Entre las sábanas, si las sábanas hablaran: El Tuerto
16 de Junio, 2012 3
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Unas sábanas especiales dotadas de sentimientos y de voz ¿Qué nos contarían? Desde el aullido de un amante a un llanto de soledad, a una agonía o un buen chiste, imaginad estas sábanas metidas en un hotel……..Seguidme.
1-El tuerto
Delante de la puerta estaba con una rosa roja, una botella de vino espumoso y en su bolsillo muchos pensamientos, le esperaba una chica magnífica, sólo tenía que pegar a la puerta. Sonó débil, pero ella sonriente le abrió, estuvieron besándose sin tiempo en el sofá, las copas llenas de vino rojo cayeron al suelo, sabía que debía hablar con ella, o nunca podría disfrutar de aquella princesa de cuentos que el destino colocó en su camino. Paró en seco para decirle que la última vez que estuvo con una mujer hacía un mes, le había mentido, pero le rogaba terminar de hablar. Se quedó tan sólo, con sus hijos y sin su ojo, sin ir a trabajar su vida era un aleteo de un día tras otro. Con la confianza perdida cuando ella le abandonó, llevándose todo lo que había en el banco. De pronto la vecina rica y simpática se fijaba en él, era como salir de la sepultura, ya no era mayor, aun estando casada, nunca pasaba nada, pero veía como lo miraba, como le cogía del brazo, como se apartaba el pelo, mientras asentía con la cabeza a sus palabras. Una noche, le dijo que los niños querían quedarse a dormir, lo invito a tomar algo, mientras el tiempo transcurría tras ese algo venía otro algo más, ya nada se escuchaba en la casa, la noche tranquila, ella se lió entre sus brazos confesándole su separación, aquello era una farsa prometida a su marido por asuntos de negocios y esa noche fue suya, cada mañana mientras los niños estaban en la escuela lo volvía a ser, le pidió al cabo del tiempo mostrarse en público y ella no decía nada, recibía a su marido y sus amigos, cada vez que venían a España, perfecta anfitriona de su gran mansión, él le dio un ultimátum, o definitivamente estaban juntos o cuando volviera de Dinamarca, nunca volvería a estar para ella; de eso hacía un mes. Entonces apareció aquella mujer, esa chica que le hubiese gustado tener a su lado, como su compañera, hizo cuanto pudo por llegar a estar con ella, pero mintió, le mintió, multiplicó por cien, el tiempo que había estado sin nadie en su vida, un nudo se fijaba en su garganta. Ella lo miraba sin decir nada, no podía suponer que estaría pensando, admiraba la dulzura de sus ojos, pero vio algo. Aquella noche iba a ser especial, con su escasa pensión, compró la rosa, el vino espumoso del supermercado y condones rojos en oferta, igual los cuentos podían ser realidad, quizás aún tuviese tiempo. Ella estaba decepcionada, la vida había sido dura, él lo sabía, ella odiaba las mentiras, pero admiraba a los que les causaban nudos en el estómago, su confianza hacía el género masculino era escasa, pero ese hombre la miraba como si su corazón aun fuese capaz de guardar un retazo de inocencia. Se llevaron hasta las sábanas él uno al otro, donde él se maravilló de la suavidad de su piel y ella de la forma tan tierna de acariciar sus curvas, pero algo no iba bien, no podía, el nerviosismo, se paró a admirar a la mujer a la que fue incapaz de hacer suya. Durmieron abrazados, fue maravilloso, piel con piel, mientras las sábanas sollozaban tranquilas. Se fue temprano para que sus hijos no notasen su ausencia, mientras paseaba hacia la parada más cercana, decidió empezar de nuevo con aquella mujer dormida entre sábanas blancas y así se lo diría a su amante danesa, a la que sólo veía de lunes a viernes en horario escolar. Mientras envuelta por esas mismas sábanas, una bella mujer decidía cerrar su corazón al hombre de otra. A oírlo de sus labios, él en su despecho la hirió y ella se apartó, aquel ego de hombre rechazado no supo darle más tiempo. La vecina volvió y fue a hacerle su visita de siempre en horario escolar, aunque fue suya no la sintió, comprendió cosas hirientes y acabó con ella. Después de reflexionar, pidió perdón por su prepotencia y una segunda oportunidad a su chica favorita, quería amarla entre aquellas sábanas, quería soñar junto a ella, vibrar de vida con ella, pero tardó demasiado y otro, pasó cerca de su corazón y supo tener paciencia, ya tenía con quien compartir las sábanas. Su vecina seguía ahí para él, menos cuando su ex marido estaba de visita en España, cogió el teléfono para llamarla y a través de su único ojo fue capaz de ver absolutamente todo.
©Nuria González (Dama)
3 Comentarios
  1. ¡¡¡Gracias¡¡Feliz sábado desde el Sur del Sur

  2. Dama del sur: qué narración, amiga… la leí de reojo… es que… tú sabes… eso de tener a una bella mujer entre las sábanas y nada de nada… caramba… ha de ser terrible.
    Y estas cosas de la vida, tan ordinarias, tan comunes, las has pintado con bellos colores… lo que sólo logran hacer los artistas.
    Un saludo. y mi voto, querida Nuria, dama linda, mejor diría yo, que “Dama del sur”; caramba, no puedo comprender por qué del sur. En fin, son cosas personales, y debo respetarlas.
    Volivar (Jorge Martínez. Sahuayo, Michoacán, Mexico)

  3. Volivar, gracias nuevamente. Lo que ves es el trabajo de una Contadora de Historias, donde me ubique, cómo me llame, no importa las palabras saben volar……..y ahora han llegado a Méjico.

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