Tenía los ojos cerrados. Comencé a mover mis extremidades levemente, de forma perezosa. Estaba en el sofá. Era lunes por la mañana y no tenía empleo. Abrí los ojos y una intensa fuente de luz proveniente de la ventana cegó mis ojos de forma momentánea. Cuando mis ojos se acostumbraron a la iluminación de la habitación, bajé la cabeza y pude ver entre mis piernas una botella de whisky, y encima de mi falda una caja de tranquilizantes. Recogí la habitación como pude y bebí un poco de whisky. No desayuné. Realmente, no suelo desayunar. Me fuí al baño y me di una ducha. La boca me sabía a vómito y tenía una resaca de mil demonios. Antes de meterme en la ducha noté que me corría un líquido por las piernas. Era semen. Debí haber pasado una buena noche, o quizá haber sido violada. No lo recordaba. Y en el fondo me daba lo mismo.
No tenía suficiente pasta como para vivir dignamente. Ni siquiera algo a lo que llamar un empleo. Así que esa mañana decidí salir a buscarlo. Si no obtuviera nada, me dedicaría a hacer la calle por la noche.
Salí de casa y entré en mi destartalado coche. Tardó en arrancar. El coche se quejaba contínuamente. No me estaban sentando bien esos sonidos por culpa de la resaca que llevaba. Cuando conseguí arrancarlo, me relajé. Metí la primera marcha y salí rápidamente de delante de mi casa.
Realmente no sabía que hacer. Me enteré de que en un bar estaban buscando a alguien para estar detrás de la barra. Tenía un poco de dinero, así que antes de llegar a ese bar decidí parar en otro que había de camino. En aquel bar, oscuro y de mala muerte, me percaté de que muchos hombres me miraban a mí con una combinación de lujuria y cierto desprecio. Me entoné en la barra, y tras ésto, comencé a calentar las braguetas de algunos de los babosos que había por el bar con mis encantos de mujer para luego, simplemente, irme de ellos. Me divertía. Me hacía reir ver a esos sacos de hormonas sudar con mis contoneos de medioborracha.
Salí del bar y volví a entrar en mi coche. Al conseguir arrancarlo conduje a la máxima velocidad que me permitiera conseguir ese trasto. Me dirigí al bar que ofrecía el empleo.
Entré. El bar era mucho más pulcro y luminoso que el anterior tugurio que visité. Había que preguntar al dueño para obtener el trabajo. En mi camino por encontrarlo, coqueteé con algunos salidos del bar mostrando mis encantos. Algunos durante el camino me sobaron sin ningún disimulo. No me importó y ni me inmuté.
Al fin lo encontré. Nos presentamos. Él se llamaba Luis. Y yo me llamo Ana.
Comenzó con una tanda de preguntas… que acabaron convirtiéndose en una entrevista de trabajo.
- ¿Tiene usted experiencia? - me preguntó.
-Como barman, o mejor dicho barwoman -dije y reí-, no tengo ninguna experiencia, pero fui cajera de supermercado en mi anterior trabajo, y por las noches era y sigo siendo striper.
Por un tiempo sí fui striper, pero desde hace dos años de noche soy prostituta. Por lo tanto le mentí.
Blá, blá, blá,… más preguntas. Me asediaba a preguntas. Yo era una mujer de treinta y cinco años, pero aún bastante atractiva. Tenía unos pechos grandes, bellos y firmes, poca tripa, unas piernas en la que clavan la mirada muchos hombres, y una cadera y un culo que enloquecerían a cualquier hombre. Yo lo tenía, y era consciente de ello. De cara yo no era perfecta, pero los hombres solían desear bucear en el interior de mi boca.
El dueño del bar era un gordo seboso. Probablemente con una mujer insatisfecha e infiel de la cual no veía ni las bragas. Era feo, feo de veras, y parecía necesitado.
La entrevista no parecía llevar a ninguna parte, se me acababan las posibilidades, así que cambié de estrategia. Yo llevaba una blusa púrpura con la botonera subida hasta arriba. Comencé a bajarla poco a poco desabotonándola mostrando un poco de escote. Parecía impasible. Bajé hasta por debajo del límite de los pechos, sin enseñarlos, mostrando el inicio de la tripa. Comenzó a ruborizarse y a tartamudear mientras inevitablemente bajaba su mirada a mis pechos. Luego bajé mi mano al límite de mi falda y tiré de él subiéndola, mostrando un poco las bragas. Ese pobre diablo entendió perfectamente lo que le quería proponer. Al finalizar la entrevista me dijo:
-Vamos a ultimar los detalles del contrato en mi despacho.
-De acuerdo -dije.
Me cogió de la mano y me metió en una salita, que me imagino era su despacho. Esa mole de grasa se abalanzó sobre mí y comenzó a besarme con excitación. Olía a grasa y a alcohol. Para ser el dueño del bar no parecía muy aseado. Bajó su mano por mi tripa, y metió la mano entre la falda y las bragas, buscando mi coño. Lo encontró y comenzó a frotarlo. Al poco rato le aparté la mano de mi coño, y me bajé al pilón. Saqué su polla de sus pantalones, erecta, y comencé a chuparsela rauda y veloz. Tenía un tamaño medio y parecía limpia. Surqué con mi lengua su polla, alternando esporádicamente con ligeras lamidas a sus huevos. El muy asqueroso se estremecía y gemía mientras convulsionaba de placer. Antes de que se corriese paré. Le dejé descansar, y al rato, sin que él se lo esperase, me abalancé sobre él, metí su polla en mi coño y comencé a subir y bajar rápidamente, de forma salvaje. La cara del gordo era un poema, salibaba y gemía como loco, no se lo creía, parecía un tipo con suerte. En una metida hice un extraño y noté que su polla se doblaba dentro de mi coño. Una mala sacudida. Antes de ver su polla el gordo gritó. La saqué. Sangraba. Al verla, se aterrorizó y me apartó rápidamente. Me llamó de todo. Tenía razón. En todo. Y del trabajo, me dijo que ni soñara. Salió corriendo, probablemente al Urgencias de aquí al lado. Me quedé en su despacho. Me masturbé mientras pensaba en algún método para ganar dinero por la noche. Me acordé de la prostitución. Y me corrí.



Aunque no me gusta demasiado el tema creo que el relato tiene buen ritmo, no se detiene en detalles superfluos y va al grano. Si se corrigen las tildes erróneas se leerá con más agrado. Enhorabuena y voto.
Excepto la temática, que en el fondo me esperaba que no fuera a gustar, probablemente, porque se malinterpretaría, creo que las tildes ya están corregidas. ¡Gracias por el voto!
Fernando V. Martins: en esta red exponemos temas literarios; es decir, narraciones o poesía que estrujan el intelecto; el tema de tu relato es sexual, y por lo tanto excita a la actividad hormonal. Las bellas artes literarias son algo exactamente lo contrario a la temática que publicas.
Saludos
(Volivar)
Aunque en cierto punto tienes razón Volivar, que es una novela de carácter erótico, también hay que tener en cuenta que es una mujer que lucha por sobrevivir a través de todos los medios de los que dispone, y ese puede ser incluso el sexo. Yo lo veo más como un reflejo radicalizado de la lucha por la supervivencia de una mujer que no tiene ni complejos ni normas morales. Y por lo que sé, este tipo de literatura se encuentra en escritores reputados internacionalmente como por ejemplo Bukowski. Bajo mi punto de vista no deja de ser una creación literaria y artística.
Un cordial saludo.
(Fernando V. Martins)