El último aliento
27 de Marzo, 2012 1
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15 de abril, en un almacén de los suburbios, 03:12

No había ni un alma en ese oscuro y húmedo callejón. Era de madrugada, y los escasos borrachos que viajaban sin rumbo fijo, tropezándose con la basura desparramada por doquier sobre la húmeda calle, no se atrevían, en un atisbo de lucidez, a adentrarse entre las destartaladas casas por miedo a terminar sirviendo de alimento a las enormes ratas que poblaban el lugar.

Sam respiró hondo, sintiendo el frío aire de la noche penetrar en sus pulmones, intentando relajarse. Los latidos dejaron de percutirle en las sienes como si de martillos se tratasen. Era la hora de su venganza… Debía serenarse. No podía dejar que su mano temblase al arrebatarle a su víctima su último aliento.

La puerta cedió con un leve chirrío que el eco hizo resonar por todo el vacío almacén. Estaba más oscuro que el exterior, apenas podía ver algo gracias a los rayos que la luna proyectaba entre los rotos y polvorientos cristales de las ventanas de la parte superior. Ante él se extendían numerosas hileras de estantes llenos de cajas medio deshechas por la humedad. Al fondo, un único foco de luz, y bajo el mismo, un hombre encañonando con su pistola a una figura amordazada en una silla oxidada.

Cada uno de los pasos que Sam daba se expandían como si fuesen ondas en un estanque. Sonidos sordos y huecos, uno tras otro, pisada tras pisada.

El hombre se dio súbitamente la vuelta y apuntó a la oscuridad.

-¿Quién anda ahí? - preguntó con voz serena, pero algo rota por unos nervios que no pudo disimular.

Sam continuaba acercándose, lentamente, paso tras paso, sin temer a la pistola que amenazaba con disparar ciegamente en busca de un blanco oculto en las sombras. Finalmente, con una sonrisa en sus labios, salió de la oscuridad y se encaró al hombre armado.

- Vaya, pretendías vengarte sin mí, Jeff- espetó con un deje irónico en su voz.

Éste mostró una mueca de sorpresa.

- ¡Joder! Me has asustado -soltó mientras bajaba el arma, claramente más relajado.- Verás… no está bien visto que un poli vaya por ahí “ajusticiando” gente, y prefería hacerlo solo. Por guardar las apariencias y eso.

Sam borró la sonrisa de sus labios, y una expresión sombría se apoderó de su rostro. Con un movimiento salvaje se acercó a Jeff, le cogió del cuello de la chaqueta y gritó:

- ¡Era mi hermano!

- Si…, lo sé… -contestó con un hilo de voz; Sam le soltó y se dio la vuelta, apretando los puños-. Pero oye, ¿de verdad quieres mancharte las manos de sangre? - inquirió, gesticulando con el arma mientras apuntaba a la mujer de la silla.

Sam no contestó. Se acercó lentamente a ella, manteniendo la mirada fija en sus ojos azules, que le escrutaban desafiantes. Jeff, por su parte, enfundó su pistola y se apoyó sobre una mesa que se encontraba en la penumbra, tras la secuestrada.

-Jane Spencer -dijo de pronto éste, adquiriendo su voz un tono firme y solemne, típico de una sesión policial-. Es una chica mona, pero no te dejes engañar. En sus manos recae una de las células más fuertes de La Hermandad. Y… - añadió mientras se inclinaba para coger algo del otro extremo de la mesa y se lo lanzaba a Sam- tenía consigo esta PDA que posee toda la información sobre el medallón.

Sam echó un vistazo al aparato, el cual mostraba mapas de seguridad, información de rondas de guardias, posición de cámaras, detectores de movimiento, detectores térmicos… todo lo necesario para entrar en un museo sin ser visto y hacerse con el control de la seguridad.

-Vaya, lo tenían todo bien planeado.

-Sí, pero no lo hicieron tan bien limpiando sus huellas -afirmó el detective con una sonrisa en sus labios.

