Raúl y Ricardo, jóvenes hermanos empresarios procedentes de Sudamérica recién llegados a Nueva York, estaban empeñados en poner un negocio de vaudeville. Habían ya visitado varios lugares de “table dance” y alguno que otro teatro de revista erótica, y después de conversar con gerentes, cantineros, porteros y hasta algunos clientes de dichos antros, llegaron a la conclusión de que el negocio que tenía entonces más probabilidades de éxito, era lo que en aquella época de los ochentas estaba tomando mucho auge en la Gran Manzana: una revista musical de travestis.
Los famosos “table dance”, donde las teiboleras ejecutan exóticas piruetas cogidas a un tubo de metal; caminan o bailan contoneándose eróticamente sobre la pasarela, recibiendo billetes en sus microscópicas pantaletas o se acercan a los clientes para ofrecerles una danza mas privada, con sentada en las piernas y todo; parecían ya haber pasado de moda.
En cambio, los espectáculos que ofrecían travestis –como se les llama en el medio a los jóvenes vestidos de mujer– tenían en aquellos tiempos una gran demanda, producto, tal vez, del agotamiento de los machacados “shows” que presentaban solamente mujeres.
Muy competentes en el mundo de los negocios nocturnos, los hermanos Raúl y Ricardo pronto obtuvieron los copatrocinios y el financiamiento necesarios, rentaron un teatro en la calle 88, entre la Tercera Avenida y Lexington, y comenzaron con las pruebas y los ensayos para montar su espectáculo.
Durante los ensayos destacó inmediatamente un joven que se hacía llamar “Esmeralda”, quien vestido de mujer y maquillado, bien podría haber concursado y ganado un concurso femenino de belleza, sin que nadie advirtiera su verdadero género. A pesar de que decía tener 18 años, no tendría en realidad más de 15. Los hermanos administradores coincidieron, sin ninguna duda, en que “Esmeralda”, a pesar de su corta edad, sería le estrella del espectáculo.
La inauguración tuvo lugar un frio viernes de noviembre de 1984, con un lleno total y un éxito sin precedentes en este tipo de eventos. De hecho, las entradas para las cuatro semanas previstas para la presentación de la “Revista Imposible” se vendieron con muchísima antelación. “La Bella Esmeralda” demostró con creces sus inigualables cualidades histriónicas cantando, bailando y contoneándose como nadie. Al final el público le aplaudió de pie, coreando su nombre.
Raúl, que era muy perspicaz, ya había advertido que un hombre maduro, distinguido y muy elegante, concurría casi todas las noches a disfrutar del espectáculo. La última noche Raúl no pudo resistir la curiosidad y sigilosamente se acercó a aquel misterioso caballero, que se encontraba de pie muy cerca del escenario, y como no queriendo lo saludó y comenzó con él una conversación:
– ¿Qué le parece el espectáculo, caballero?
– Bueno –contesta el hombre en un tono casi sombrío.
– ¿Guapas las chicas, no?
–Sí –dice el hombre con voz grave.
–Que bueno que vino hoy, porque es nuestra última noche.
–Lo sé –contesta el hombre con una voz cada vez más apagada, más sombría.
–La mejor es Esmeralda, ¿no?, muy guapa la chica…
–No sé –balbucea el hombre en una voz casi inaudible, como en secreto.
–Pues véala bien, amigo, porque ésta será la última vez que la vea. Mañana salimos de gira.
–Sí –asiente el señor, casi en un murmullo –y en ese instante voltea a ver a Raúl con una mirada profunda y los ojos cristalizados de lágrimas y le dice: Por favor me lo cuida mucho…es mi hijo.



Qué ternura que me inspiró, Vimón! Mi voto, por supuesto.
Gracias, Irene, por ese valioso comentario. Saludos.
Conmovedora historia, triste pero que bueno que el papá entienda a su hijo y no lo reprima, como muchos hacen. Aquí tienes un voto más y un saludo.
Gracias, Ana María, por tu visita y comentarios. Saludos.
Perfecto, Vicente, un canto a la tolerancia y el amor paternal, este tipo de relatos son los que deberían leer todos los jóvenes para hacer de ellos mejores personas en su edad adulta. Gran texto, felicidades. Un abrazo y mi voto.
Muchas gracias, Rafa, por tus oportunos y atinados comentarios. Un abrazo.
¡¡¡Jo-der!!. Tú también me has dejado sin palabres, Vicente. Buena historia para reflexionar. Un besote y mi voto.
Gracias, MAFALDA, por esa respuesta tan entusiasta. Un beso para ti.
Como siempre Vimon un abrazo.
Gracias, Omar, un abrazo para ti.
Para pensar mucho, sólo en sus zapatos se puede realmente juzgar esa acción del padre, excelente relato amigo, un abrazo
Claro que es para pensar, Rubén. Es una situación difícil, pero hay padres que llegan a comprender; no todos. Gracias por tu lectura y comentarios.
