Me encuentro parapetado en el destrozado muro de la casa, recibiendo fuego del enemigo. El casco me produce un calor insoportable en la cabeza, el arma me pesa y la garganta me pica por culpa del polvo que hay en el interior del inmueble. Me veo solo y desesperado, el resto de mi compañía ha sido eliminada y ya no tengo contacto con nadie. Estoy solo ante el mundo, solo ante el peligro.
Sigo ubicado en el mismo maldito lugar con mi carabina m4 con mira holográfica. Un fusil de asalto con el que resisto como puedo las acometidas del enemigo que me tiene acorralado. La munición empieza a escasear. Voy a tener que ser muy preciso en mis disparos, porque cada bala perdida son unos segundos menos de vida. Escucho voces en un idioma que desconozco a nivel intelectual y no se que demonios dicen. No se que traman, no se nada. ¿Qué maniobra estará planeando ese maldito ejército insurgente?.
Asomo un poco la cabeza y escucho el sibido de una bala, ha estado cerca, pero he descubierto que el enemigo ha adelantado la línea de fuego. He contado como mínimo a unos diez soldados. Son civiles y militares sublevados que quieren echar al ejército invasor de su tierra. No comprendo el porque de ese odio desmedido hacia nosotros, estamos aquí para prestar la ayuda que necesiten. Aunque no me han adiestrado para comprender nada, solo para recibir órdenes y obedecerlas, pues yo tan solo soy un simple soldado que cumple con su deber al servicio del ejército y que combate por los intereses de su país.
Dejo descansar el fusil y ahora pruebo con las granadas M67 a las que les quito el pasador, y sacando el brazo por la abertura del tabique las proyecto contra la facción armada rebelde. Oigo gritos y quejidos al otro extremo. Gritos desgarradores de esos cabrones que siguen ahí y que van a venir a darme muerte. Me doy cuenta de que tengo los guantes rotos y desgastados, la batalla esta siendo tan dura que no se si voy a aguantar mucho tiempo sin ningún tipo de apoyo.
Una explosión, seguida de un dolor intenso. Esos perros me han tenido que enviar un proyectil muy potente y eficaz que ha destrozado casi toda la pared. Se ha desplomado encima de mí y me ha atrapado las piernas. Sigo solo y así voy a morir, luchando en una nación a la que jamás tendríamos que haber venido. No nos quieren aquí. ¿Cuántos de nosotros tenemos que dar la vida para que se den cuenta de las cosas?. O son estúpidos o tienen una venda en los ojos que les impide ver la realidad.
En la guerra. Diario de un soldado
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No encuentro recompensa alguna para las guerras, ni para aquellos que su vida en ella entregan. Solo encuentran abandono y la indigencia. Veteranos que arriesgan la vida y la salud en las numerosas guerras por todo el mundo.
“Y mientras se libran las batallas políticas, la cruda realidad para quienes regresan de la guerra es seguir combatiendo en su propia tierra”
Una narrativa propia para describir una cruel realidad. Un abrazo!