Devolviéndole la PDA, Sam se encaró de nuevo con la mujer amordazada, que parecía escuchar la conversación con cierto aire de desprecio en su rostro. Con un rápido movimiento de muñeca, apartó la gabardina y desenfundó un cuchillo de su cinturón. Deslizó el frío acero con suavidad por el rostro de su víctima, produciendo numerosos destellos en su recorrido hasta su cuello.

-Fue divertido volver a jugar a los detectives -comentó a Jeff sin apartar sus ojos de los de ella; comenzando a rememorar los acontecimientos que le habían llevado a esa situación.

 

2 días antes, en casa de Sam, 5:57

-Tiene un mensaje nuevo.

La mecánica voz femenina del contestador comenzó a reproducir los mensajes que había recibido durante su ausencia. Había sido una noche agotadora de trabajo, y ahora sólo pensaba en irse a dormir. Mientras se quitaba la chaqueta y la colgaba en el perchero, apretó el botón de reproducción.

- ¡Ey, Sam! ¿Cómo te va, tío?- la voz de Jeff sonaba ligeramente apesadumbrada, además del tono tétrico debido a la distorsión del aparato -. No sé muy bien como decirte esto… lo siento… Eric ha muerto.

Un sentimiento de incredulidad y dolor se apoderó de Sam, que se paró en seco en medio del pasillo, sin poder dar un paso más. Aguardó ahí unos interminables segundos hasta que volvió a oír la voz de Jeff.

- … Fue en una operación policial. Es complicado. Ven a Point View Street en cuanto puedas, te veré en el bloque de apartamentos de en frente de la cafetería. Te será fácil llegar. Y Sam… lo siento.

Sin ni siquiera dejar a su mente pensar, recogió de nuevo las llaves, se puso la chaqueta y se fue, cerrando de un portazo que hizo temblar la ya de por sí inestable entrada.

*****

Allí estaba, ante el edificio que había mencionado el mensaje. Jeff y Eric, su hermano, eran compañeros de trabajo en la comisaría. Ambos eran detectives, y de los buenos, lo que les llevó a realizar los casos más peligrosos, que solían incluir infiltración en organizaciones criminales, destapar el tráfico de drogas, desbaratar robos importantes… Todo ello lo hacían de incógnito y siguiendo sus propias pistas. Respondían lo justo ante sus superiores; realmente lo que buscaban éstos eran resultados, y ellos los obtenían.

Habían pasado años desde la última vez que habló con Eric… y ahora que estaba muerto, justo ahora, era cuando se preguntaba si de verdad no podrían haber solucionado las cosas. Al fin y al cabo, eran hermanos. Pero era tarde.

-¡Sam!

Una voz le devolvió a la realidad. Era Jeff, gesticulando desde lo alto de las escaleras de la entrada para adentrarse con él en el bloque. Se limitó a seguirle en silencio por el destartalado edificio abandonado, observando la desoladora escena. No había más que polvo, cristales rotos, pintura descorchada, suelo arqueado, tablones sueltos, jeringuillas usadas… un paisaje poco acogedor.

- ¿Has dormido? -le preguntó Jeff mientras le tendía un café-. Pareces cansado.

- No -gruñó Sam, que mientras caminaba se frotaba la sien derecha-. Y el dolor de cabeza me está matando.

- Tómatelo con calma, ¿vale?

Tras unos pasos más por el pasillo cruzaron el marco de lo que en otro tiempo debió de ser una puerta y, agachándose para sortear la cinta amarilla de “no pasar”, entraron en la escena del crimen. Había media docena de personas allí: tomaban muestras, analizaban los elementos del asesinato, hacían centenares de fotos a cada una de las partes de la habitación… hacía mucho que no participaba en esto.

- He conseguido que te dejen entrar -comentó Jeff mientras se giraba para ponerse frente a él-. Aún hay muchos que se acuerdan de ti. Y aún más que se preguntan por qué no volviste. Eras bueno.

