El señor no tiene intención de hacerse propaganda. Yo no necesito publicidad ni la necesita ningún otro avatar del Señor ¿Qué se atreven ustedes a divulgar? ¿A MÃ? ¿Qué saben de MÃ? Un dÃa dice una cosa de MÃ, otro dÃa una diferente. Su fe no se ha afirmado. Me alaban si las cosas marchan bien y me culpan si marchan mal.
S.S Sai Baba
Nunca fui tan católico más bien se podrÃa decir que siempre ponÃa en tela de juicio todo respecto a lo divino, digamos, un agnóstico a tiempo completo.
Pero como en la vida todo da vueltas, acepté una tarde del cinco de Mayo del 2011 , caminar. SÃ, caminar durante tres dÃas con sus noches hacia un pueblito desolado dónde reposa el santo de Huamantanga. ¿Por qué fui? ¿Why? Quizás la desesperación roja de mi amor, ese amor que voló con una promesa de volver. Quizás porque oà de los milagros que cumplÃa esa imagen divina. Entonces, con mi mochilita con algunos polos y chompas y jeans, empecé lo que serÃa los tres dÃas más agotadores de mi vida.
Eran las 10 de la noche no hacia tanto frio y habÃa tomado unos tragos de más, un cigarro colgaba desolado desde mi labio, éramos 15 personas, todos con linternas y con unos bastones hechas de caña que se vendÃan por cincuenta centavos. Unos niños con mirada tÃmida nos deseaban suerte en una caminata que pensé serÃa algo fácil para mÃ. Empezamos a caminar, era todo oscuro y las rocas se metÃan por la zapatilla, los perros callejeros ladraban, mientras los adultos contaban anécdotas sobre los milagros y la fe. Yo me fui con los más jóvenes, entre ellos mi primo un año mayor que yo, fuimos a paso raudo y rápido, cuatro horas caminando sin descansar, ya la borrachera se habÃa perdido por los aires frÃos y espesos y el aliento era terco, el polo estaba empapado de sudor y mis piernas estaban hipnotizadas. Descansamos en un campo desierto, no pudimos dormir, un chico estaba contando un cuento sobre supuestas almas serranas que deambulaban por esos lares, pasó sólo una hora y comenzamos de nuevo, yo repreguntaba por cuarta vez cuanto faltaba, y ellos me decÃan que poco, que era poco que aguante. Tres horas más tarde, llegamos a un lugar con carpas y más gente, tomando agua y descansado, Zokos, era el primer lugar para descansar y para tomar algo. El agua que vendÃan era agua caliente, necesitaba una Coca Cola helada, pero no vendÃan eso, sólo gaseosas calientes y sopas con carnero, me estaba arrepintiendo, pregunte cuánto me demorarÃa para irme de nuevo a Lima, Caminando, gritó uno, y me dijo que no hay vuelta atrás, echamos frazadas de tigres gruesas, y nos echamos para dormir, el aire era fuerte, como un torbellino helado, no podÃa cerrar los ojos, tenÃa la espalda empapada, tenÃa sueño y tenÃa hambre. Dormimos 2 horas y personas mayores con una fe impresionante despertaban a la gente para seguir caminando. Estaba exhausto, mis ojos estaban perdidos, querÃa dormir, comer, querÃa matar a alguien, sabÃa que mi fe no me habÃa llevado hasta ahÃ, que en realidad no sé qué cosa me guió hacia ese lugar, hasta ese viaje improvisto.
Pasaron 6 horas caminando con paradas cada diez minutos, era un cerro grande, con piedras resbaladizas. Por la tarde hacÃa mucho calor, y por la noche mucho frio. La segunda parada fue en un cerro, un cerro donde habÃa más gente. Estaba cansado con el tercer polo empapado, entonces me detuve mirando a cada uno, a cada ser, a cada persona que estaba caminando igual que yo y no se quejaba. Me llamó la atención un señor que tenÃa cargado a su hijito de unos cuatro años en el hombro, estaba feliz y radiante y el chiquillo aventurero estaba más feliz que su padre. HabÃa señoras de sesenta y cincuenta años, con mochilas rojas y azules con sus cañas ya casi rotas. Comimos algo pero no me gustó, dormimos 3 horas, no sentà el calor, y dormà como un niño. Me levantaron, y seguimos caminando. Cuanto falta pregunté, siempre preguntaba cuanto falta, cuánto más tengo que caminar. Poco, poquÃsimo, me engañaban para que no me rinda. Era un cerro más parado, dónde en cada esquina unas señoras vendÃan Chicha de Jora que yo compraba para menguar la sed. Mis ojos se cerraban y mi cuerpo no me daba más. A mitad del camino me propuse descansar más de la cuenta, ya no veÃa a aquellos que estaban conmigo caminando, empecé a caminar solo, hablando conmigo mismo, mirando a la gente caminando, niños de 10 años, que corrÃan como si eso fuera un juego divertido, querÃa tener esa energÃa. Mi torpeza hizo que subiendo casi me caiga por pisar mal una roca, una señora me ayudó con su mano arrugada y me regaló un Gaytorade, lo tomé lento y saboreándolo.
