Su estómago daba saltos envolviéndolo en un remolino de sentimientos contradictorios. El calor asfixiante creaba una atmósfera espesa alrededor de Marcus, que se debatía en su fuero interno en una batalla que de por sí había perdido. Pensó en cómo el mar, inmenso y profundo, sereno y sabio perdía el control cuándo rompía contra unas rocas inamovibles. Él era el mar, desde luego. Pero, ¿cuáles eran sus rocas? ¿Qué era aquello que lo hacía perder el control pero por mas que lo intentaba, no conseguía apartar de su camino?. La respuesta era tan simple como compleja. Ella.
La temperatura alta era un aliciente que acentuaba la incompetencia de sus músculos, haciendo que cualquier sitio a la sombra fuese propicio para tumbarse un rato y acompasar la respiración que, aún sin darse apenas cuenta, perdía cada vez que su cabeza desobedecía la orden expresa de no pensar en ella.
“Pero cómo diablos no pensar en ella, si me tiene obsesionado. Maldita la hora en que me acerqué a ti… “- Su mente divagó en torno a ese momento y Marcus, fatigado ya de intentar ponerle freno a la tempestad, dejó que su propia memoria lo torturara.
La hoguera ardía plasmando su luz en la noche y su calor en los cuerpos de todo aquel que se había acercado a la playa de Agrelo. La noche del solsticio de verano, la mas corta del año, se celebra en un pequeño pueblo del Oeste de España la tradicional “Noche de San Juan”. El bullicio de la gente llenaba el aire con decenas de historias, anécdotas y diálogos mundanos que acallaban el crepitar de las llamas. El olor de la madera ardiendo atrajo a Marcus, le resultaba familiar. Siempre le había gustado el fuego, recordaba con nostalgia la chimenea de su hogar dónde, cada noche, se encendía un pequeño lumbre y él, hipnotizado por el bailarín de la chimenea, se acercaba mas y mas. Llegó a convertirlo en un juego de resistencia, “mas cerca…-se repetía cada noche- mas cerca…” Sacudió violentamente la cabeza espantando los fantasmas del pasado y se descubrió peligrosamente cerca de la hoguera. Las lenguas anaranjadas que bailaban en las llamas lo miraban desde arriba incitándole, cual demonio astuto, a dar otro paso e internarse en el mismo infierno, pero el raciocinio volvió de pronto a su mente, impulsado con la melodía mas perfecta que Marcus había escuchado jamás, haciéndole trastabillar en su apresurado afán por apartarse. Cayó sobre su espalda en la arena, mientras se concentraba en retener cuánto podía de la voz que lo había advertido del peligro. En un segundo se veía contemplando la inmensidad del cielo estrellado, que se abría sobre él. El vacío lo inundó y alivió su carga. Sintió una paz que no conocía, una paz verdadera y absoluta que lo abarcó. Sintió como por primera vez, el abrazo de una madre.
Su visión de cielo estrellado se vio entorpecida por el humo, que difuminó tan precioso cuadro. Sin embargo, la estrella mas brillante atravesó la nube gris y se acercó a Marcus, que aun trataba de encontrarle lógica a semejante sinsentido.
-¿Estás bien?.- La estrella tomó forma de mujer, su brillo era el dorado pelo que le caía como una cascada por el lateral de la preciosa cara marfileña. Miraba desde arriba a los ojos de Marcus, si bien éste notó su mirada en lo mas profundo de su alma y se levantó rápidamente, avergonzado de lo que pudiese encontrar el ángel. Pues eso tenía que ser, un ángel caído del cielo para librarle de la puerta roja del infierno con su melodiosa voz.- Te has acercado demasiado al fuego y te has desmayado.- La sonrisa blanca, perfecta, era permanente en su tez de rasgos ligeros, la luz de sus ojos era azulada como el océano que los observaba en ronroneo constante.
Nació en la boca del estómago de Marcus un ciclón imparable de emociones en ese momento, cerrándole herméticamente la garganta y evitando así cualquier respuesta comprensible. Balbuceó un tímido “gracias” y se apartó de tan bello ser, que reía ahora mirando en su dirección mientras recolocaba un mechón de su áureo cabello tras la oreja. La mente del hombre se perdió en teorías acerca de éste último instante durante el resto de ésa noche, y todas las noches venideras.



gran relato, imagenes y metaforas grandiosas
felicitaciones
sumo uno mas
buen dia
Ya tenia ganas de leer algo tuyo y me ha gustado mucho , al leerlo vas imaginando lo que cuentas. Sin duda, mi voto.
Un abrazo.