Sam pareció no escucharle; se acercó al cadáver y se agachó junto a él. Estaba tendido en el suelo boca abajo sobre un charco de sangre. Su mano izquierda estaba atravesada por un puñal que se clavaba en el suelo. Por encima de su cabeza podía leerse escrito con sangre: La Hermandad.

-Hace mucho tiempo de eso -respondió de repente a su anterior pregunta, mientras examinaba con más detalle el cuerpo.- No era lo mío. ¿Qué se sabe del asesino?

Jeff se acercó a uno de los agentes que se encontraban en la habitación y le pidió una serie de documentos que pasó a mostrar a continuación.

- Observa -le dio una carpeta con datos sobre La Hermandad-. Tu hermano y yo estábamos siguiendo a esta organización criminal. Nos traen de cabeza desde hace años, y hace unos días recibimos un chivatazo de que iban a hacer algo gordo. Buscaban este medallón- según hablaba, Sam iba pasando las hojas pare ver los diferentes informes; en una página encontró una imagen de dicha joya-. Denominaron a la operación “Fuego del Desierto”. El medallón está incrustado de numerosas piedras preciosas, pero lo verdaderamente importante es el rubí central… el valor es incalculable. A eso se dedican: roban piezas de coleccionismo y luego las venden en el mercado negro. Te sorprendería saber la cantidad de gente que tiene una obra de museo colgada en su salón.

Sam escuchaba atentamente a su compañero mientras no quitaba ojo del rostro sin vida de su hermano. Su cabeza, boca abajo, permanecía ladeada sobre el charco de sangre que emanaba de su pecho. Parecía tener una mueca de tristeza en el rostro. Su corazón se contrajo.

- Eric… -continuó Jeff- fue el que debía infiltrarse. Tenía que ganarse la confianza del líder de la célula destinada a la operación “Fuego del Desierto”, y de esta forma averiguaríamos los planes del robo y podríamos adquirir valiosa información de la organización. Para ello llamamos a una serie de contactos, y conseguimos una cita con Jane Spencer, la líder de la operación. Pero algo no salió bien. Yo estaba tras el micro, asistiéndole en todo momento. Sin embargo, no le dio tiempo ni a hablar. ¡Nos la jugaron!- exclamó, al tiempo que pegaba un puñetazo al suelo.

Hizo una breve pausa mientras se ponía unos guantes y hablaba con uno de los encargado de fotografiar el cuerpo.

¿Has terminado? -inquirió al agente, el cual asintió y se alejó a una nueva zona; Jeff agarró el puñal y lo extrajo de la mano del cadáver-. Mira, ¿ves esto?- preguntó a Sam, mostrándole el arma; parecía haber un grabado, una serpiente rodeando un cuchillo dentro de un círculo-. Es el emblema de La Hermandad. Sabemos que fue uno de ellos quien mató a tu hermano. Guardamos bien nuestra identidad, La Hermandad no debería haber sabido quiénes éramos, por lo que el que nos la jugó tuvo que ser nuestro contacto. En cuanto al asesino… - continuó, pasándole unas fotos de una mujer- creemos que fue ella, Jane Spencer.

Sam seguía en silencio, pero la fuerza con la que sujetaba las hojas que le había dado Jeff delataba la irá que guardaba dentro. Su hermano había sido asesinado… y quería venganza.

- Deberías irte a descansar -dijo Jeff en voz baja.

Con una palmada en el hombro de su compañero, se puso en pie y se adentró en la escena del crimen junto al resto de los agentes.

 

15 de abril, 03:20

Sam daba vueltas alrededor del foco de luz, recordando los hechos, mientras acariciaba abstraído el filo de su cuchillo. Veía su rostro reflejado en él, un rostro ahora desfigurado por la ira, el dolor, la sed de venganza. Jugueteaba con el arma, saboreando el momento que tanto esperaba. Miró a Jeff y sonrió nuevamente, volviendo a recobrar la serenidad en su rostro.