Seguà caminando y todos estaban en una especie de misa al aire libre, todos comiendo, abrigados a la esperanza de llegar lo más pronto posible. Dormimos más, eran las cuatro de la tarde y ya corrÃa un frio cortante. Me limité a ver como las ovejas caminaban y nos miraban, lentos, lentos muy lentos. Seguimos caminando, El rio, el rio, gritaban algunos, habÃa un rio muy limpio y puro, donde la gente se lavaba el rostro y el cuerpo. Hice lo mismo, me puse el polo negro en la cabeza y me lave, luego agarré mi caña y súper forastero, seguà caminando, hablando conmigo mismo, mirando a los demás adelante mÃo, apurados. Pasé todo el rio, luego un camino más pequeño lleno de pastos verdes me daba la bienvenida, en la puerta de ese pueblo chiquito, la gente nos daba la bienvenida, nos daba las gracias, y yo me sentÃa realmente feliz, contento, alegre, no sé por qué. Descansamos en una casa muy bonita, donde nos invitaron de comer, era ya noche y comenzó el festejo. Todos tomaban ron con agua hervida caliente, era por el frio. A decir verdad hacia un frio que calaba la piel, tenÃa escalofrÃos, a pesar de mis tres chompas, dos medias y dos buzos súper potentes que me prestaron. Y, ahà estaban ellos, tomando, tomando, yo no querÃa tomar, sólo querÃa ver esa divina imagen. Los juegos artificiales no se dejaron esperar, fue un espectáculo muy bello, después la gente bailaba al ritmo de las dos bandas contratadas para dicho festejo. Me fui a dormir, a pesar que me rogaban porque me quede. No pude dormir, el frio era muy fuerte. Me desperté a las 6 de mañana, dispuesto a irme, a regresarme con una de esos carros que te llevaban a Lima de nuevo, seguÃan tomando. Estaban ebrios, extasiados por el licor, bailando con chicas también ebrias. Eso me decepcionó un poco. Un amigo que también caminó conmigo me prometió hacerme ver a la divina imagen en forma privada. Acepte, esperé afuera de la iglesia por horas. Él me hizo pasar, estaba ahà subiendo esas escaleras que tantas huellas debÃa tener, la gente arrodillada lloraba por aquel milagro cumplido o a punto de cumplir. Lo vi, esa imagen tan divina, por la que caminé tanto, casi lloro, era bello, sentà una impresión muy fuerte, muy chocante, mi corazón estaba acelerado, rojo, palpitante. Cerré los ojos y por primera vez en mi vida recé muy sinceramente, prometà volver caminando, si esa promesa iba ser cumplida si el pacto que hice con esa imagen serÃa cumplida yo volvÃa prometÃ. Y me fui con el corazón limpio y con esa imagen en los ojos de mi alma.
Y hace un año que pasó eso y como es fácil adivinar no se me otorgó la divinidad de ese milagro, esa promesa facilita y no volvà a ir este año. Ahora que ya no hay promesa por cumplir, creo que fue una promesa tonta. Volver tres años seguidos sà y sólo sà ella, esa mujer que ahora no está conmigo, porque está haciendo su vida con otra persona, volvÃa a mi lado lo más pronto posible para hacer una vida digna de un final feliz. Pero esa promesa no se cumplirá porque ella ahora está en otro lugar y no volverá, porque ahora está feliz. Y, quizás esté bien que esa promesa no se cumpla, al menos sé que está feliz por allá. Entonces, me duermo con la imagen del señor caminando tres dÃas seguidos cargando a su hijo y con el corazón pasmado al ver a esa imagen divina que muchos creen que es dios en su perfecto silencio en el medio de tanto frio en ese pueblito que se llama Huamantanga.



Eduardoflores: es hermoso el hambiente que narras; las peregrinaciones, con sus anécdotas, para ir a recibir la bendición de la imagen de algún santo, de Cristo, de MarÃa, también son una bella costumbre en estas tierras mexicanas.
En cuanto a cómo escribes, te diré, con buena intención, que aún debes corregir la sintásis; si hicieras esto, tus narraciones estarÃan plagadas de visitas. Por ejemplo, tu dices: “Me fui a dormir, a pesar que me rogaban porque me quede”. Y. creo que serÃa mejor: me fui a dormir, a pesar de que me rogaban que me quedase. Armonizar los tiempos de los verbos, y listo. El resultado: un escritor muy famoso. Ãnimo… sólo se necesita entusiasmo, ganas, que cualidades, inspiración y bellos conceptos no te faltan.
Atentamente
Volivar (Jorge MartÃnez. Sahuayo, Michoacán, México)
Gracias Volivar por tus comentarios y tu critica constructiva.
Muy bueno, reflejas bastante bien lo que una persona puede sentir en una peregrinación. Enhorabuena!
Gracias por leer Toramd.
Una bonita narración escrita con sinceridad y sensibilidad. Saludos literarios
Gracias Alca, por leerme. Saludos.