la memoria colectiva. Además algunas frases en particular son magníficas. Disfruto leyéndote y releyendo algunos pasajes.
Gracias Volivar por regalarnos esos fragmentos de irrealidad tan palpable.
Fantástica historia volivar. Tan interesante e intrigante como de costumbre y a la vez con tan bellas frases, como la que apunta Richard, también a mi me ha encantado esa frase.
Un abrazo y mi voto.
Siempre con esa escritura por la que conozco el hablar de tu tierra, volivar. Un cuento de realismo fantástico de pura cepa. Mi voto
Bonita palabra desguanzado. Me gusta el relato. Enhorabuena¡¡¡
Volivar, que buen relato, no esperaba ese final, me llevaste como si fuera en ese trailer, lo disfruté.
Un abrazo amigo.
¡¡¡ AMIGO NO SE SI NOS HAYAMOS TOPADO EN OTRO LADO…NO RECONOZCO LA FORMA DE ESCRIBIR EXCELENTE CON QUE ESTA ESCRITA ESTA NARRACION…PERO FUE TODO UN AGRADO LEERTE…UN SALUDO VOLIVAR NOS SEGUIMOS….
Volivar: Como siempre un relato genial. Con ese hablar de la vida cotidiana que hace nos mas fácil poder crear en nuestra mente las imágenes de lo que estamos leyendo. Felicidades y mi voto.
Roro.
Excelente relato fantástico; tienes la habilidad de llevar al lector de la mano a vivir con intensidad las experiencias de los personajes.
Fantástico, amigo.
Un beso y mi voto.
Sencillamente magnifico
Volivar… Es un placer leer tus historias tan místicas, empapadas con descripciones de nuestro país… Lo interesante de leerle es que con cada palabra es posible ir imaginando cada cosa que pasa… a pesar de que es “de miedo” Me encanta! Gracias por compartir Maestro! Saludos desde el norte del país y mi voto!!
Maravillosa historia, Volivar, me engancha el ritmo que le das a la narración , el continente, el contenido pero sobre todo los personajes y opino como Richard y 1000Luna en que hay frases dignas de enmarcar. Te dejo mi voto.
Un abrazo.
Ereshkigal: un comentario muy agradable, que asimismo, es digno de tenerlo por ahí, a la mano, especialmente en los ratos de amargura, que no faltan.
Volivar.
(Una pregunta: ¿por qué eso de tu seudónimo, tan raro? Claro, ya lo sé, cada quien ¿no? Lo mismo pensarás del mío: Volivar, con V y sin acento en la i, lo que denota ignorancia).
Volivar
Irma, mi muy estimada amiga y compatriota (este último término me recordó al personaje “innombrable” de la política nuestra de non grata memoria), eso de “maestro” te aseguro que no va conmigo; yo aprendo o trato de aprender de los grandes; y tú para mí, eso eres, una gran poetiza. Porque escribir poesía, sólo pueden hacerlo los privilegiados por el mismísimo Dios; son los ángeles los que dirigen la mano del poeta.. Es por eso mi enorme admiración que ha surgido por tu poesía, que que me hace pasar ratos muy felices.
Volivar
Robert Goodrick: que tú me hayas leido, es un enorme regalo que recibo, y que aprecio más que las cosas de valor.
Volivar
Cenicienta literaria: amiga mía, muy querida: ¿has visto películas de Cantinflas, el cómico más popular del cine mexicano? Bien, al leer tu comentario, me quedo como él (cuando le dirigía la palabra una bella dama : “chiviado” ( como entre alegre y atarantado).
Un saludo.
Volivar
Roro: un placer leer un comentario salido de la pluma de tan bella dama; y al saber que te haya gustado mi relato, me alegro tanto que creo que es lo mejor que me ha ocurrido.
Gracias
Volivar
Democles: no, no nos hemos encontrado en otra parte (no he escrito más que en un periódico que dirijo en mi ciudad, y ahora también en esta hermosa red literaria); te agradezco tus palabras de aliento; voy a abrir tu perfil para deleitarme con tus publicaciones.
Volivar
El Moli: amigo, te aseguro que cuando publico un relato, de inmediato pienso si será de tu agrado o no… y si es de tu gusto, pues ya la hice, y me alegro.
Gracias, compañero (bueno, como que no va eso de compañero, porque, según el pueblo , “compañeros” sólo los huaraches y los… -¿Lo digo? ¡Lo digo!- los güevos, con perdón) un saludo afectuoso.
Volivar
Amigos es así como tu dices, “esos” son, además en mi país le dicen compañeros a los seguidores del ex presidente Perón.
Cesarpetto: gracias por tu comentario, que, viniendo de ti, adquiere un valor inusitado para este tu servidor y amigo.
Volivar
Lidyfeliz: gracias, amiga muy querida; te aseguro que “tú no cantas mal las rancheras”, es más, en esto de escribir, eres como una cantante de ópera: sublime, así de sencillo.
Volivar
1000Luna: Amiga linda, después de agradecerte que me hayas leído, deseo que notes que hoy por hoy no he cometido la burrada de quitarte ni una sola luna, porque, mi torpeza ha llegado a despojarte hasta de 900, lo que nada más no se vale.
Te felicito por la inspiración y el talento que muestras en tus publicaciones.
Volivar
Hola, amigo. Gracias a ti por compartir tus historias y sí, me di cuenta de que pusiste todas mis lunas
Pero con la belleza de tus palabras no importan las lunas que me falten.
Un abrazo.
Oscardacunha: para este amigo tuyo, esas palabras las tomo como inmerecidas, considerando quién es el autor: nada menos que alguien poseedor de un talento inigualable (así lo manifiestan tus numerosos comentaristas).
Volivar
Janial: Me he llevado un tremendo gusto al leer tu comentario alentador y de gran valor para mí. Te agradezco, y te doy a saber que leo todo lo que publicas, pues encuentro gran placer en ello.
Saludos
Volivar
El terror de las carreteras de noche. ¿Cuantos camioneros habrán sido testigos de fenómenos extraños? A saber, pero la historia refleja a la perfección una de esas muchas leyendas urbanas. Cómo siempre me ha ha sido un placer leerte, ya sabes que por aquí ando esperando cada uno de tus relatos, te doy una vez más mi enhorabuena y voto.
Zusions: te agradezco tus palabras, que me alientan a seguir escribiendo. Eres linda, una persona de nombres sentimientos que expresas tan maravillosamente en tus relatos y en tus comentarios.
Volivar
Es un lujo leerte.
saludos
Marazul: gracias. Palabras de valor inmenso, especialmente por venir de quien vienen.
Volivar
Felicitaciones, amigo Volivar, de verdad que manejas con maestria el habla popular mexicana y despliegas mucha imaginacion en tus relatos. Un abrazo y por supuesto mi voto.
Vimon: hasta hoy he tenido tiempo de abrir la red y de ver tu comentario que te agradezco, especialmente ahora que de nuevo me veo en problemas de salud de mi mujer. Caramba… estas penalidades, que parece que no tienen fin.
Un saludo.
Volivar