- Es difícil descansar cuando tu mente no hace más que imaginar una y otra vez la muerte de tu hermano… -hizo una pausa en la que su mirada se perdió entre las sombras del almacén- y en cómo vengarte de la persona que le hizo eso.

Jeff permanecía apoyado en la mesa, sin moverse, escuchando atentamente. La mujer tampoco hacía ningún movimiento, resignada a su final, observando el peligroso jugueteo de su verdugo con el arma que le arrebataría la vida.

- No fui capaz de entrar en casa de Eric, por eso fui a tu despacho… -continuó Sam con su historia.

 

2 días antes, en comisaría, 11:23

Jeff entró por la puerta, sobresaltándose al encontrar a Sam sentado ante su escritorio, observando el techo con las manos en la nuca.

-¿Qué haces aquí? -preguntó Jeff extrañado; Sam no contestó, por lo que se limitó a cerrar la puerta-. No has dormido nada, ¿verdad? - hizo una nueva pausa que no recibió respuesta; Jeff sonrío-. Tengo algo.

Dejó caer sobre la mesa, con gran estruendo, unos documentos nuevos. Sam bajó la mirada y observó los archivos, pero aún parecía ido. Se puso recto, se frotó la cara y los cogió. En ellos aparecía información sobre un fragmento de un colgante.

- Debió de caérsele durante el forcejeo- añadió Jeff, apoyando ambas manos en la mesa-. El puñal no tenía huellas, sólo lo dejaron para reivindicar su crimen. Tampoco encontramos nada en el texto escrito con sangre. Pero… -parecía bastante excitado con su descubrimiento, porque se había incorporado nuevamente y ahora deambulaba por el despacho- en el colgante sí las había. No tenía previsto que sucediese eso, y no estaba limpio. Recogió todos los fragmentos pero se dejó uno entre los pliegues de la ropa de su víctima.

-Vaya, Jeff - soltó Sam con una amplia sonrisa dibujada en su rostro-. Nunca dejarás de sorprenderme.

-Voy a pasar por el laboratorio a recoger los resultados y veremos si fue ella. Eh, Sam -añadió cuando ya estaba a punto de cerrar la puerta tras de sí- ya la están buscando. La cazaremos.

 

15 de abril, 03:25

- Al final resultó que las huellas sí eran suyas- dijo Jeff, mirando con indiferencia a Jane Spencer, que apenas había cambiado la mueca de desprecio de su rostro.

Sam se acercó a ella nuevamente, esta vez sin cuchillo. Puso los brazos a ambos lados de su cabeza, apoyándose en el frío y oxidado respaldo de la silla. Sostuvo su mirada unos instantes. Con un leve impulso se separó de ella y se dirigió a la mesa. De ella cogió una fotografía y la lanzó al suelo, en medio del foco.

- Timoty Peterson - dijo Sam con un tono frío, lo que hizo de la sonrisa que se dibujó en su rostro una mueca macabra-. No sabía que fueses tan duro con los interrogatorios, Jeff.

- Era algo personal. Y los de arriba sólo querían resultados, ¿no?- respondió, lanzándole una mirada cómplice a su compañero-.

 

1 día antes, en un bloque de pisos de la zona lujosa, 00:45

Jeff y Sam se encontraban ante la entrada de un lujoso piso de las afueras de la ciudad. Todas las paredes estaban hechas de mármol, las cristaleras eran enormes, las verdes y frondosas plantas se precipitaban en cascada por las barandillas. Las vistas desde el vigésimo segundo piso eran impresionantes, con el mar de fondo, iluminado por la luna.