Tengo que discrepar, Rafa, creo que el texto de Vicente trasluce, sobre todo la dolorosa resignación del padre, y es natural, los padres no deseamos más que lo mejor para nuestros hijos y, tolerantes o intolerantes, receptivos o no, progres o conservadores, no conozco a ninguno que no se haya acojonado ante la posibilidad de que su hijo tenga una sexualidad distinta de la hetero. Después todo se entiende y se acepta, pero en el fondo, creo que siempre hay algo de resignación por el hecho de que le haya tocado a uno vivir la diferencia. Afortunadamente, poco a poco todos vamos cambiando y, fíjate, en una sóla generación la visión de la sexualidad ha evolucionado de la noche al día.
Saludos.
Muchas gracias, Jesanbo, por tu lectura y tus interesantes comentarios.
Magnífica lección de tolerancia, y así mismo, resignación ante situaciones que, no hace muchos años, convertían en marginados a personas, iguales a nosotros, pero con diferentes concepciones de la sexualidad. Afortunadamente en algunos países, por desgracia no todos, vamos asumiendo que en la diferencia está la realidad de nuestra especie. Los antiguos griegos y otras culturas supieron entenderlo muy bien, el mundo, después, ha sufrido la represión de los fundamentalismos religiosos y todavía hoy seguimos pagando esa factura.
Mi enhorabuena Vimon, por el artículo y por ese canto a la libertad.
Así es, amigo Oscar, por fortuna las cosas van cambiando. Gracias por tu visita y tus interesantes comentarios. Un abrazo.
Real como la vida misma. Eres bueno con la realidad. Se nota tu experiencia con las nimiedades !.
Como ves Vimon, ya estoy de vuelta por este territorio.
Gracias, Jose María, por tus gentiles comentarios, y que bueno tenerte de regreso por acá.
Gracias querido Vimon, he estado ausente por abundancia de problemas y preocupaciones pero me dispongo a escribir más. Un abrazo amigo !
Me has transmitido una profunda emoción con esta historia. Mi felicitación.
Me da mucho gusto, Mariav, haber podido despertar esa reacción. Gracias por tus comentarios.
Excelente, Vimon, me has hecho intuir el desenlace. Felicidades.
Lo que pasa es que tu eres muy intuitiva, Lu. Gracias por pasar por aquí.
A LA PORTADA VIMON Y CON UN MAGNIFICO ARTICULO LLENO DE GRANDEZA.
Muchísimas gracias, POETA, y un gran abrazo.
Como madre y mujer creo que me sentiría muy mal en una situación similar.
No quiero ser hipócrita al respecto, pero el amor a un hijo supera todo y así me pareció genial tu cuento.
Mi voto siempre contigo.
Un beso
Enriqueta
Coincido contigo, Enriqueta, no hay nada que el amor de los padres no pueda superar. Gracias por tus comentarios.
Impresionante Vimon, que fuerza tiene la última frase, te deja con un nudo en la garganta.
A mi también, Laura, gracias por comentar.
Tolerancia. Esa virtud tan difícil de practicar, no? Mi voto, Vimon
(en la última frase sería “asiente el señor”)
Tienes razón, mi Lidy. Gracias por tu visita y tu contribución.
Talentoso Vimon, este relato toca fibras muy sensibles , como
la paternidad, expresada en el amor, en el pesar, en la resignación y por qué no en un íntimo temor por el hijo.
Te felicito y mi voto
Sandra
Muy cierto, Sandra, gracias por tus amables comentarios.
Precioso, como siempre, Vimón. Gracias por escribir estas cosas tan bonitas.
Pues gracias a ti, Aurora, por leerme y comentar.
Los padres acaban aceptando todo excepto la desdicha de sus hijos. Algunos tardan más otros menos. Un abrazo Maestro.
Así es, David. Muchas gracias por tu visita y comentarios. Un abrazo.
Impactante y triste a la vez
Si, Team. gracias por pasar por aquí y dejar tus comentarios.
Vicente
Has sacado la ternura de donde menos la esperaba, Dios, ¡Eres impredecible!
Me encanta descubrir cada sorpresa que nos regalas con tus escritos, hermoso relato. Me dejo al final un remordimiento tremendo por las ideas que inicialmente me formule del misterioso caballero que observaba a “Esmeralda”!! Gracias por compartir, recibe de mi parte un afectuoso saludo, un beso y por supuesto… mi voto!
Gracias, Irma, por tu visita y tus estimulantes comentarios. Un beso para ti.
Me encantó la naturalidad del cambio que haces del narrador distante al principio al diálogo tan íntimo y personal sobre el final. Esa resignación y ternura que proyecta el personaje del padre hacia el final de la historia le da mucha profundidad. Me pareció verlo hablando frente a mí. Me gustó mucho. Un saludo.
Muchas gracias, lveratudelac, por leer y comentar. Saludos.
Historia narrada con maestría!!!!! Me encanto y un final tierno!!!!!!! Mi voto!!!
Muy agradecido, Potro, por tus estimulantes comentarios. Un abrazo.
Una dosis singular de ternura. Felicitaciones, Vimon.
Vaya para este artículo, mi voto♥
Gracias, Amilcar, por tu visita y comentarios.
Muy buena historia, conmovedora. Mi voto.
Que bueno que te haya gustado, Per, gracias por tu visita.
Excelente relato y muy bien llevado, es conmovedor, te mando mi voto…
Gracias, Luis, por pasar y comentar, saludos.
impresionante
) mi voto
Gracias por pasar, Alinuski, y dejar tu comentario…