Un leve susurro trajo de nuevo en sí a Sam. El detective le instó a que se situase a un lado de la entrada, le tendió una pistola y se apresuró a posicionarse para derribar la puerta. Con su mano comenzó una cuenta atrás: 3… 2… 1… De una patada ésta cedió con gran estruendo. Ambos entraron rápidamente y adquirieron posiciones de asalto, apuntando cada uno a un lugar estratégico, abarcando todo el lugar.

Oyeron el grito de una mujer al otro lado de una puerta. Jeff volvió captar la atención de su compañero, que le siguió en silencio. Una nueva patada, y la puerta saltó en medio de una lluvia de astillas. Se encontraron con un dormitorio. Había una mujer en la cama, tapándose con la manta mientras temblaba de miedo. No parecía haber nadie más. Jeff se adentró en la estancia aferrando firmemente su arma.

-¿Dónde está Timot… - no le dio tiempo a terminar la frase; un hombre fornido se abalanzó sobre él desde detrás de una columna.

Jeff recibió un fuerte golpe en el costado, y su arma salió despedida al otro extremo de la habitación, lo que produjo un nuevo chillido de la aterrorizada mujer. Una mueca de dolor se dibujó en el rostro del detective, pero no se amilanó, y con gran habilidad sujetó el brazo de su agresor y lo retorció como si de un muñeco se tratase. El hombre soltó un alarido mientras estiraba su cuerpo intentando reducir la tensión en el brazo. Jeff le agarró del cuello y estampó su rostro contra la blanca pared, que quedó cubierta de sangre. En esa posición, con su víctima sin poder separar los labios del muro, el detective comenzó su interrogatorio.

- ¡Nos tendiste una trampa! -gruñó entre dientes mientras apretaba más su mano entorno al cuello de Timoty.

-Joder, tío. Joder -sollozaba éste como podía- . ¡Me has roto la nariz!

Sam contemplaba la escena impasible. Había guardado el arma y se encontraba de brazos cruzados sobre el marco de la puerta. Un nuevo llanto llamó su atención. Era la mujer de la cama. Las lágrimas brotaban sin control de sus aterrados ojos, y se ocultaba bajo las mantas, acurrucándose ahora en una esquina de la habitación. Sam se acercó a ella lentamente, y ésta comenzó a replegarse aún más, girando el rostro y cerrando los ojos.

- Ven- susurro Sam, tendiéndole una mano.

La mujer abrió lentamente los ojos y le miró, aún asustada. Pudo ver el sereno rostro de Sam, y algo en su mirada la hizo tranquilizarse. No parecía que fuera a hacerla daño. Con una mano temblorosa aferró el brazo de Sam y, sujetando la manta alrededor de su cuerpo con la otra, comenzaron a caminar hacia el salón. La dejo tendida en un sofá.

- Quédate aquí- susurró de nuevo Sam con voz tranquilizadora-. No vamos a hacerte daño.

La mujer asintió enérgicamente con su cabeza, y Sam volvió a la habitación donde Jeff continuaba golpeando e interrogando a Timoty Peterson.

- ¡Vale, vale!- soltó éste, que estaba ahora cara a Jeff, observándole con los ojos muy abiertos y el rostro completamente ensangrentado-. Ella… Spencer me dijo que si esa reunión era una trampa me cortaría las pelotas, tío. Y me dio una buena suma por contarle vuestros planes.

Jeff le soltó, y su cuerpo cayó de bruces en el suelo. Intentó incorporarse, pero le fallaron las fuerzas. Con una mueca de dolor, comenzó a escupir sangre. El detective apretó con fuerza los puños y se dio la vuelta, pero no pudo aguantar su furia y soltó una nueva patada a su víctima en pleno costado. Éste comenzó a boquear, buscando recuperar el aliento que durante un segundo le había faltado.

- ¡Tu puto dinero le ha costado la vida a mi compañero! -espetó Jeff, pegando un puñetazo a la pared justo al lado del cráneo de Timoty-. Esto no ha terminado. Vendrás a comisaría y continuaremos nuestra charla.

Le ayudó a incorporarse de un tirón y le esposó. Al aproximarse a la salida de la habitación, Jeff y su compañero cruzaron una mirada. Sam asintió en silencio.

 

15 de abril, 03:37

Un atisbo de tristeza pasó por los ojos de Sam, pero lo borró rápidamente de su rostro cuando la voz de Jeff rompió el silencio que se había producido.

- Eric… -comento en un tono nostálgico- no era muy partidario de estos métodos.

La mirada de Sam volvió a perderse en la fría oscuridad que les rodeaba en ese húmedo y polvoriento almacén.

-No, él era demasiado buen tipo- susurró mientras su mente continuó recordando.

 

1 día antes, en el apartamento de Eric, 13:37

Sam había acompañado a Jeff a comisaría con Timmoty Peterson, pero les dejó ahí y fue al apartamento de su hermano. Dudó en un principio al aproximarse a la entrada. Su mano permaneció durante unos interminables minutos sobre el pomo de la puerta, sin saber si debía entrar. Finalmente giró la llave y abrió la puerta. Todo estaba a oscuras, salvo unos lúgubres rayos de sol que se colaban entre las persianas. Comenzó a andar por el pasillo… y los recuerdos afloraron a su mente.

Hacía mucho tiempo que no pasaba por ahí, pero aún recordaba cada palmo del apartamento. Al fondo del pasillo, a la izquierda, se encontraba el despacho de su hermano, donde pasaba la mayor parte del tiempo.

Se paró al llegar a la entrada, observando la habitación. Deslizó su mano sobre el marco de la puerta, y un recuerdo apareció ante sus ojos. Eric, su hermana pequeña y él. Parecían estar divirtiéndose, charlando alegremente, sin preocupaciones. Pudo ver el rostro de su hermana, sonriente, y las lágrimas brotaron de sus ojos.

Esa idílica imagen se borró súbitamente, y en su lugar apareció otra, estando únicamente Eric y él, discutiendo, como siempre. Tras el accidente de su hermana todo había empeorado. La relación con Eric era bastante difícil, ambos se culpaban del incidente, tanto a sí mismos como recíprocamente. Sus padres comenzaron a mostrarse más fríos, y Sam sufrió las consecuencias. Mientras su hermano luchaba por encontrar al culpable, él se refugió en su guitarra, algo que sus padres nunca le perdonaron.

Abandonó la policía, no era capaz de controlar su ira. Sus superiores le apreciaban mucho, pero no podían permitir que la paliza que había dado a un hombre culpable de un homicidio imprudente similar al de su hermana quedase impune, debían mantener el buen nombre del cuerpo. Le ofrecieron la oportunidad de irse, de buscar ayuda y posteriormente reintegrarse a su puesto, pero Sam nunca regresó.

Cuando finalmente murieron sus padres, Sam perdió el contacto con su hermano tras el funeral. Se ocultó en la parte marginal de la ciudad, y no volvió a saber nada de él… hasta hoy.

Dio un paso, después otro, y otro… Avanzó lentamente por la habitación hasta el escritorio. Allí vio una foto de los tres durante una navidad. Sonrió. Se sorprendía de que Eric aún conservase una imagen de esos momentos, de que pudiese sobreponerse al dolor de recordar a su hermana ahora que se había ido. Con la foto en la mano se tumbó en el sofá que había al otro lado. La contempló en alto, elevada sobre su cabeza, reflejando un tenue rayo de sol que conseguía filtrarse por el cristal y cruzar la barrera de polvo que inundaba la habitación.

 

15 de abril, 03:50

Sam volvía a tener el cuchillo entre las manos, y lo apretaba más fuerte que nunca. Su mirada continuaba en las sombras.

- Fue entonces cuando sonó el móvil -comentó en voz baja-. Me dijiste que Timoty había cantado, y que sabías dónde encontrar a Jane Spencer.

Se hizo nuevamente el silencio. La atmósfera era tensa. Había llegado el momento de la venganza. Sam se giró y caminó hacia la mujer. Al llegar a su lado puso el cuchillo en su cuello. Jeff no dijo nada, sólo se acercó a Sam y apoyó su brazo sobre el respaldo de la silla.

- Sabía que intentarías hacer esto sólo- continuó Sam, con la voz rota por la ira-. Pero… ¡¡¡Voy a reclamar mi venganza!!!

El gritó retumbó por todo el almacén, convertido en un rugido ensordecedor y multiplicado por el eco, helando la sangre de todos los presentes. Con un rápido movimiento realizó un tajo en vertical sobre su víctima… y todas las cuerdas cayeron al suelo.

Jane se levantó de un salto, soltando las cintas que apresaban sus muñecas. De un puñetazo hizo retroceder a Jeff, que se apoyó en la mesa, desequilibrado. Sin perder un segundo, y con un movimiento grácil, aferró el cuchillo que le lanzó Sam y, situando los brazos de su víctima detrás de la espalda, le puso el arma en el cuello. Los ojos de Jeff se abrieron de par en par, incapaz de entender lo que estaba sucediendo.

Sam se mostró tranquilo, con la mirada perdida en la oscuridad una vez más. Sin embargo, cuando miró a Jeff, sus ojos estaban inyectados en sangre. La mueca de desprecio que se dibujó en su rostro era aterradora.

Nuevamente sacó un arma de su gabardina. Era un puñal… y tenía el símbolo de La Hermandad.

- Fuiste listo al usarme para tu sucio juego, Jeff - espetó Sam con un tono suave pero amenazante-. Así, cuando lograses la información y acabases con Jane, yo no podría testificar en tu contra, porque había participado en tu misión de venganza. Estaría tan implicado como tú.

Sam comenzó a pasearse de un lado a otro, sin mirarle. Jane, en cambio, apretaba con tanta fuerza el cuchillo contra su cuello que un hilo de sangre comenzó a brotar de él.

- Sam… -intentó decir Jeff con un hilo de voz, asfixiado ante la presión que ejercía su captora, pero un nuevo grito de Sam le interrumpió.

- ¡¡¡CÁLLATE!!!- rugió al tiempo que le propinaba un puñetazo en la boca del estómago; no pareció importarle que el rostro de Jeff se contrajese de dolor-. Creo que nos subestimaste, tanto a mí como a mi hermano. Te contaré dos cosas que ignoraste. En primer lugar, cuando estuve en casa de mi hermano encontré un mensaje suyo -una amarga sonrisa se dibujó en su rostro-. Claro, él y yo habíamos perdido el contacto, ¿cómo iba a haber escrito algo para mí?. Además, yo ya no jugaba en vuestro bando, era un simple guitarrista -Sam no dejaba de moverse, apretando tanto sus puños que las uñas se le clavaban en la piel-. Pero te equivocaste. Es verdad que habíamos perdido el contacto, pero mi hermano descubrió tus sucios negocios, y me dejó pruebas de ello confiando en que investigaría su muerte.

- No… -volvió a intentar Jeff, recibiendo un nuevo golpe, esta vez en el rostro.

- Vi las fotos, no te molestes en negarlo. No era la primera vez que algo de esto pasaba. Seguíais la pista de organizaciones como La Hermandad, sin embargo los objetivos de mi hermano y los tuyos diferían. Tú no buscabas detenerles, sino robarles sus objetivos. Les tendías trampas, logrando que les acusasen injustamente de un asesinato que tú cometías. Como no teníais que responder de vuestros actos, lograbas libertad total para interrogarles, momento en el cuál adquirías toda la información necesaria.

En ese momento se paró, giró su rostro y miró a Jeff.

- Timoty Peterson… le compraste para que te siguiese el juego, como hiciste con tantos otros: Jimmy Evans, Amy Parker, Samantha Simmons… ellos eran los que en “teoría” jodían vuestros planes. Luego les interrogabas y admitían haber contado a vuestro contacto vuestra identidad para que la cita fracasase. Tú estabas limpio y ellos iban un par de años a la cárcel, pero a cambio recibían identidades nuevas y una buena suma de dinero.

El rostro de Jeff mostraba verdadero terror, aderezado por la ira que se apoderaba de su cuerpo.

- Pero Eric te descubrió en uno de esos enlaces con una organización, y también supo que tú descubriste que sabía la verdad. Por eso me escribió ese mensaje. Sabía que le matarías en esta operación, pero aun así intentó convencerte para que lo dejases -Sam paró un instante, intentando apartar el rostro ensangrentado de su hermano de su mente-. Eric era demasiado bueno, tienes razón, y por ello perdió la vida. Pero no le subestimes. Estuvo investigándote a tus espaldas y… parece que tenías comprada gente incluso del laboratorio. Creo que la Dra. Lawson hizo un buen trabajo con la huella del collar. Falsa, pero realmente buena. Esa era la prueba definitiva para lanzarte a la búsqueda de Jane, ¿verdad? Tenías todo lo que necesitabas: un enlace que confesó haberle contado vuestra identidad, un cuchillo que tú pusiste ahí procedente de otro caso y la huella de la líder de la célula “Fuego del Desierto”. Un bonito cúmulo de mentiras. Ahora sólo tenías que hacerte con la PDA y podrías saber todo sobre el robo, incluido quién era el miembro que tenía que entregar el botín en manos de Jane, para así poderle interceptar sin levantar sospechas. Es una verdadera lástima en este caso no pusiese su identidad.

Sam metió la mano en su bolsillo y sacó de él el medallón. Los ojos de Jeff se abrieron tanto que a punto estuvieron de salírsele de las órbitas. Observó con horror como éste se balanceaba ante sus ojos antes de desaparecer nuevamente en la gabardina de Sam.

-Y te diré la otra cosa que ignoraste -continuó Sam en un susurro, acercando tanto su rostro al de Jeff que casi podía sentir el latido de sus sienes-. Ambos sabemos que Timoty no te dio la dirección donde se encontraba Jane. Mi pregunta es ¿quién crees que le dio a tu verdadero contacto el chivatazo?

Tras estas últimas palabras rodeó el cuerpo de Jeff con un brazo al tiempo que con la otra mano le clavaba el puñal en el corazón. Su cuerpo perdió las fuerzas, y Sam le sostuvo, tendiéndole con cuidado en el suelo. Una mueca de dolor se dibujó en el rostro de su víctima, que abrió la boca intentando encontrar el aire que le faltaba mientras su mirada se nublaba y su espíritu abandonaba su cuerpo.

- Ninguna muerte ha de ser en vano, es el lema de La Hermandad -susurró Sam a su agonizante víctima-. En algún momento de tu vida perdiste el camino. Espero que lo encuentres allá donde vayas.

Sam se levantó lentamente, sintiéndose sin fuerzas. Había vengado a Eric. Le había arrebatado la vida al asesino de su hermano… pero se sentía igual de vacío.

-Lo siento Eric… lo siento… Tenía que haber estado a tu lado…- susurró con un hilo de voz, mientras por sus mejillas resbalaban las lágrimas de la desolación; pero una sonrisa se dibujó en su rostro-. Ahora cuida de nuestra hermana.

Jane se acercó a él y le envolvió en su cálido abrazo. Podía sentir su dolor. Habían estado juntos en La Hermandad durante mucho tiempo, y siempre la había protegido. Era el momento de cambiar los papeles. Sujetó su rostro con ambas manos y le besó.

1 Comentarios
  1. Me encanta como vas cambiando del presente a los recuerdos que pasan por la cabeza de Sam, y ya ni hablamos del giro inesperado!!!
    Sigue así =D

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Espaa

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